La Música Sacra en el siglo XX: “Gloria in excelsis Deo” o “Réquiem aeternam dona ei, Dómine” (Parte III de IV)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

La Música Sacra en el siglo XX: “Gloria in excelsis Deo” o “Réquiem aeternam dona ei, Dómine”

(“Gloria a Dios en el cielo” o “Dale, Señor, el descanso eterno”).

Parte III de IV

Hace algunos días, en uno de esos pequeños ratos que tengo para la lectura personal, quise hojear los periódicos semanales que recibimos habitualmente en mi comunidad monacal.  Entre los artículos y propagandas que leí me topé con un anuncio que decía más o menos así:

–       “¿Cómo vivir y promover el Evangelio?, participa en la formación Teológica para laicos”.

Una inquietud muy grande surgió en mi interior y pasé un buen rato leyendo todos los anuncios y avisos acerca de los cursos y talleres que promueve la Iglesia Católica:

–       “Curso de formación básica para nuevos ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión”.

–       “Coaching cognitivo aplicado a grupos para mejorar tu servicio al Señor.”

–       “Master in Family” para los agentes de Pastoral Familiar.”

–       Foro: “La elección de pareja para un proyecto de vida”.

–       Curso de “Sanación Integral”.

Y me puedo seguir con más anuncios semejantes.  Mi desasosiego estaba llegando al culmen pero todavía me di el lujo de hojear algunas revistas religiosas… y nada: ni un solo curso, taller, ponencia o algo por el estilo que abordara la música sacra y que estuviera abierto o dirigido específicamente a los no-expertos en el arte.  Y para rematar mi desilusión, al reacomodar las hojas de uno de los periódicos, leí este anuncio:

–       Parroquia de Santo… te invita: “Concierto de Rock-pop con N…, y su banda.”

¡Esto es lamentable!…  Está por demás decirles que pasé un buen rato estupefacta, desilusionada y sin palabras.  Y sin embargo es la cruda realidad.  Desafortunadamente a la música sacra no se le da el valor que debiera tener y por lo tanto es poco el interés que se tiene para abordar el tema.  Qué lástima que los principales promotores de esta gran herencia, los padrecitos y las monjitas, sean precisamente los menos interesados y los menos formados en este campo.  Es por eso que decidí, en esta ocasión, compartir con ustedes, por segunda ocasión, algunos puntos referentes a la Formación Musical de los fieles y que podemos encontrar en los documentos que versan sobre la música sacra, aprobadas y confirmadas por la Iglesia Católica.

Tomaremos como hilo conductor uno de los documentos más completos que podemos encontrar dentro del Magisterio de la Iglesia y es el “Músicam Sacram”.  Este documento lo aprobó la Sagrada Congregación de Ritos en 1967.  Ya cumplió 41 años pero lamentablemente muchas de sus disposiciones están aún sin ejecutarse o cumpliéndose de manera superficial o arbitraria.  Es cierto que, después del Concilio Vaticano II, los sumos pontífices, desde Paulo VI hasta el actual Benedicto XVI han escrito sobre el tema pero en realidad no hay nada nuevo que no se haya dicho en el Motu Proprio de S. Pío X, en el Musicae Sacrae de Pío XII, o en el citado “Músicam Sacram”.  Otro documento que nos es indispensable es la Constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, en su Capítulo VI dedicado íntegramente a la música sagrada y a la que nuestro documento, Músicam Sacram, sirve de continuación y complemento.

Tenemos, pues, un primer punto, el No. 17 de Músicam Sacram, que dice así:

“Entre los fieles deben recibir particular preparación en el campo, los miembros de las Instituciones religiosas de laicos para que con más eficacia contribuyan a sostener y promover la participación de los fieles.  La preparación de todo el pueblo al canto se debe promover cuidadosamente y con paciencia junto con la instrucción litúrgica, según la edad, el género de vida, el grado de cultura religiosa de los fieles, empezando desde los primeros años…”

Vayamos paso por paso.  Es innegable el interés que el Magisterio de la Iglesia tiene por una verdadera y seria formación litúrgico-musical,  pero hay que reconocer que, como dice el viejo refrán, ‘del dicho al hecho hay mucho trecho’.  Una cosa son las posturas y disposiciones del Magisterio y otra las celebraciones cotidianas de una parroquia en particular.  Es clara la ausencia de formación litúrgica y sobretodo litúrgico-musical en la mayoría de nuestras iglesias locales, desde los mismos pastores (obispos, sacerdotes y diáconos), hasta los ministros y fieles.  Y si no hay formación desde las cabezas es casi imposible formar a los fieles, aunque sabemos que hay que tomar en cuenta diversos factores tanto contextuales como culturales y sociales.  Es más complicado de lo que parece y las soluciones se ven cada vez menos a nuestro alcance.

En un libro de Antonio Alcalde, titulado “El Canto de la Misa”, me encontré, en unas cuantas líneas, una descripción de nuestra realidad musical y esto en la música en general y no sólo en la sagrada:

“Nuestros niños y jóvenes no están educados para la melodía.  Están privados de gustar y saborear una bella melodía porque se han acostumbrado al ritmo insistente, chirriante y machacón… y cuanto más ritmo menos melodía.  Para ellos melodía es sinónimo de canción romántica, de música lenta, para bailar pegados (baladas, boleros)…”

Es evidente que cuando se trata de una celebración litúrgica la mayoría de los fieles jóvenes y no tan jóvenes no están convenientemente educados ni para ejecutar una música bella y digna ni para escucharla atentamente y participar en ella.  Aún a los mismos pastores les da cierto “miedo” abordar el tema, ya sea para su propia formación o ya sea para las actividades propias del ministerio con los fieles.  Tal vez piensan (y es opinión muy personal), que si no sintonizan con las canciones que están de moda (una moda muy efímera por cierto), y no adaptan los cantos litúrgicos a dicha moda, los fieles huirán o de plano no se acercarán a las celebraciones.  A mi juicio, una cosa es la ‘inculturación’ de que tanto habla la Iglesia y otra muy distinta el “populacherismo”, (¡vaya expresión!), que en nada sintoniza con la belleza y dignidad que nos hablan los documentos eclesiales.

Y es que parece ilógico: todos pensaríamos que los padrecitos y las monjitas (incluyéndome a mí, por supuesto), estudian por lo menos lo más elemental del arte musical, pero, aunque sea duro decirlo, ésta es la realidad, NO hay formación musical “seria” en los seminarios ni en las casas religiosas.

Tenemos en el No. 18, inciso a), del Músicam Sacram:

“Por lo tanto: tiene que haber un coro o capilla musical o “Schola Cantorum” formada cuidadosamente, en particular las iglesias catedrales y en otras iglesias mayores, en los seminarios y casas de estudio de los religiosos…”

Y el No. 52 nos vuelve a insistir en el tema:

“Para conservar el tesoro de la música sacra (y lo subrayo para que no haya duda), y para promover nuevas creaciones del canto sacro dése mucha importancia a la enseñanza y práctica musical en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de estudio, así como también en los demás institutos y escuelas católicas, sobre todo en los Institutos Superiores destinados a este fin…”

Es de suponer que cada Orden, Congregación Religiosa, Instituto de Vida Consagrada, etcétera tiene, en sus planes de estudio, la música como una de las principales materias pero (y hay que subrayar este ‘pero’) si aplicáramos un examen de conocimientos básicos de música y liturgia me temo que una inmensa mayoría saldrían debiendo puntos.  Es, precisamente en la cuestión formativa de la música sacra, donde hay un conformismo “bárbaro”, y si no, veamos algunos ejemplos:

–       Los responsables de las Casas Formativas o los superiores de Seminarios, Órdenes, Congregaciones, etcétera, se conforman con que haya alguien que ‘disque’ sepa cantar.

–       Se conforman con que alguien toque de oído y hasta se atreven a decir: “soy lírico” (¡si supieran lo que lírico significa!)

–       Se conforman con un conjunto (que no me atrevo a llamar ‘coro’) de gente de mucha buena voluntad y ánimos pero de formación musical casi nula.

–       Se conforman con una misa (o cualquier otra celebración) con guitarras.  Y habría que señalar que la guitarra es uno de los instrumentos no-recomendado para uso litúrgico, pero en fin.

–       Se conforman con un teclado último modelo que en nada puede compararse a las cualidades tan peculiares del órgano.

–       Se conforman con maestros “chafas” (y estuve a punto de escribir “piratas”) que enseñan poco y mal y carecen de conocimientos de liturgia, básicos para una buena celebración.  Pero “¡como el maestro no cobra!…”

–       Se conforman con cantos “populacheros” (y me doy el lujo de repetir más palabras domingueras), con el pretexto de que es para que la gente participe… ¡vaya disfraz para pensar y decir que la gente es tonta y no tiene capacidad para aprender buenas melodías!

Y podría alargar mi lista de “conformismos” pero me ‘conformo’ con estos…  (Continuará…)

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, en Agosto de 2008.

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