“Las Vísperas” (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“Las Vísperas”

(Parte II)

Poco a poco la liturgia se va complicando y a la vez va quedando inaccesible al pueblo.  Las celebraciones parecían exclusivas de los monjes y el clero aunque, repetimos, todavía no se tiene nada canónicamente establecido y uniforme para todas las iglesias y monasterios.  Hacia el siglo XII nace propiamente el Breviario, es decir, el libro de oración de la Iglesia y su composición se logró al reunir, en un solo libro, elementos recogidos de muy diversas partes y por supuesto de la Biblia, que era y es la base de la oración cristiana.  A partir de aquí su uso se limitó a los canónigos y a los monjes.  Las Órdenes religiosas, sobre todo la franciscana, ayudaron a la difusión del Breviario entre el clero y el monacato y, a pesar de que en su origen fue oración de todo el pueblo, el pueblo mismo quedó completamente excluido del rezo de las Horas.

Hacia el s. XVI el Papa Pío V publicó, terminado el Concilio de Trento, el Breviario con las reformas y nuevas disposiciones que se habían prescrito en dicho Concilio.  Queda así definida la estructura de las Horas tal y como la mayoría de los compositores la conocieron e hicieron sus trabajos musicales sobre ellas.  Específicamente el rezo de las Vísperas quedó así:  Se inicia con el ‘Deus in adjuntorium meum intende’, es decir ‘Dios mío ven en mi auxilio’; prosigue con cinco salmos, cada uno de los cuales va precedido y seguido de una antífona, (la antífona es un texto tomado del salmo al que se va a cantar o que hace referencia a la temática central de la celebración); un texto llamado capítulo, un himno y un responsorio, formado generalmente con trozos de salmos.  Termina con el Magníficat que también tiene su antífona propia.  Esta forma de rezar o cantar las Vísperas estuvo vigente, con escasas modificaciones, durante casi cuatro siglos hasta el Concilio Vaticano II (1962-1965) en que se hizo la reforma a la liturgia y se estableció la estructura actual.  De cualquier forma nos queda claro que el rezo de las Vísperas, momento fuerte del día, se hacía, y actualmente se hace, al caer la tarde, como acción de gracias por la jornada, ofrecimiento de las fatigas y los frutos del trabajo y como súplica universal.

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Mucho podríamos agregar al respecto.  El rezo (y canto) del Oficio Divino ha pasado por muchas etapas y modificaciones.  Hay que ver la preocupación y el interés que tuvieron los Sumos Pontífices para buscar la forma adecuada de hacer la ‘oración de la Iglesia’.   Actualmente la Liturgia de las Horas tiene una nueva estructuración: las Laudes (por la mañana, al amanecer) y las Vísperas (al caer la tarde) son el doble quicio sobre el cual gira la oración diaria de todo cristiano y deben de hacerse preferentemente en comunidad por ser oración de toda la iglesia.  Además se cuenta con un grupo de tres horas menores, Tercia, Sexta y Nona repartidas en el día y que junto con las Completas, antes del descanso nocturno, dan el ritmo de oración-trabajo a toda la jornada.  Así mismo se ha hecho una correcta selección y distribución de los salmos en lengua vernácula (recordemos que anterior al Vaticano II todo era en latín), para facilitar la participación de los fieles.  Como dato adicional podemos comentar que es obligación de todo sacerdote, diácono, monje, monja, religioso y religiosa el rezo de la Liturgia de las Horas, y una oración vivamente recomendada a todos los cristianos.

A lo largo de los siglos, en todas las épocas ha habido compositores que han musicalizado todo o algunas partes del Oficio de Vísperas.  Hay que tener en cuenta que esta música, casi en su totalidad, fue hecha para la estructura Tridentina del Oficio.  Tenemos desde las melodías gregorianas, compuestas siglos antes del Concilio de Trento y consignadas en el ‘liber usualis’, pasando por la polifonía renacentista, el barroco, el clasicismo… hasta el siglo XX en que algunos compositores supieron poner en juego toda su imaginación y sus estilos para dejarnos bellas obras de arte.  Es muy conocido de nosotros los diversos Magníficat’s que era con lo que se concluía el oficio y que nos han llegado con sus diferentes estilos y formas: tenemos por ejemplo el Magníficat de J. S. Bach o el de A. Vivaldi.  Algunos compositores musicalizaron las antífonas, otros los salmos o ambos.  Algunos más se enfocaron en los himnos propios de esta hora vespertina.  De cualquier forma hay que tomar en cuenta que el canto gregoriano es la base y el fundamento de todas las demás formas musicales de occidente y muchas de las melodías de himnos, antífonas, salmos y  misas son todavía vigentes para el rezo y la celebración actual de las Horas.  Es un tesoro que no se puede dejar en el olvido.

La situación actual de la musicalización de las Vísperas  no es muy halagadora.  Después de las reformas del Concilio Vaticano II hubo que hacer nuevas melodías para los nuevos textos y no han sido precisamente las más afortunadas.  Se han recuperado factores importantes como lo es la participación de todo el pueblo y la reordenación y simplificación de sus elementos para darle más coherencia y unidad.  Pero la cuestión musical no ha tenido el mismo avance ni se le ha dado la misma importancia.  Podría atreverme a afirmar que precisamente en la Misa (o Celebración Eucarística) y en la Liturgia de las Horas, que, entre sus elementos más importantes, destaca el canto de las Vísperas, la Música Sacra está en decadencia y tiene que afrontar esta gran crisis de manera urgente.  Hacen falta verdaderos músicos litúrgicos que se dediquen con empeño a componer verdaderas piezas, obras de arte dignas del culto sagrado, y que se haga lo posible por tener una muy buena formación litúrgica y musical, desde los pastores (obispos, sacerdotes y diáconos) hasta los laicos y religiosa, para una correcta ejecución e interpretación de la Música Sacra.  Profundizar en esto sería tema para otros muchos artículos.  De todas formas, comprendemos que, en cuestión de Música Sacra, todavía nos falta mucho por caminar, afrontar y superar…

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, el 7 de julio de 2008.

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