“El Ordinario de la Misa” (Parte I)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Ordinario de la Misa”

Parte I

Cuando escuchamos hablar de “Misa”, inmediatamente viene a nuestra mente una asamblea cristiana reunida, celebrando, mediante ritos y cantos, los misterios de Dios.  A lo largo de los siglos infinidad de compositores han echado a volar su imaginación y han musicalizado, en diferentes y muy variadas versiones cada una de las partes de la “Misa”, tanto las del ordinario como las diversas aclamaciones, momentos procesionales y demás partes de la liturgia Eucarística.  En esta ocasión quiero referirme muy brevemente al “Ordinario de la Misa”, que son las partes que más frecuentemente podemos escuchar tanto en las Iglesias (siempre y cuando se tenga un buen equipo de músicos y cantores) como en las salas de concierto o en las estaciones radiofónicas.

La Misa como tal surge a partir de la llamada “Última Cena del Señor”, en la que algunos ritos y palabras tomados de la cena pascual judía se combinan con ritos y palabras totalmente novedosos que le dan el sabor cristiano a dicha Cena.  Durante muchos años, después del acontecimiento de la Resurrección, los cristianos del siglo I d.C., se reunían para cumplir el mandato del Señor: “haced esto en memoria mía”.  Al principio, estas “cenas” en memoria del Señor sólo eran eso, cenas en las que las los creyentes se reunían y el presbítero que encabezaba el ágape repetía las palabras pronunciadas por Jesucristo.  A continuación todos consumían con sumo respeto el pan, que ya no era pan sino el Cuerpo del Señor y el vino, que ya no era vino, sino la Sangre del Señor.  Además de ser un verdadero banquete, en el que todos participaban en compartir los alimentos, se hacía distribución equitativa de cuanto se ponía en común y se tenía una amena conversación en la que se recordaban algunos aspectos importantes de la vida de Jesucristo.  Conforme van pasando los años a este tipo de “Cenas” se les fueron añadiendo oraciones y plegarias, la recitación de algunos salmos y la introducción de procesiones tanto al comienzo como al ofrecer los dones del pan y del vino.  Al parecer hacia el siglo IV ya hay algo más o menos establecido que, aunque se van pronunciando las diferencias entre oriente y occidente, la esencia se sigue conservando: conmemorar la Cena del Señor.  Y es por estas fechas en que se tiene noticia de la participación de una Schola Cantorum, es decir la Agrupación de los Cantantes.  Ya para siglo VIII o IX se tienen datos de que por lo menos lo que hoy conocemos como el Ordinario de la Misa ya está establecido en todo Occidente y que a pesar de haber surgido como cantos propios de la Asamblea de los fieles es cantada en su mayoría por los presbíteros.

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Sería muy largo explicar todo este proceso de evolución que tuvo la Misa y específicamente los cantos que en ella se ejecutan.  El Ordinario de la Misa lo componen los siguientes cantos: Kyrie, Gloria, Sanctus con su respectivo Benedictus, y Agnus Déi.  Podríamos incluir el Credo pero deliberadamente no lo anoté junto con los ya mencionados debido a que su inclusión definitiva al ordinario fue muy tardía, casi en el siglo XI.  Cada una de estas partes cuenta con su propia historia y su muy peculiar evolución e inclusión en la Liturgia Eucarística.  Ya en una ocasión habíamos abordado la historia del Agnus Dei, (www.clasicamexico.com/view_archivo.php?id=1&article=28 ) y por ahora solo nos centramos en el Ordinario en su conjunto aunque explicando muy brevemente cada una de sus partes.  Los textos de estos cantos son fijos y estructuran la celebración de la misa porque van unidos a sus respectivos ritos.  Por eso mismo se les llama “Ordinario” y debe ser lo más privilegiado en cada misa.  De hecho la tradición de la Iglesia supo seleccionar de entre su vasto repertorio determinados cantos del Ordinario para los diversos tiempos litúrgicos y para sus múltiples fiestas.

Conozcamos ahora un poco acerca de cada uno de los elementos del Ordinario de la Misa:

Tenemos en primer lugar el Kyrie.  Históricamente, el Kyrie parece que proviene de las oraciones de los fieles o peticiones que se hacían antes de la fracción del pan y que prácticamente desaparecieron de la misa quedando sólo la respuesta en forma de letanía que repetía el pueblo: Kyrie Eleison (Señor apiádate) y que posteriormente, aproximadamente en el siglo V, se le trasladó al comienzo de la celebración.  De este proceso tenemos testimonio del papa Gregorio el Grande, alrededor del siglo VII.  El Kyrie es como un grito de súplica que en cierta forma prolonga los ritos de entrada.  Junto con el Gloria, el Kyrie fue probablemente de las primeras piezas sacras en que se introdujo la polifonía.  En un principio fueron solo sencillas melodías que hasta hoy nos muestran su carácter litánico.  Más tarde, estas melodías antiguas se fueron enriqueciendo y adornando con abundantes ‘melismas’ o melodías muy desarrolladas.  Ya en el siglo IX quedó establecido el número de invocaciones-respuestas (en total nueve) con lo cual quedó como un canto mediante el cual los fieles aclaman al Señor e imploran su misericordia.

Artículo publicado en www.clasicamexico.com,  el 22 de julio de 2009.

2 pensamientos en ““El Ordinario de la Misa” (Parte I)

  1. Jonatan dice:

    Estoy buscando ordinarios musicalizados. Tiene alguna página o blog para recomendarme?

    Muchas Gracias

    • sorfilotea dice:

      Tengo en el monasterio unos doce ordinarios musicalizados (en castellano) que pueden serle de utilidad pero tengo que digitalizarlos para poder hacérselos llegar. En el ínterin puede escribir a la siguiente dirección de correo electrónico: demusagrada@yahoo.com.mx dirigiéndose al Maestro Gabriel Frausto Zamora. Éste es el correo del Departamento de Música Litúrgica y el maestro es el secretario ejecutivo. Allí pueden también mandarle algunos ordinarios que de hecho ya tienen digitalizados. También ya salió publicado el Cantoral Litúrgico I que el Departamento editó con las partituras para el tiempo ordinario, aprobadas por la Comisión.
      Espero esta información le sea de utilidad.
      Gracias por visitar el sitio y por su interés en el tema.
      Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

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