“Komitas Vardapet”: a 140 años de su nacimiento (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“Komitas Vardapet”

Parte II


Komitas 8La fama de Komitas como solista (ya sea como pianista o como barítono) y como director cruzó todas las fronteras europeas.  Músicos como Gabriel Fauré o como Camille Saint-Saens se expresaban muy favorablemente de él.  El mismo Claude Debussy exclamó en una ocasión después de un concierto: “¡Brillante, Padre Komitas, me inclino ante usted por ser un genio musical!”.

La figura de Komitas, por tanto, no pasó desapercibida en los escenarios europeos, ya como gran músico, ya como investigador y promotor de la música folklórica armenia.  Pronto la Iglesia tuvo que tomar cartas en el asunto debido a varias situaciones irregulares en Komitas Vardapet y que no tardaron en escandalizar a unos y admirar a otros: el Padre Komitas dedicaba demasiado tiempo a la música profana, hacía estudios no muy compatibles con la doxología cristiana, no vestía como todo un presbítero (en realidad sólo acostumbraba un sencillo traje con corbata),… y un etcétera considerable de objeciones en su contra.  Hay incluso testimonios que afirman algo parecido a lo siguiente: “Recuerdo todo de Komitas a excepción de lo referente a su sacerdocio…”  Fuerte afirmación para un pensamiento decimonónico previo a las reformas de San Pío X.  Poco logró resolverse la situación.  El Padre Komitas vivió en continuos estiras y aflojes por causa de su excepcional forma de ser.

Fue por este y otros motivos que Komitas decidió en 1910 mudarse a la ciudad de Constantinopla con la esperanza de encontrar nuevos y favorables horizontes y tal vez menos hostilidad de parte de la jerarquía.  Pero el escenario cambió muy poco y esto lo llenó de decepción.  Aun así se dedicó a dar clases en el Conservatorio Nacional, fundó un enorme coro de 300 hombres, llamado “Gousan” y publicó mucho de sus investigaciones en torno a la música folklórica armenia.  En cuanto a la música sacra, y muy a pesar de sus superiores, hizo grandes aportaciones y composiciones de diversa índole.  Como ejemplos tenemos “Khorurd Khorin”, “Ter Voghormia” (“Oh Dios Sálvanos”), “Por los ríos de Babilonía” (pieza polifónica sobre un salmo), y su aportación sacra más importante: “Patarag” (La Liturgia).  Komitas quiso hacer una liturgia renovada, purificada de toda influencia extranjera, que obviamente chocó con los cánones establecidos en ese entonces.  Pero a mi juicio es digno de alabar el trabajo minucioso que realizó: fue de pueblo en pueblo anotando de la tradición oral cuanta tonada o melodía escuchaba y visitó a sacerdotes ancianos en las aldeas para que le tararearan todo cuanto les viniera a la memoria.  Recopiló así cientos de piezas monódicas, libres de adornos innecesarios que luego pudo usar para trabajarlas polifónicamente.  Todo un esfuerzo casi extenuante.  La Iglesia Ortodoxa por entonces no aprobó el Patarag porque decía estar llena de secularismo que no correspondía al espíritu de la misma.  Yo creo más bien que su pensamiento innovador y su gran deseo de volver a las fuentes mismas del canto llano, y específicamente del canto monódico armenio fue una forma muy genuina de adelantarse por mucho a las reformas que más tarde llevaría a cabo la Iglesia Católica en el Concilio Vaticano II (1962-1965) y que seguramente chocaban con el contexto y las ideas de la Iglesia Oriental de entonces.  De todas formas y como sea Patarag no deja de ser una muy importante aportación litúrgica y musical para los pueblos armenios y para el cristianismo en general.

Komitas 12

El trabajo musical de Komitas, que ya de por sí fue extenso y profundo, quedó como truncado por los acontecimientos que surgieron en Armenia a raíz de la I Guerra Mundial: el Genocidio por parte de los Turcos.  En abril de 1915 Komitas, junto con todos los intelectuales de su país, fueron llevados a campos de concentración en Turquía donde eran poco a poco exterminados sin piedad.  Por alguna razón todavía no muy concreta, Komitas pudo sobrevivir a esta barbarie pero según las versiones oficiales de sus contemporáneos, él perdió el juicio y enloqueció al presenciar las masacres y sufrir en carne propia los efectos de la crueldad turca.  Hay muchas divergencias en torno a lo que aconteció a Komitas Vardapet.  Lo cierto es que los 20 años que siguieron a estos acontecimientos fueron de completo silencio musical y en general en todos los aspectos, pasando de un hospital siquiátrico a otro y quedando su figura casi relegada al olvido.  Finalmente, en un hospital siquiátrico de París, murió Komitas en un día incierto del mes de octubre de 1935, víctima de una infección en los huesos.  Sólo después de su muerte se ha estudiado y valorado su persona y su trabajo y se ha publicado gran parte de su obra…

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, el 5 de agosto de 2009.

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