Curso – Taller de Música Litúrgica, 2013

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Convocatoria

Curso – Taller de Música Litúrgica

26 – 30 de agosto de 2013

 

 A las R.R.M.M. Abadesas y Hermanas todas de los diversos Monasterios de la Unión de Contemplativas de la Arquidiócesis de México

Por cuarto año consecutivo, la Unión de Contemplativas de la Arquidiócesis de México, a través de su Comisión de Música y Liturgia CONVOCA a todas las Hermanas de los diversos Monasterios al Curso – Taller de Música Litúrgica, del 26 al 30 de agosto de 2013, que se llevará a cabo en la Iglesia Alemana del Espíritu Santo, ubicada en Botticelli No. 74,  esq., con Patriotismo, Mixcoac.

El tema principal de este Curso–Taller será:

El Canto en la Liturgia de las Horas

 

Para desarrollar este tema se abordarán las siguientes materias:

  • Ordenación General de la Liturgia de las Horas. (Importancia, Horas Litúrgicas, Elementos y Ritos).
  • Características de la música en la Liturgia de las Horas (Repertorio Litúrgico).
  • Principios básicos de solfeo y canto.
  • Principios básicos de tonos salmódicos tanto gregorianos como melódicos.
  • Principios básicos de armonía (sobre todo para quienes tocan algún instrumento, ya sea órgano o guitarra).
  • El Salmo Responsorial en la Eucaristía.

Para cumplir con el objetivo del Curso–Taller y para favorecer el aprendizaje de las materias les ofrezco las siguientes herramientas que ayudarán al mejor desempeño litúrgico–musical de las participantes en sus diversas comunidades:

  • Conferencias.
  • Prácticas de las diversas fórmulas salmódicas (modales y tonales).
  • Prácticas de las diversas opciones propuestas en la OGLH para el canto de las Horas Litúrgicas.
  • Técnicas de respiración y vocalización.
  • Prácticas de solfeo y canto en coro.
  • Ejercicios básicos de armonía.

La Cuota de recuperación del Curso–Taller es de $300.00 (trescientos pesos), por hermana. Esta cuota incluye el material sobre el que se trabajará  y se entregará el mismo dí

a del inicio de Curso–Taller (lunes 26 de agosto).  Por cuestiones estratégicas, favor de inscribirse mandando un correo electrónico a: sorbeatrizalceda@hotmail.com , con los siguientes datos:

El horario del curso–taller será como sigue:

9:00 hrs.          Llegada; avisos. Preparación de Tercia.

9:25 – 9:45       Tercia.

9:45 – 10:45    Conferencias en torno a la Ordenación General de la Liturgia de las Horas.

10:50 – 11:50     Principios de Solfeo / Principios de Armonía (a elegir).

12:00 – 12:20     Ángelus y descanso.

12:20 – 14:00     Coro (Técnicas de respiración, vocalización, solfeo y canto).

14:00 – 15:00     Comida.

15:00 – 16:15    Teoría y práctica de fórmulas Salmódicas (Modos Gregorianos y Tonos melódicos).

16:20                   Salida.

Clase de Armonía

EL CURSO–TALLER  ES PARA TODAS LAS HERMANAS, TENGAN O NO CONOCIMIENTOS O NOCIONES DE MÚSICA.  En la medida de lo posible sería conveniente que pudieran asistir las más que se puedan de cada comunidad para que aprovechen al máximo todas las herramientas que se les van a proporcionar para dignificar y ennoblecer las celebraciones litúrgicas de nuestras comunidades.

Si necesitan mayor información no duden en comunicarse conmigo.

Segura de contar con su asistencia y en espera de verlas pronto me despido de ustedes, asegurándoles mis oraciones y encomendándome a las suyas.

Fraternalmente,

Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

Coordinadora de la Comisión de Música y Liturgia de la UCAM

e-mail: sorbeatrizalceda@hotmail.com

Sor Beatriz Alceda y Mtro. Benjamín Paredes en clase

Karl Richter (Parte III – Conclusión)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

Con información de: Tobias Richter, Klaus Peter Richter y Klaus Lindemann, publicada en 2010.

 “Karl Richter” (Parte III)

Plauen, 1926 – Munich, 1981

Karl Richter 6

Desde el inicio, los festivales de Bach en Munich, organizados por Richter atrajeron muy pronto grandes audiencias no sólo de la misma ciudad sino del mundo entero.  Muchos de sus conciertos agotaban sus localidades aun antes de que fueran anunciadas.  Muchos de estos conciertos presentaban a Richter tocando solo.  Aun así, podía aparecer como un virtuoso organista o clavecinista por la mañana y dirigir un oratorio por la tarde.  Hubo quienes lo llamaban el ‘Horowitz del órgano’.  Además, también invitó a grandes artistas para tocar junto con él: Friedrich Gulda, Jean–Pierre  Rampal, Maurice André, Pierre Fournier y Enrico Mainardi.  Nikolaus Harnoncourt y su Orquesta de Viena y grandes cantantes como Dietrich Fischer–Dieskau también fueron invitados a Munich los últimos seis años de la vida de Richter.

Richter hizo incontables viajes a Estados Unidos, Canadá, la ex URSS, Japón y América Latina.  En todas las capitales y festivales de Europa, sus conciertos fueron considerados como algo verdaderamente especial, único e irrepetible, aun cuando su trabajo ya había sido documentado por más de cien grabaciones.  Rara vez hubo un ‘Kantor’ tan exitoso que se arriesgara tanto, ganándose de esta forma una muy alta reputación en todas partes.

Sin embargo, Richter siempre sospechó que no podría llegar a viejo.  Solía decir: “Solamente tengo un poco de tiempo”, cuando, ya cansado, se le preguntaba sobre su vida, una vida que había consumido todas sus fuerzas.  Era como una vela que ardía por ambos lados.  En 1971, Richter sufrió un ataque al corazón, justo diez años antes de su muerte prematura.  A partir de entonces su vida cambió dramáticamente.  Su casa en el Lago Zurich se convirtió en un lugar de refugio donde él esperaba poder recobrar sus fuerzas.  De hecho, allí solía retirarse completamente durante algunos días cuando los conciertos le dejaban algún tiempo libre.

Karl Richter 1Hacia mediados de los setentas, comenzó a tener serios problemas en la vista y la rápida pérdida de la visión lo llevó a una especie de sensación de pánico y de un terrible malhumor.  En el pasado, Richter había practicado todos los días en el órgano de la pequeña iglesia de Wetzwill.  Ahora, él tenía un órgano instalado en su propia casa, por lo que poco a poco se fue retirando de la vida pública.  Día y noche estudiaba nuevas partituras para el día en que no pudiera ver más.  Siempre fue desconfiado en creer lo que podría ayudarle una cirugía en los ojos.  Aun así, la operación de sus ojos fue un éxito.  La amenaza de ceguera parecía terminada pero Richter quedó marcado por la muerte.  La repentina muerte de su amigo Rudolf Kempe lo dejó profundamente abatido.  Se dice que hasta tuvo problemas de alcoholismo por su fuerte depresión.  El 15 de febrero de 1981 murió Karl Richter a la edad de 54 años de un ataque al corazón.  Su legado perdura hasta hoy en sus múltiples grabaciones y en el Coro Bach de Munich.  Cuando este gran director, organista y clavecinista murió, se dijo por entonces que el mundo de la música había perdido una de sus más grandes personalidades.

“Karl Richter” (Parte I)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

con información de: Tobias Richter, Klaus Peter Richter y Klaus Lindemann, publicada en 2010.

 “Karl Richter”

Plauen, 1926 – Munich, 1981

 Karl Richter I

Desde que comencé a abordar el repertorio para coro, órgano y orquesta, una de las figuras que me llamó poderosamente la atención y que para la obra de Bach es de obligada referencia, fue siempre Karl Richter.  Tal vez hoy muchos siguen cuestionando las interpretaciones de las obras de Bach que hizo Richter dada su fuerte influencia romántica, pero es innegable que a él le debemos el gran resurgimiento y profundo estudio de la obra de Bach que se dio en las últimas cuatro décadas del siglo pasado.  Además, a mi juicio, Richter sabía transmitir un no sé qué en sus interpretaciones que cualquiera, hasta el día de hoy, puede sentirse atraído y conmovido.  Él supo, como pocos, lograr tocar las fibras más íntimas de la susceptibilidad y de la religiosidad con las obras de un músico que prácticamente sólo componía para Dios: Johann Sebastian Bach.  Y esto, a mi parecer, le otorga a Karl Richter un lugar entre los grandes.

Richter perteneció a una familia sajona de larga tradición de músicos y compositores.  Esta tradición estuvo siempre asociada con figuras como Schütz, Bach, Händel, Mendelssohn, Schumann y Wagner, y que también produjo una floreciente línea de ‘Kantores’ y Organistas.  Karl Richter nació en Plauen en 1926, y su padre fue un pastor luterano.  Muy pronto atrajo la atención por sus excepcionales cualidades.  Formó parte del coro de la escuela que estaba por entonces afiliado al Dresden Kreuzchor.  Fue aquí donde su desempeño en la ejecución al órgano impresionó al viejo Karl Straube, que fue uno de los grandes músicos de su tiempo.  De hecho, Richter fue su último alumno.  Después de completar sus estudios con el legendario Günther Ramin, a los 23 años de edad, a Karl Richter se le dio el puesto de Organista en la iglesia de Santo Tomas en Leipzig, (donde Johann Sebastian Bach trabajó gran parte de su vida), y con esto se hizo de uno de los más prestigiosos puestos que cualquier organista puede tener.  Durante un viaje a Suiza con Ramin, Richter conoció en Zurich a su futura esposa, Gladys.  Después de ganar el ‘Concurso de Génova’, se mudó a Munich, y él y su familia vivieron allí por casi quince años.  Dio clases de órgano en la Academia de Música de Munich a la vez que fue ‘Kantor’ en la iglesia de San Marcos.  Poco tiempo después fundó el ‘Coro Bach de Munich’ y más adelante la ‘Orquesta Bach de Munich’.  Ambas agrupaciones lo acompañaron frecuentemente a lo largo de su gran carrera musical.

La primera aparición de Karl Richter en el Festival Bach de Ansbach en 1954 causó una gran revolución.  Su virtuosística interpretación de las ‘Variaciones Goldberg’ fue considerada escandalosa y sensacional a la vez.  Se decía que la música de Bach nunca había sonado así en Ansbach.  Dos años después, el joven Richter llevó a Ansbach su recién estrenado ensamble, el ‘Coro Bach de Munich’, que muy pronto fue considerado como uno de los más finos coros amateur en el mundo.  Munich era una ciudad católica estrechamente asociada a Wagner y a Strauss y la aparición y surgimiento de Richter la hicieron muy pronto vibrar intensamente.  Fue por entonces que las compañías de grabación más importantes pusieron los ojos en el joven artista.

La primera obra que Richter había escuchado en su infancia fue la cantata ‘Wachet auf, ruft uns die Stimme’, BWV 140, y a estas alturas, para  todo el bagaje de conocimientos de Richter, la interpretación de las obras de Bach sería prácticamente su única ocupación.  Sin embargo, él se describía a sí mismo como un músico sajón de gran tradición musical, queriendo decir con esto que él era capaz de dirigir las obras de todos los compositores, antiguos y modernos.  Fue precisamente esto lo que le permitió ser un músico igualmente talentoso tanto como organista, clavecinista, y director y así fue celebrado internacionalmente en estos tres campos.  Combinando estas tres disciplinas, Karl Richter adquirió una soberanía que proviene solamente de sus grandes dotes como instrumentista y de su excelente habilidad para analizar grandes partituras.  Visto desde esta perspectiva, Richter fue un músico universal.  Hoy en día, personas como él son excepcionales pero para  los músicos de los siglos XVII y XVIII, ésta era como regla básica.

Karl Richter 7Como apuntábamos más arriba, la obra con la que Richter hizo su gran debut en Ansbach, y  que como clavecinista, siempre defendió y promovió fue ‘Las variaciones Goldberg’.  Se dice que en innumerables conciertos y grabaciones él continuó descubriendo nuevos aspectos de la obra que ya de por sí representa un compendio del arte de las variaciones de la época de Bach.  La brillante ejecución al clavecín de Richter siempre atrajo la atención de sus compañeros.  De hecho, en uno de los Festivales Bach de Ansbach actuó junto con Yehudi Menuhin, por citar algún ejemplo.  Más adelante, Richter tocó las sonatas de Bach a lo largo de todo el mundo con Wolfgang Schneiderhan, Christian Ferras, Gerhart Hetzel, Henryk Szeryng y Leonid Kogan.  Como ‘maestro del clavecín’ en la tradición de Bach vemos a Karl Richter enteramente en su elemento en la música de cámara.  Siempre se caracterizó por dirigir desde el ‘continuo’ con gestos muy moderados mientras claramente sostenía todas las partes unidas.  Y todavía más: él era un brillante virtuoso en los ‘solos’ de las obras.  Las suites orquestales de Bach generalmente tenían este distintivo, así como en los conciertos de clavecín o en los conciertos de Brandenburgo.  Como ejemplo de este virtuosismo podemos citar el Concierto de Brandenburgo No. 5, y cuyas videograbaciones han circulado por todo el mundo…

Continuará…

“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma” (II)

 

Del 4 al 8 de febrero se llevó a cabo el XXXV Congreso Nacional de Música Litúrgica organizado por la Dimensión Episcopal de Música Litúrgica de México, DEMUSLI, y tuvo como tema principal: “El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”.  Se desarrolló en la Diócesis de Tlaxcala, en la Casa Fray Julián Garcés y el Seminario de la Diócesis de Tlaxcala, así como en la Iglesia Catedral de Tlaxcala, el Instituto Diocesano de Música Juan Pablo II y la Parroquia de San Pablo Apetatitlán.

Les comparto ahora, la segunda parte de la tercera Conferencia, presentada por el Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora de la Arquidiócesis de Colima.

 Espero les sea de utilidad.  Como les comenté anteriormente, la reseña se la dejo al Mtro. Rogelio Vázquez que amablemente nos la compartirá en las semanas siguientes.

“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”

Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora

CUARESMA “TIEMPO DE AUSTERIDAD” EN EL CANTO

No podemos olvidar que el tiempo de cuaresma es un tiempo penitencial; tiempo de austeridad, que se manifestará tanto en el ornato del templo como en el canto.

Esta austeridad hay que destacarla para que resalte más el gozo cuando se haga desbordante en la Pascua. Por este motivo, desde el comienzo de la cuaresma hasta la vigilia pascual queda prohibido adornar con flores el altar; no se recita ni se canta el Aleluya en ninguna celebración, incluidas las Solemnidades y las Fiestas.

En éste tiempo también se suprime el canto del Gloria. Sólo puede ser cantado (se recomienda que sea recitado para guardar la austeridad del tiempo) en la Solemnidad de San José (19 de Marzo) y de la Anunciación del Señor (25 de Marzo).

Los instrumentos musicales no acompañan «festivamente», sólo se permiten para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este tiempo es decir, acompañan «prácticamente», sirven para sostener la afinación del coro. (y del cantor).

Un detalle de la pedagogía maternal de la Iglesia es la excepción en todo este largo recorrido en la austeridad: El cuarto domingo de cuaresma, domingo Laetare (es decir, “Alégrate” por la proximidad de la Pascua), se permiten los instrumentos y el adorno discreto del altar con flores.

Tampoco hagamos sonar los instrumentos en momentos que son para el silencio, por ejemplo durante las ofrendas (mientras no se haga un canto apropiado), y mucho menos durante la consagración, que no se debería hacer nunca, de igual manera, es muy conveniente el silencio después de la comunión.

Durante la cuaresma, como en cualquier otro tiempo, debemos cantar, pero no debemos cargar de cantos la celebración. Demos oportunidades en este tiempo al silencio musical y a la austeridad en el canto.

En cuanto al uso de instrumentos para la Sagrada Eucaristía tanto en la Parroquia, seminarios y casas de formación, donde normalmente se emplean diversos instrumentos como la guitarra, panderos, claves, entre otros; conviene considerar el disminuir el número de instrumentos que se utilizan (durante la cuaresma), por ejemplo. Si se tienen 5 guitarras, usar solo 2. Restringir el uso de los instrumentos rítmicos como las claves, ¡Baterías!, y aquellos que se juzgue conveniente emplear, usarlos más sobriamente. La voz humana debe resonar en el Templo.

Otro punto práctico podría ser el omitir el “Canto de Salida” que en principio no es litúrgico.

Otro aspecto importante es potenciar las aclamaciones – a las lecturas, respuestas a la oración de los fieles, etc, – usar o emplear aquellas que encuadren más con la cuaresma, la del formulario III del acto penitencial – Con tropos apropiados – .

Por ejemplo la 2da.

  • Tú, que borras nuestras culpas:

Señor, ten piedad.

R.   Señor, ten piedad.

  • Tú, que creas en nosotros un corazón puro:

Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

  • Tú, que nos devuelves la alegría de la salvación:
  • Señor, ten piedad.

R.  Señor, ten piedad.

CANTOS ESPECIFICOS EN CUARESMA

Debemos poner mucha atención en la selección de cantos para cada celebración de acuerdo al tiempo Litúrgico. No es indiferente el hecho de preparar unos cantos u otros. Estos deben ser cantos específicos, de la misma manera que en adviento o en navidad; cantos que sean identificadores del tiempo en que estamos.

Cuando el grupo de liturgia organiza y selecciona bien una serie de cantos para la cuaresma está influyendo en los fieles (tal vez más que el sacerdote con su homilía). Tenemos que cambiar el repertorio y mejorar la oferta musical para nuestras comunidades.

No podemos contentarnos con cantar (como la mayoría de los domingos) Juntos como hermanos, Venimos hoy a tu altar o ¡Qué alegría cuando me dijeron!, como canto procesional de entrada; o el Pescador de Hombres o una espiga chamuscada por el sol (ya con tanta vuelta) en el canto procesional de comunión. A éstos los dejamos descansar un buen tiempo, pues ya tendremos ocasión de usarlos en tantos domingos del tiempo ordinario.

Como MINISTERIO, el del canto litúrgico es un servicio del cual debemos estar muy pendientes, vigilantes, y principalmente FORMADOS.

El Canto, (cuando no hay monición de ingreso) es la primera acción que litúrgicamente se realiza y debe disponer a los fieles al espíritu, al ánimo, de esa celebración… (Cuando caminamos por la calle y escuchamos que cantan las mañanitas? O cuando vemos que en alguna casa hay gente reunida escuchamos que cantan: entre tus manos?? Así mismo, cuando un fiel escucha un canto Penitencial, Eucarístico, Mariano, etc., le será fácil entrar en el espíritu de esa celebración, vivir y celebrar su fe.

La Iglesia tiene un acervo musical muchísimo muy rico, muy basto. Pero, haciendo conciencia en el ánimo de la Dignificación de las Celebraciones Litúrgicas, debemos purificar el repertorio eliminando aquellos cantos vacios de contenido, que no son propios para la liturgia, que no fueron pensados para ello y en su caso, organizar y diferenciar (con sano criterio, “expresado en el magisterio de la Iglesia”) los cantos para las celebraciones Litúrgicas, para las reuniones de catequesis, los cantos de Evangelización, los cantos de convivencia, cantos vocacionales, etc..

Como es sabido por la mayoría de los aquí presentes, el Documento Motu Proprio “Tra le sollecitudini” distingue tres géneros de música sagrada: El Canto Gregoriano, la Polifonía Clásica y la Música Moderna. Da la preferencia para los Oficios litúrgicos al Canto Gregoriano, al que califica de “supremo modelo de toda música sagrada”, por poseer en grado sumo las cualidades susodichas de santidad, bondad de las formas y universalidad. (Motu Proprio 1903).

Este documento, cede el segundo lugar a la polifonía clásica, especialmente a la de la escuela romana, que en el siglo XVI llegó a la meta de la perfección en las obras de Palestrina, y que en este periodo muchos otros compositores siguiendo la escuela Romana  produjeron  composiciones de excelente bondad musical y litúrgica; entre ellos: Cristóbal Morales, Tomás Luis de Victoria, William Byrd, Jacobus Gallus, etc. Esta polifonía clásica se acerca bastante al canto gregoriano y por esta razón mereció serlo.

Es, pues, deseo de la Iglesia que se haga de ella frecuente uso en las solemnidades religiosas, especialmente en las basílicas más insignes, en las catedrales y en los seminarios e institutos eclesiásticos, donde existen los elementos necesarios para su digna interpretación. (También debemos propiciarlos)

La Iglesia ha reconocido y fomentado en todo tiempo los progresos de las artes, admitiendo en el servicio del culto cuanto en el curso de los siglos el genio ha sabido hallar de bueno y bello, salva siempre la ley litúrgica; por consiguiente, admite también en el templo la música moderna, puesto que cuenta con composiciones de tal bondad, seriedad y gravedad, que de ningún modo son indignas de las solemnidades religiosas. Ha de cuidarse, empero, con gran diligencia que dichas composiciones musicales de estilo moderno no contengan nada profano, ni ofrezcan reminiscencias de motivos teatrales.

Ahora bien, no podemos apreciar o amar aquello que no conocemos… Por lo tanto, quienes conocemos un poco o quienes conocen más sobre la Música Sagrada, de la Música Litúrgica, tienen “tenemos” el compromiso de compartir e instruir a quienes solo tienen la voluntad. Sin duda, esto no es una tarea fácil, pero, si podemos aportar con nuestro granito de arena.

Tenemos así,  en el citado documento de Pío X, la siguiente regla de oro consignada: “Así pues, el antiguo canto gregoriano tradicional deberá restablecerse ampliamente en las solemnidades del culto, teniéndose por bien sabido que ninguna función religiosa perderá nada de su solemnidad, aunque no se cante en ella otra música que la gregoriana.”

El Papa Pío XII, después de poner en su lugar de preferencia para el culto litúrgico al canto gregoriano ya la música polifónica clásica, al igual que sus predecesores, escribe: “Esto no quiere decir que la música y el canto modernos hayan de ser excluidos en absoluto del culto católico. Más aún, si no tienen ningún sabor profano, ni desdicen de la santidad del lugar o de la acción sagrada, ni nacen de un prurito vacío de buscar algo raro y maravilloso, débeseles incluso abrir las puertas de nuestros templos, ya que pueden contribuir no poco a la esplendidez de los actos litúrgicos, a elevar más en alto los corazones y a nutrir una sincera devoción.” (Encíclica Mediator Dei).

 

El uso del órgano y del armonio.

El órgano, y en su defecto el armonio, es el instrumento oficial de la música litúrgica, y su misión es: acompañar la música sagrada, suplir el canto de algunas piezas, y llenar los silencios.

Las prescripciones de la Iglesia acerca del uso del órgano o del armonio pueden reducirse a estas tres reglas:
Se prohíbe en la misa del Jueves Santo, una vez terminado el “Gloria”; en todos los oficios litúrgicos del Triduo de Semana Santa, hasta el “Gloria” de la misa del Sábado; en el Oficio y Exequias de Difuntos.

Se permite, pero sólo como mero acompañante del canto: en los domingos y ferias de Advientos y Cuaresma y en todas las misas de Réquiem.

Tiene libre uso en todos los demás días del año, y en los domingos “Gaudete” y “Laetare” de medio Adviento y media Cuaresma.

La liturgia de este tiempo nos invita a la penitencia, por ende, la música debe ir de acuerdo a ese espíritu. El papa Pío XII quiso destacar este elemento al prohibir el uso de los instrumentos musicales en Cuaresma (De Música Sacra 81). Músicam Sacram 66 los permitió, pero sólo “para sostener el canto”, es decir, para acompañar las voces.

Cierro esta parte de nuestra charla diciendo que:

El primer convencido, convertido, instruido, confesado, predicador con el ejemplo…  debe ser “debemos ser” cada uno de nosotros los que prestamos un servicio específico a la Sagrada Liturgia, para tener la fortaleza de predicar con las palabras y convencer con el ejemplo. La cuaresma la podemos entender solo en función de la Pascua.

“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma” (I)

Del 4 al 8 de febrero se llevó a cabo el XXXV Congreso Nacional de Música Litúrgica organizado por la Dimensión Episcopal de Música Litúrgica de México, DEMUSLI, y tuvo como tema principal: “El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”.  Se desarrolló en la Diócesis de Tlaxcala, en la Casa Fray Julián Garcés y el Seminario de la Diócesis de Tlaxcala, así como en la Iglesia Catedral de Tlaxcala, el Instituto Diocesano de Música Juan Pablo II y la Parroquia de San Pablo Apetatitlán.

Les comparto ahora, en dos partes la tercera Conferencia, presentada por el Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora de la Arquidiócesis de Colima.

 Espero les sea de utilidad.  Como les comenté anteriormente, la reseña se la dejo al Mtro. Rogelio Vázquez que amablemente nos la compartirá en las semanas siguientes.

“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”

Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora

Después de haber escuchado las exposiciones anteriores, me pregunto: y ahora ¿qué voy a decir?

Esta tercera ponencia por su mismo título, pone de manifiesto que tratar de aterrizar o concretizar el trabajo propuesto por la DEMUSLI para este congreso.

Debo confesar que me intimida el ver entre nosotros personas con profundos estudios, vivencias y experiencia en este tema. Me alienta el deseo y la responsabilidad de compartir con ustedes un poco de lo que Dios me ha permitido vivir y aprender de muchos y con muchos de ustedes en este ministerio de la Música Litúrgica.

Propongo desmenuzar un poco lo que hemos querido expresar con este Tema, para luego presentarles algunas obras (quizás algunas conocidas por ustedes) que pueden ser de mucha utilidad para las celebraciones litúrgicas y otros momentos de encuentro durante la cuaresma.

EL ESPÍRITU

La palabra “espíritu”, se refiere sólo a la parte inmaterial del hombre. La raza humana tiene un espíritu, pero nosotros no somos un espíritu. Sin embargo, en la Escritura, sólo los creyentes, aquellos en quienes habita el Espíritu Santo, se dice que están “espiritualmente vivos” (1 Corintios 2:11; Hebreos 4:12; Santiago 2:26), así como los no creyentes están “espiritualmente muertos” (Efesios 2:1-5; Colosenses 2:13). En los escritos de Pablo, el “espíritu” era el eje de la vida espiritual de un creyente (1 Corintios 2:14; 3:1; 15:45; Efesios 1:3; 5:19; Colosenses 1:9; 3:16). El espíritu es el elemento que le da al hombre la habilidad para tener una relación íntima con Dios. Siempre que se usa la palabra “espíritu”, se refiere a la parte inmaterial del hombre, incluyendo su alma.

Alma, del latín Ánima, su significado lo expresaba su parónimo animus, cuya ubicación para los antiguos está la cavidad pectoral, de donde la sinonimia de las expresiones “in pectore e in animo” son algo así como soplo vital, una especie de hálito o brisa que al exhalarse implicaba la muerte. De ahí que “Amittere animam” significaba. “perder la vida”.  (Del Griego Anemos: viento, aire, soplo, sutil,).

MÚSICA

  • Es el arte de bien combinar los sonidos (vocales y/o instrumentales) en el tiempo. Utilizando los principios fundamentales de la melodía, la armonía y el ritmo.
  • El arte de las musas…
  • Una definición bastante amplia determina que música es “sonoridad organizada”
  • “El alma de los pueblos”, otros más bien se refieren a ella como “el lenguaje de los dioses”
  • El Canto, es el mejor de los instrumentos para expresar y transmitir aquello que pensamos, sentimos, deseamos, celebramos y vivimos.

LA LITURGIA

1. La Liturgia es “acción” del “Cristo total” (Christus totus). Los que desde ahora la celebran, más allá de los signos, participan ya de la liturgia del cielo, donde la celebración es enteramente Comunión y Fiesta. Catecismo de la Iglesia.

2. La Madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la liturgia misma y a la cual el pueblo cristiano “linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo. Catecismo de la Iglesia.

3. Se llama liturgia al culto público de la Iglesia, efectuado como Iglesia, en nombre de la Iglesia y en comunión con la Iglesia. Esta liturgia está integrada por una serie de ritos.

4. La práctica del Sacerdocio de Cristo.

5. Una vez expresado todo esto, podemos decir que: El Espíritu de la Música Litúrgica, es el arte de bien combinar los sonidos y silencios, que mueven, promueven, animan y disponen a la Asamblea (Incluido el Presidente y demás ministros) a vivir y celebrar su fe en los distintos tiempos que la Iglesia por medio del Calendario litúrgico nos ofrece.

LACUARESMA

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y tratar o proponernos cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir y seguir más de cerca a Cristo, su Evangelio.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, debemos arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos (creo que entre los músicos esto no se da). En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

La Constitución “Sacrosanctum Concilium” (nn. 109-110) considera a la Cuaresma como el tiempo litúrgico en el que los cristianos se preparan a celebrar el misterio pascual, mediante una verdadera conversión interior, el recuerdo o celebración del bautismo y la participación en el sacramento de la Reconciliación.

Cuaresma

 109. Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la palabra de Dios y a la oración, para que celebran el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dése particular relieve en la Liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo.

Por consiguiente:

a) Úsense con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la Liturgia cuaresmal y, según las circunstancias, restáurense ciertos elementos de la tradición anterior.

b) Dígase lo mismo de los elementos penitenciales. Y en cuanto a la catequesis, incúlquese a los fieles, junto con las consecuencias sociales del pecado, la naturaleza propia de la penitencia, que lo detesta en cuanto es ofensa de Dios; no se olvide tampoco la participación de la Iglesia en la acción penitencial y encarézcase la oración por los pecadores. Sacrosanctum Concilium. 

Penitencia individual y social

 110. La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser sólo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese la práctica penitencia de acuerdo con las posibilidades de nuestro tiempo y de los diversos países y condiciones de los fieles y recomiéndese por parte de las autoridades de que se habla en el artículo 22.

Sin embargo, téngase como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes el Viernes de la Pasión y Muerte del Señor y aun extenderse, según las circunstancias, al Sábado Santo, para que de este modo se llegue al gozo del Domingo de Resurrección con ánimo elevado y entusiasta. Sacrosanctum Concilium.

También al ministro del canto, el cantor, el coro o grupo juvenil, ¿Puede prepararse para la cuaresma para vivir y celebrar la cuaresma? Los seminaristas y de ahí para arriba…) o pensamos que este tiempo debemos prepararlo los sacerdotes, equipo de liturgia, cantor, etc., para que los “otros” se conviertan, se arrepientan, se confiesen, etc…

Durante el XXXI Congreso Nacional de Música Litúrgica en Celaya en 2009, en el Santuario de Atotonilco, tuvimos la experiencia y vivencia de una celebración litúrgica para la Reconciliación, con una catequesis introductoria para esta celebración, tema que desarrollo nuestro querido Amigo el Padre Alberto Aranda.

La Iglesia quiere que durante este tiempo los cristianos tomen (tomemos) más conciencia de las exigencias vitales que derivan de hacer de la Pascua de Cristo centro de nuestra fe y de nuestra esperanza.

Insisto, quienes realizamos este ministerio del canto, ¿tenemos el deseo de entrar en  la dinámica de este tiempo cuaresmal? O  ¿solo nos tienta un mero cumplimiento por estar ahí y no por participar de la celebración? ¿Cantar la misa o cantar en la misa?

Cantar la misa implica una preparación y disposición personal para participar y hacer participar por medio del canto (en nuestro caso) a la Asamblea, con aquel repertorio propio del Tiempo Litúrgico y de esa celebración.

Cantar en la misa, bien puede mostrar nuestra necesidad económica para hacernos de algunos pesos o que ya con estar ahí, cumplimos con el precepto. Cantamos lo que sea y como sea.

En este año de la Fe, bien cabe preguntarnos si, ¿vamos cantar en la misa por necesidad económica? o ¿cantamos la misa con la convicción vivir lo que celebramos,  realizando un servicio de manera decorosa, habiendo preparado el esquema adecuadamente y siendo medios por los cuales Dios se manifiesta? Creo que podemos y debemos ser conscientes del compromiso que asumimos como ministros del canto, para aportar a la participación Plena, Consciente, Activa y Fructosa de los ahí reunidos, y que desde luego es un servicio que debe ser remunerado, sin que sea este nuestro principal fin o nuestro primer pensamiento.

En este mismo sentido me atrevo a decir que, los coros profesionales, los cantores, organistas y grupos juveniles, comúnmente caemos en la rutina de cantar siempre lo mismo. Entre más misas cantemos el fin de semana mejor, si son bodas, ya no se diga… $$$… Me pregunto, ¿No estaremos lucrando con el culto? O ¿sinceramente preparamos cada una de éstas celebraciones? Me ha tocado empezar misas con 5 personas, ya en el aleluya somos 9 o 10 y en la comunión (si la homilía fue dedicada especialmente a los novios familiares o conocidos) quedamos solo 3 o 4 por que tenían otro hueso… Hueso???  Sí, es el nombre que damos a la celebración Eucarística, memorial de la vida, pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Una de las preguntas que a menudo hago a mis alumnos es: ¿Cuánto tiempo dura la misa? (les pregunto a ustedes también) o ¿Cuánto debe durar la misa?  Yo digo que la misa dura lo que debe durar. Dependerá desde luego de los ritos propios de cada celebración, si hay bautizos, matrimonio, ordenación sacerdotal, etc. Somos nosotros los que le damos a Dios en nuestro esquema ordinario (para que se escuche bonito) 1 hora los domingos, si es menos: mejor; si es más… el padrecito es larguero y quien sabe si volvamos.

Continuará…

“Cuaresma, camino hacia la Pascua del Señor”

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Del 4 al 8 de febrero se llevó a cabo el XXXV Congreso Nacional de Música Litúrgica organizado por la Dimensión Episcopal de Música Litúrgica de México, DEMUSLI, y tuvo como tema principal: “El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”.  Se desarrolló en la Diócesis de Tlaxcala, en la Casa Fray Julián Garcés y el Seminario de la Diócesis de Tlaxcala, así como en la Iglesia Catedral de Tlaxcala, el Instituto Diocesano de Música Juan Pablo II y la Parroquia de San Pablo Apetatitlán.

Les comparto una síntesis que realicé de la primera Conferencia, cuyo tema fue: “Cuaresma, camino hacia la Pascua” y que fue presentada por el Pbro. Lic. Miguel de Manuel Camín Garnica de la Arquidiócesis Primada de México.

 Espero les sea de utilidad.  Más adelante les compartiré otros temas expuestos también en este XXXV Congreso de Música Litúrgica.  La reseña se la dejo al Mtro. Rogelio Vázquez que amablemente nos la compartirá en las semanas siguientes.

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 “Cuaresma, camino hacia la Pascua”

  • La Cuaresma es el camino específico hacia la Pascua.
  • Todos somos herederos de un concepto de cuaresma, heredado sobretodo de tradición familiar y sociocultural.
  • Tal pareciera que el Año Litúrgico es el gran desconocido: todo se reduce a cuestiones superficiales o circunstanciales, tales como colores u oraciones específicas.
  • Hay que hacer un esfuerzo por entrar en el ámbito del Año Litúrgico con un espíritu renovado.
  • La Cuaresma es importante siempre en relación con la Pascua.
  • El Año Litúrgico se debe plantear con la Pascua en el centro y culminación del tiempo litúrgico.  El centro de todo el Año Litúrgico es el Triduo Pascual: Muerte, Descanso y Resurrección del Señor.  Todo este triduo es introducido con la Cena del Señor y se prolonga a través de los cincuenta días después de la Resurrección.
  • Cuando celebramos el Triduo Pascual estamos celebrando el cumplimiento y la plenitud del Año Litúrgico.
  • ¿Qué es la Cuaresma?  Es el tiempo de preparación para celebrar el misterio pascual.  Es un tiempo fuerte de escucha de la Palabra de Dios y de oración.  Es una etapa de profundización de los compromisos bautismales.  Es hacer un especial relieve de la Liturgia y de la exégesis catequética.  Es tiempo de ayuno y de penitencia pero con el fin de prepararse para la Pascua.
  • La palabra clave para entender la Cuaresma es: Preparación.  Es día de ayuno como forma de dar culto a Dios heredado de las antiguas tradiciones cristianas.  Como signo de este culto a Dios, es también la ceniza.
  • Los domingos son días de mucha importancia por lo que tienen su connotación especial.
  • La Misa Crismal es una de las grandes novedades del Concilio Vaticano II y que también se inscribe dentro de toda la preparación para la Pascua.
  • El Misal Romano y la Liturgia de las Horas en sus ediciones actuales y renovadas nos ofrecen una gran riqueza y estructura para la Cuaresma como preparación para la Pascua.
  • En la Cuaresma se tiene que enfatizar mucho la homilía, la predicación, los Ejercicios Espirituales, las celebraciones penitenciales.  (Se recomienda la diaria predicación, CdIC).
  • Hay siempre que destacar el aspecto austero de la Cuaresma.
  • Los cantos siempre deben ser conforme al espíritu del tiempo.  La fuente de inspiración será siempre el Misal Romano y la Liturgia de las Horas.
  • Se debe también revalorizar la importancia y la riqueza de los ejercicios de la piedad popular.
  • La cuaresma es una opción por las realidades que son verdaderamente importantes.  Los cuarenta días deben ser un espacio propicio para la Liturgia y su interrelación con la piedad popular.
  • La Cuaresma es un camino de luz que nos conduce directamente a la celebración Pascual.  La Cuaresma no es una unidad en sí misma aunque sí podemos dividirla en varias fases.
  • Así como colocamos ceniza en nuestras cabezas al inicio de la Cuaresma, se derrama agua sobre nuestras cabezas en la Resurrección del Señor.
  • La Cuaresma debe ser entendida, celebrada y vivida como un sacramento, es decir como un signo que representa la acción operante de Cristo, la anamnesis del misterio de Cristo.  La cuaresma es sacramento porque expresa una acción salvífica.
  • La cuaresma nos debe llevar a una unión con Cristo para una vivencia plena de la Resurrección.  Todos debemos ser catecúmenos en el sentido de que debemos renovar nuestra fe.  La Cuaresma nos ayuda en este esfuerzo y rehacer nuestro camino bautismal.
  • La cuaresma debe ser expresión de la oración de la Iglesia, imitando a Cristo en su oración con el Padre.  También la limosna es una expresión de la caridad y el ayuno una expresión de la mortificación.
  • Toda nuestra cuaresma debe ser cristocéntrica, es decir, nos debe tener con la mirada puesta en Cristo que asciende a Jerusalén.  Nos permite ser testigos de la muerte del Señor y sobretodo de su resurrección.
  • El ciclo A es el prototipo de lecturas específicas de la Cuaresma.
  • ¿Qué hacer en la Cuaresma?  La Cuaresma está dividida en cuatro fases:
  1. La Introducción a la Cuaresma:  La cuaresma inicia el primer domingo de Cuaresma.  El preámbulo es la ceniza.  Hay que tener en cuenta que todos los ciclos litúrgicos empiezan en domingo.
  2. El Inicio de la Cuaresma:  El Domingo I de Cuaresma y su prolongación al Domingo II.
  3. Desarrollo: del Domingo III hasta el Domingo V.
  4. Los días santos desde el Domingo de Ramos hasta el jueves santo a la hora de nona.
  • En la cuaresma se presentan los grandes acontecimientos de la historia de la salvación porque entramos en la dinámica del proyecto de Dios.
  • Los salmos, sobre todo los penitenciales, son esenciales en el vivir cuaresmal, además de ser material excelente para la composición de cantos cuaresmales.
  • La cuaresma es un camino de fe y de conversión a Cristo.  La escucha de la Palabra de Dios (Lectio Divina) es fundamental.
  • Un gran signo que siempre hay que destacar es la Cruz.  También la austeridad es un elemento pedagógico muy importante.
  • La figura de la Virgen María se nos presenta como escondida y silenciosa para con su Hijo, camino de la cruz, la que peregrinó en la fe.

CONCLUSIÓN

(Esta conclusión está tomada textualmente del texto que proporcionó el P. Camín al terminar la conferencia)

Hemos recorrido un tiempo litúrgico muy rico y amplio.  Esto apenas es un acercamiento; hay mucho en qué profundizar.  Que sea parte la propia vivencia del Año Litúrgico que cada uno debemos tener, para que éste deje de ser desconocido y nos hable al corazón con la gran riqueza de contenidos que tiene, de manera que la praxis celebrativa concuerde con el espíritu de la Iglesia con el que quiere que sea celebrado el año Litúrgico.

El Año de la Fe nos ayude por medio de la Cuaresma a cumplir lo que dice el Papa Benedicto XVI en Porta Fidei No. 7: “La fe sólo crece y se fortalece creyendo”.

“Requiem” de Wolfgang Amadeus Mozart (conclusión)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

 

“Requiem – Mozart” (conclusión)

 

Comienza, pues, esta última parte de la Secuencia, el conocido ‘Lacrimosa’ con una introducción hecha por las cuerdas imitando el llanto y el gemido de quien camina en el cortejo fúnebre con el corazón dolorido y abatido.  El texto no es menos intenso: ‘Día de lágrimas aquel día’.  De hecho, toda la pieza es un continuo correr de lágrimas que no se pueden contener.  Llama la atención cuando el coro canta la frase ‘qua resgurget ex favilla’, porque Süssmayr le coloca a cada sílaba un acorde comenzando desde notas graves, subiendo progresivamente hasta llegar al clímax de lamozart 1790 frase, aludiendo perfectamente al hombre que ‘resurgiendo del polvo’, desde lo más bajo de la tierra, será juzgado como reo.  Es por eso que todas estas frases, que se repiten y se repiten, se van sucediendo en continuas progresiones ascendentes, al mismo tiempo que va subiendo la tensión anímica hasta terminar en una especie de alarido; y de fondo, claro está, siguen las lágrimas desgranándose una tras otra.  Sin embargo, al llegar a la frase ‘huic ergo parce, Deus’, (a él perdónalo, ¡oh Dios!), tenemos la sensación de que hay una especie de pequeña tregua y que encuentra su completa paz cuando cantan tiernamente, la frase ‘Pie Iesu Dómine’ sin dejar las lágrimas de fondo y los contrabajos marcando el ritmo de la marcha fúnebre.  La frase final ‘dona eis requiem’ es tratada como una vuelta al principio, a las palabras ‘Lacrimosa dies illa’ con su respectiva variante para conducirnos a la conclusión que no es precisamente el descanso deseado.  Aunque esta parte es a la vez el final de toda la Secuencia, y a pesar de que el ‘amén’ final parece grande y solemne, los acordes cadenciales que nos conducen a la conclusión y el final mismo nos dejan en una especie de abatimiento y la sensación un desconsuelo profundo.  Me parece que Süssmayr nos deja entrever algo de su propio interior al tener que trabajar la obra inconclusa de su maestro: fibras íntimas que sólo la música es capaz de desentrañar y expresar.

Terminada la Secuencia sigue el Ofertorio.  No tengo muy claro si Mozart había decidido, desde que concibió la estructura del Requiem, dividir en dos partes el texto del ofertorio o fue iniciativa del propio Süssmayr.  Como haya sido, tenemos aquí el texto completo que luego dividiremos:

Domine Iesu Christe, Rex gloriae,

libera animas ómnium fidelium defunctorum

de poenis inferni et de profundo lacu;

libera eas de ore leonis,

ne absorbeat eas tartarus,

ne cadant in obscurum;

sed signifer Sanctus Michael

repraesentet eas in lucem sanctam

quam olim Abrahae promissisti

et semini eius.

Hostias et preces tibi, Domine,

laudis offerimus:

tu suscipe pro animabus illis

quarum hodie memoriam facimus;

fac eas, Domine,

de morte transire ad vitam

quam olim Abrahae promissisti

et semini eius.

..

Señor Jesucristo, Rey de la gloria,

libra las almas de todos los fieles difuntos

de las penas del infierno y del profundo abismo,

líbralas de las fauces del león,

que no las atrape el tártaro

ni caigan en las tinieblas,

sino que San Miguel, el abanderado,

las conduzca a la santa luz

que en otro tiempo prometiste a Abraham

y a su descendencia.

 Sacrificios y preces a ti, Señor,

en alabanza te ofrecemos:

recíbelas tú en favor de esas almas

cuyo recuerdo hoy celebramos;

haz, Señor, que ellas

pasen de la muerte a la vida

que en otro tiempo prometiste a Abraham

y a su descendencia.

El texto completo es del ofertorio, como ya habíamos comentado más arriba, pero en este caso respeté la forma que le dio Süssmayr (o en su caso Mozart) que es en dos partes bien diferenciadas aunque al final quedan unificadas por la conclusión que en ambos casos es la misma.  Comienza la pieza de inmediato con las cuerdas y las voces juntas.  La atmósfera que se nos presenta va muy a tono con todo lo anterior: llamas de fuego ardiendo sin cesar, angustia continua, gran temor al terrible Rey de la gloria, etc.  Tal pareciera que el alumno ha estado al pendiente de la pluma de su maestro.  Casi sin titubear, Süssmayr nos lleva por la misma tesitura de la Secuencia y no pierde oportunidad en repetir las imágenes que nos presentaba Mozart en las partes anteriores.  Como acabamos de explicar, tenemos desde el comienzo la atmósfera de las llamas continuamente ardiendo y que no dan tregua en todo el primer trozo del ofertorio.  Al momento de que el coro canta las palabras ‘Rex gloriae’ tenemos de nuevo el grito desgarrador que ya encontrábamos en el ‘Rex tremendae’ de la Secuencia.  El alumno de Mozart aprovecha la oportunidad de repetir frases que juzga importante resaltar, como es el caso del mismo ‘Rex gloriae’ o de la frase ‘de poenis inferni’.  Es curioso que precisamente esta frase ‘de poenis’ inferni’ nos produzca esa sensación de abismo por los saltos descendentes de notas que hacen las voces las veces que lo repiten y que terminen su frase ‘et de profundo lacu’ con una línea melódica completamente baja como reafirmando el ‘profundo abismo’.

Ahora, al hacer la siguiente petición, ‘libera eas…’ retomamos la atmósfera del principio pero ahora los acordes armónicos nos llevan directamente a las terribles fauces del león, con la consiguiente sensación de angustia.  Las siguientes peticiones se nos van planteando una tras otra, sin siquiera esperar a que termine una cuando ya se está haciendo la otra.  Los instrumentos están en constante movimiento, que, como hemos dicho, en casi toda la obra, nos hacen siempre referencia al fuego ardiendo.  Tenemos, enseguida, en una especie de pequeña fuga a cuatro voces (otro recurso aprovechado por Süssmayr), la petición ‘sed signifer Sanctus Michael…’ que en este caso la hacen los cuatro solistas.

Y al llegar a la frase ‘quam olim Abrahae promissisti’, hemos llegado al clímax tensional por lo menos de esta parte del ofertorio:  Süssmayr se aferra a la frase y la repite sin cesar una cantidad innumerable de veces sin siquiera permitirse un descanso.  En realidad es la única esperanza que queda: ‘la promesa hecha a Abraham y a su descendencia’, y Dios siempre es fiel a sus promesas.  Para la mentalidad de la época, era muy importante recordarle a Dios que un día hizo la promesa de conducirnos a la luz santa y que (por ser Dios), no puede dejar de cumplirla.  Y esa promesa es la que hace gratificante toda esta parte del ofertorio y que hace mucho más confortante el final solemne que tiene.  De hecho, este final nos abre otro panorama de diferentes matices a los que nos habíamos estado moviendo.  La siguiente parte del ofertorio que comienza con la frase ‘Hostias et preces’ ya nos pone en un ambiente más sereno, más esperanzador, casi tierno y muy confiado.  La oración que se hace es en realidad muy bella y no menos bello fue el trabajo de Süssmayr.  A mi gusto, creo que aquí es donde hizo gala de su habilidad como compositor, porque sin perder el hilo conductor del Requiem, logró hacer de esta parte una oración sublime, etérea…  Tal vez en el trabajo con los coros, los directores tendrían que poner mucho cuidado en lograr que se transmita esa misma sublimidad y que no se pierda en medio de las llamas de las otras partes.  La última frase, ‘fac eas, Dómine, de morte transire ad vitam’, sin perder su dulzura, nos da la llave que nos permite volver a la frase con que cerrábamos la parte anterior: ‘que en otro tiempo prometiste a Abraham’, y evitando quebrarse la cabeza, Süssmayr lo hace idénticamente a la parte anterior, con toda su infinidad de repeticiones, sin más complicaciones y para darle un final sensato a la sección.

La siguiente parte del Requiem es el Sanctus.  Toda misa de difuntos tiene Sanctus, Benedictus y Agnus Dei, como cualquier otra misa, por lo menos del rito católico.  Aquí, el trabajo de Süssmayr es grandioso.  Se abre inmediatamente con la palabra ‘Sanctus’, con el coro y los instrumentos en toda su potencia.  El texto es como sigue:

Sanctus, Sanctus, Sanctus,

Dominus Deus sabaoth.

Pleni sunt coeli et terra gloria tua:

Hossana in excelsis!

Benedictus qui venit

in nomine Domini:

Hossana in excelsis!

..

Santo, Santo, Santo,

es el Señor Dios de los ejércitos.

Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria:

¡Hosana en lo alto!

 Bendito sea el que viene

en el nombre del Señor:

¡Hosana en lo alto!

Como cualquier Sanctus de su época hasta las reformas del Concilio Vaticano II en 1965, el Sanctus estaba dividido en dos partes casi independientes y de hecho así se cantaban en todas las misas.  En la mayoría de las composiciones del Sanctus se trataba de buscar cierta unidad de una parte con la otra sobre todo al hacer las repeticiones del ‘Hossana in excelis’.  Sin embargo, hasta en esas partes podíamos encontrar cierta independencia entre ellas.  En esta ocasión me permití poner las dos partes seguidas: Sanctus y Benedictus, esto con la finalidad de mantener la idea general de esta parte de la misa.  En el Sanctus de este Requiem, todo es majestuoso; el color de la música es mucho menos sombrío que en la Secuencia o en el Ofertorio.  Todo parece llevarnos a dejar de mirar hacia la tierra, el polvo, las llamas, el dolor, la angustia, etc., y mirar hacia arriba, hacia donde ‘llenos están los cielos y la tierra de la gloria de Dios’.  No hay lugar para la tristeza ni la desesperación.  Después de glorificar a Dios con acordes majestuosos y solemnes, los ‘hosanas’ los encontramos en una excelente fuga que comienza con los bajos, siguiendo con los tenores, luego las contraltos hasta la entrada de las sopranos.  Me parece que es una de las formas más expresivas que pudo encontrar Süssmayr para lanzar vivas a Dios que está en lo alto.  Todo prefacio de la misa concluye con las palabras: ‘Por eso con los ángeles y los santos, cantamos sin cesar’, es decir que todos los seres, los del cielo y los de la tierra, junto con toda la creación aclama con fuertes voces la gloria de Dios.  Por eso, el recurso de las voces fugadas y un final glorioso fue muy atinado por parte del alumno de Mozart.

Tenemos a continuación el Benedictus, cantado por las cuatro voces solistas, comenzando por las femeninas.  Sin ir más lejos, es un aria preciosa que nos transporta a la intimidad.  Tal vez pensaríamos más adecuado recibir ‘al que viene en nombre del Señor’ con los mismos vítores con que se cantó la primera parte pero Süssmayr nos lleva directo a la intimidad, a la confianza, a una especie de diálogo sereno y esperanzador.  Encontramos algunos giros melódicos que nos recuerdan a alguna otra parte del requiem y al mismo tiempo hay mucha originalidad y simetría.  Internamente, el ‘Benedictus’ podría estar dividido en dos partes y que el tema presentado en su primera parte por la contralto y la soprano y complementado por el bajo y el tenor, en su segunda parte se invierten los papeles.  Con esto logra darle variedad a la obra y, como apuntábamos más arriba, una simetría muy bien lograda.  Al final del ‘Benedictus’ vuelve el coro a cantar los ‘hossanas’ muy parecido a la primera vez pero de forma bastante reducida.  Éste es un recurso muy aprovechado por los músicos de todos los siglos a la hora de retomar los ‘hosanas’ finales.

La siguiente parte de la misa es el ‘Agnus Dei’ y su texto es el que sigue:

Agnus Dei qui tollis peccata mundi:

dona eis requiem.

Agnus Dei qui tollis peccata mundi:

dona eis requiem.

Agnus Deí qui tollis peccata mundi:

dona eis requiem sempiternam.

..

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo:

dales el descanso.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo:

dales el descanso.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo:

dales el descanso eterno.

El Agnus Dei, como el Sanctus, forma parte de cualquier misa y se canta justo antes de la comunión.  Su estructura es litánica, es decir, en forma de verso–respuesta, lo cual se ve perfectamente reflejada en el presente caso.  Comienza con el verso ‘Agnus Dei qui tollis peccata mundi’, a lo que sigue la respuesta ‘dona eis requiem’.  Desde el comienzo tenemos ya los acordes que nos devuelven al ambiente fúnebre en que nos hemos estado moviendo en casi todo el Requiem.  Pocos han sido los momentos de distensión y de sosiego.  El Sanctus pareciera habernos elevado a las últimas moradas celestiales y el Agnus Dei nos hace de nuevo volver a la tierra, a la realidad de nuestra condición humana.  De hecho todas las invocaciones ‘Agnus Dei…’ están llenas de una especie de angustia y zozobra aunque todas las respuestas ‘dona eis requiem’ nos vuelven a tomar de la mano para llevarnos de nuevo a la confianza y la certeza de que nuestras súplicas son escuchadas.  Al final, en una especie de coda, la palabra ‘sempitenam’, es cantada de forma casi etérea y cierra toda esta pieza como cobijándola y resumiendo en unos cuantos acordes toda esta oración deprecatoria.

La última parte del Requiem que concluyó Süssmayr fue la comunión, que como el introitus de la misa, está tomada del libro 4, apócrifo, de Esdras, 3, 35. 34:

Lux aeterna luceat eis, Domine,

cum sanctis tuis in aeternum

quia pius es.

Requiem aeternam dona eis, Domine,

et lux perpetua luceat eis,

cum sanctis tuis in aeternum

quia pius es.

..

La luz eterna brille para ellos, Señor,

en compañía de tus santos por siempre

porque eres piadoso.

Dales el descanso eterno, Señor,

y brille para ellos la luz perpetua,

en compañía de tus santos por siempre,

porque eres piadoso.

Süssmayr no se complicó.  Siguiendo las indicaciones de su maestro y poniendo a trabajar su habilidad como músico, sacó provecho del texto y utilizó el mismo tema, usado al inicio del Requiem, para ahora concluirlo.  Ya desde los primeros acordes tenemos la introducción ya planteada en el principio pero ahora con algunas variantes.  La misma fuerza emocional, las mismas notas de las cuerdas imitando el constante gemido y dolor, los mismos gritos desgarradores…  Süssmayr no ha querido cambiar absolutamente nada.  Y todavía más: en cuanto toma las últimas palabras ‘cum sanctis tui’ volvemos a encontrar la doble fuga compuesta por Mozart para el ‘Kyrie eleyson’.  Podríamos aquí objetar de falta de originalidad por parte del alumno de Mozart, pero en mi opinión, hay un gran acierto y razones de peso para creer que fue la mejor decisión.  Cerrar el Requiem de la misma forma en que Mozart lo inició le da unidad a la obra; al no añadir otra composición propia, Süssmayr deja que sea su maestro el que diga, de forma póstuma, la última palabra y que con esto conserve las líneas internas que se han planteado en toda la obra.  El final, el que concluye toda la obra, es como en el introitus: las voces de la doble fuga van cruzándose y aumentando de intensidad hasta llegar al grito unánime que concluye con las palabras ‘quia pius es’, (‘porque eres piadoso’)…  En el fondo, ésa es la gran esperanza: que Dios, que es piadoso (y amoroso), nos atraiga hacia sí y nos coloque en su compañía, junto con todos los santos, por toda la eternidad.

¡Que así sea!