“El Órgano y los otros instrumentos: criterios para el culto divino” (Parte III)

Les ofrezco a continuación la tercera y última parte de extractos de un artículo que se publicó en la revista “Actualidad Litúrgica” en su No. 204, correspondiente al bimestre septiembre-octubre del 2008.  Como ya anoté en la entrada anterior, hice una selección de los textos más importantes y que pueden darnos una luz sobre los criterios que debemos tener en cuenta al admitir un instrumento en el culto divino. 

En 1968 Pablo VI, al comentar un decreto del Concilio de Trento, recordaba que “no indistintamente todo lo que está fuera del templo (profanum) es apto para transponer el umbral”, y precisaba que “si no posee al mismo tiempo el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, la música – instrumental y vocal – se excluye de por sí de la entrada a la esfera de lo sacro y de lo religioso”.

Y en la Instrucción Liturgicae instaurationes de la Sagrada Congregación para el Culto Divino (5 de septiembre de 1970), dice:

“En efecto, aunque la Iglesia no excluya de la liturgia ningún género de música sagrada, sin embargo no toda música vocal o instrumental puede juzgarse igualmente apta para alimentar la oración y expresar el misterio de Cristo… Corresponde a las Conferencias Episcopales tomar determinaciones más concretas en esta materia, y, a falta de éstas, al Obispo de las diócesis dentro de su jurisdicción. Procúrese, además, escoger con todo cuidado los instrumentos musicales: sean pocos, adaptados al lugar y a la índole de la asamblea, favorecedores de la piedad y no muy estruendosos”.

A cien años del Motu Proprio, Juan Pablo II escribió un Quirógrafo sobre la música sacra, el 22 de noviembre de 2003… La cuestión de los instrumentos musicales que se pueden utilizar en la liturgia es abordada explícitamente en el No. 14.  Después de haber recordado la tradicional predilección acordada al órgano tubular, dice:

“… es necesario vigilar a fin de que los instrumentos sean idóneos para el uso sagrado, convenga a la dignidad del templo, sean capaces de sostener el canto de los fieles y favorezcan su edificación.”

S. S. Benedicto XVI , cuyo interés, cultivado desde siempre, por la música sacra, es bien conocido, en el Mensaje enviado al Emmo. Card. Francis Arinze, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, recordaba que:

“Es importante estimular la reflexión y la confrontación acerca de la relación entre música y liturgia, cuidando siempre la praxis y las experimentaciones, y permanecer en constante acuerdo y colaboración con las Conferencias Episcopales de las diversas naciones.”

Y en un discurso pronunciado con ocasión de un concierto ofrecido en su honor en 2006, el Santo Padre, después de haber recordado la impostación de la tradición polifónica, centrada sólo en el canto, sin acompañamiento de instrumentos prosigue de la siguiente manera:

Sor Beatriz Alceda dando curso de órgano en la Iglesia Alemana del Espíritu Santo“Una auténtica actualización de la música sacra sólo puede tener lugar en la línea de la gran tradición del pasado, del canto gregoriano y de la polifonía sacra.  Por este motivo, en el campo musical, así como en los de las demás formas artísticas, la Comunidad eclesial ha promovido y sostenido siempre a todos los que buscan nuevos caminos expresivos sin prescindir del pasado, de la historia del espíritu humano, que es también historia de su diálogo con Dios”.

Siempre es útil preguntarse ante todo cuál es el sentido y la función de un instrumento musical en una acción litúrgica…  No debe pasar inadvertido que en la liturgia, el instrumento musical debe responder al criterio de la “ministerialidad” requerida por la música en la celebración litúrgica…

El problema, antes de considerar el instrumento, tiene que ver con el tipo de música ejecutado, es decir, si ésta es apta o n para la liturgia: en realidad, es el género de música el que reclama un instrumento adecuado para expresarla.  Sabemos que cada género o estilo de canto tiene sus instrumentos propios: la canción napolitana exige la mandolina; la sevillana (la ranchera), la guitarra; la tirolesa, la armónica; la africana, el tambor… Así, un canto de tipo jazz necesitará instrumentos rítmicos, y uno inspirado en la música rock requerirá guitarras eléctricas.   Esto quiere decir que la elección de los instrumentos está relacionada directamente con el tipo y estilo de música…

Al estar al servicio del canto, en instrumento musical no debe atraer sobre sí mismo la atención de quien lo escucha sino más bien favorecer la escucha y la alabanza de Aquel que, invisible, habla y actúa mediante los signos sagrados… La predilección acordada al órgano tubular deriva del hecho que de su armonía se adapta muy bien para expresar la “coralidad” de las voces en una única oración, y también, por el hecho de que los compositores de música sacra la han compuesto teniendo en cuenta que fuera precisamente el órgano el que la tocaría y no otros instrumentos…  Las condiciones indicadas por la Sacrosanctum Concilium, es decir, que los instrumentos musicales sean “conformes o se puedan adaptar al uso sacro, convengan a la dignidad del templo y favorezcan efectivamente a la edificación de los fieles” tomados en su conjunto, pueden ayudar a estimar la admisibilidad o no de un instrumento dado.

Si un determinado instrumento está legítimamente admitido en el culto divino en un país, no por esto debe ser adoptado también en otros lugares…

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