“La Musica Sacra y la Arquitectura” (Parte I)

Syrigma

Por Sor Beatriz Alceda, O.I.C.


“La Música Sacra y la Arquitectura”

Parte I

Hace algunos días, buscando un tema de qué escribir para Clásica México me topé con el escrito de una conferencia que dio hace años el musicólogo, historiador e investigador José Antonio Robles Cahero en un panel sobre ‘Poética en los Espacios Sagrados’.  Debo confesar que cuando esta conferencia llegó a mis manos le di una leída muy superficial centrando toda mi atención en la segunda parte de la misma.  Después la guardé.  Toparme con ella fue uno de esos redescubrimientos que lo hacen sentir a uno como si hubiera encontrado una joya guardada por mucho tiempo.  El título es: “Sonido, Silencio y Espacio: la Música Sacra y la Arquitectura”.  No pretendo hacer un resumen de esa larga intervención del Maestro Robles Cahero en el II Congreso Arquidiocesano de Música pero sí quiero resaltar algunos puntos clave, sobre todo de la primera parte del escrito, y apuntar unas cuantas opiniones.

claustro 2La conferencia está estructurada en dos partes aunque dudo que el Maestro Robles haya tenido directamente esa intención.  La primera parte versa sobre los recintos sagrados tanto en su arquitectura particular como en su acústica; y la segunda parte, ya menos extensa, se va por las vertientes de la música sacra, sus peculiaridades específicas dentro de la música de concierto y sus avatares dentro de la historia hasta su actual decadencia.  Nos vamos a centrar en la primera parte dado que es la que más me llamó la atención y porque el análisis de la música que hace en la parte segunda ya lo hemos abordado en otras ocasiones.

Cito a Robles Cahero: “Al entrar a un templo (alguno de las grandes religiones del mundo), ocurre una especie de milagro: pasamos del mundo profano de nuestra existencia al mundo de lo sagrado, ingresamos al espacio y al tiempo de la divinidad, transitamos del más acá al más allá…  Incluso los no creyentes pueden llegar a sentir algo distinto en un espacio sagrado, que los lleva a guardar silencio y a asumir una actitud diferente a la que acostumbran en sus espacios cotidianos…  La percepción espacial y temporal que produce la experiencia de lo sagrado es creada, en cierta medida, por la arquitectura del templo…”

iglesia de Santa ClotildeHay que recordar que, por lo menos en occidente, debemos al cristianismo (sobre todo a la Iglesia Católica y en cierto modo a la Protestante) el florecimiento de la arquitectura y de la música, además de la pintura y la escultura.  No olvidemos que desde tiempos inmemoriales estas disciplinas, junto con las matemáticas, eran estudiadas en conjunto, es decir, alguien que sabía de música, también solía ser experto en matemáticas y en arquitectura y viceversa.  Así, encontramos que grandes arquitectos y constructores de Iglesias y Catedrales no sólo tomaban en cuenta las dimensiones, el material y los recursos económicos disponibles, sino que sabían medir las posibilidades acústicas que se podrían obtener usando este u otro material o ajustando el tamaño de las bóvedas o del mismo recinto.  Sus espacios eran diseñados para que la música, al ejecutarse, cumpliera su función litúrgica y oracional entre los fieles.  Con estos conocimientos se construían grandes Iglesias, sumamente meditadas sobre todo para obtener un efecto “místico” tanto en lo visual, lo sensorial y en este caso específico lo sonoro.  De hecho, el maestro Robles habla ampliamente y en detalle sobre la reverberación de los templos.  La reverberación es el efecto producido durante un breve tiempo y en el cual un sonido o grupo de sonidos continúan escuchándose después que estos han dejado de emitirse.  Esto puede durar en promedio entre uno y ocho segundos dependiendo de la estructura del lugar.  Podríamos pensar que con la técnica moderna es posible medir la reverberación con exactitud pero hay datos bastante bien fundados en que desde la Edad media y luego en el Renacimiento se tuvo en cuenta todos estos efectos sonoros.  Todo va a depender de la sagacidad del o los arquitectos… (Continuará…)

Artículo publicado en http://www.clasicamexico.com el 3 de octubre de 2009

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