“El Órgano en México” (Parte I)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual.

Parte I



Hace algunos días estuve en Morelia participando en un Congreso de Música Litúrgica y tuve la fortuna de convivir con algunos organistas notables de México además de asistir a conferencias y talleres que organiza anualmente el Departamento de Música Litúrgica de México.  El tema central del Congreso fue el estudio y la profundización de la Liturgia de las Horas.  Sin embargo los temas y talleres que, por razones obvias, me llamaron más la atención fueron sin duda los referentes al órgano en todos sus aspectos.  Además de tener la oportunidad de conocer lugares y órganos históricos, pude tomar talleres y compartir interesantes charlas con algunos de los grandes del órgano en México (Víctor Contreras, Josué Gastellou, José Francisco Álvarez y otros).  Fueron unos días inolvidables y muy enriquecedores.  Es por eso que en esta ocasión, tomando como base toda esta experiencia quiero retomar un tema bastante abordado por mí en este espacio: el órgano, pero en esta ocasión hablaremos específicamente del Órgano en México, su historia, su repertorio, algunos de sus organeros, compositores y organistas más notables y su situación actual.

El órgano en México, como todos sabemos, procede directamente de la herencia española, llegada a América en el siglo XV y XVI.  Recordemos que por estos años la música franco-flamenca se encontraba en el punto culminante de su florecimiento y esto incluía por supuesto el repertorio organístico y la organería de tradición ibérica en general.  De hecho, en estos siglos, encontramos Catedrales y Monasterios en España bien institucionalizados y en cuyos recintos se tenía la enseñanza de música (canto llano y canto de órgano o polifonía), así como la construcción de todo tipo de instrumentos incluyendo el órgano.  Es así como en el siglo XVI comenzaron a construirse en América y muy específicamente en México algunos órganos, todos ellos semejantes a los españoles.  Dondequiera que se asentaron los colonizadores (México Tenochtitlán, Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Valladolid, Tlaxcala,, Guadalajara, Durango, etc.), como parte integrante de su cultura ibérica, junto con la religión, el idioma, el sistema sociopolítico y económico, las artes, la imprenta, llegó también la música.  De hecho tengo aquí una nota de Robert Stevenson que dice más o menos así: “Ninguna nación del continente Americano puede preciarse como México de ser heredera de la música renacentista y barroca europea”, y esto incluye indudablemente el órgano.

Con el paso de los años los mismos indígenas comenzaron a construir verdaderos órganos hechos con materiales puramente mexicanos pero siempre bajo la supervisión de los maestros españoles, tanto en las Catedrales e Iglesias como en los Conventos.  Un dato que llama mucho la atención en los escritos de Fray Juan de Torquemada es que “casi todas las iglesias gobernadas por órdenes religiosas cuentan con un órgano instalado”.  Esto nos demuestra hasta qué punto era importante la música en la evangelización y en la vida religiosa y política del Virreinato.  Se dice que hacia 1543 el cabildo catedralicio de la ciudad de México comenzó a contratar “ministriles”, es decir instrumentistas, para solemnizar las ceremonias litúrgicas.  Es más, hacia 1556 llegó Lázaro de Álamo, quien fue el primer maestro de capilla “profesional” que tuvo la catedral y con él inició el esplendor musical de la misma que perdurará todo el tiempo del virreinato.  Durante este período el archivo de la Catedral se enriqueció con múltiples obras de los más grandes músicos y compositores de la época, tanto españoles como nacionales.  Este repertorio incluye obras para la liturgia y material didáctico además de que nos da una muestra de ‘una sociedad culta, refinada, sensible y receptiva’.

Volviendo al tema que nos ocupa, al aumentar el número de órganos en la ciudad, fue necesaria la preparación de organistas calificados que pudieran acompañar y sostener el canto de la comunidad y de la capilla musical tanto en las catedrales como en los monasterios.  Es sabido que en todas las Catedrales e Iglesias importantes el cargo de organista se obtenía por medio de rigurosos exámenes de oposición, como lo hacían para seleccionar al Maestro de Capilla.  Ambos cargos eran de gran importancia porque cualquiera de los dos debía ser verdadero maestro en el arte, un gran ejecutante de algún instrumento (preferiblemente del órgano), maestro en composición, en enseñanza, culto en todos los aspectos y en ocasiones hasta organero para poder estar al pendiente de las necesidades del órgano.  Muchas veces el Maestro de capilla era organista al mismo tiempo y viceversa.  Tenemos, pues, que durante los siglos XVI, XVII y XVIII sobresalieron grandes maestros y grandes constructores, el gran esplendor de la música Virreinal de México y de América.  Podríamos dar una larga lista de organeros y organistas, la mayoría de ellos compositores o maestros de capilla que dejaron su particular huella en la historia musical de nuestro país.  El primer nombre que tenemos noticia es Francisco del Castillo, organista y organero, constructor del órgano de la primitiva Catedral de México del siglo XVI.  En cuanto a organeros y curadores del siglo XVII podríamos nombrar a Francisco Hernández de Porres, Agustín Jerónimo de Aragón y Diego de Cebaldos, Tiburcio Sanz de Izaguirre y su hermano Félix de Izaguirre como muestra de una larga lista.

La figura principal del siglo XVIII es José de Nazarre, cuyos órganos, dicen los historiadores, llegaron a ser los más importantes que se construyeron en América ‘por sus dimensiones, mecanismo y sonoridad’, claro, sin desdeñar a figuras como Joseph Casela y su hijo Gregorio Casela, Francisco Peláez de Ugarte y otros más.

Y si han sido importantes los constructores de órganos, no menos lo son los ejecutantes del mismo que en muchos casos fueron grandes virtuosos del teclado.  La lista es larga y si mencionamos sólo algunos no es que desdeñemos a los demás.  Tenemos por ejemplo, hacia 1539 al español venido a México, Antonio Ramos que fue organista y maestro de capilla de la Catedral de México.  Hay una larga lista de europeos venidos a América y que se asentaron en las grandes ciudades para ostentar cargos en las iglesias Catedrales.  Hacia el siglo XVII ya encontramos organistas nacidos en nuestra patria como lo fueron Juan Ximeno, Luis Coronado, Fabián Pérez Ximeno y el ilustre Francisco López Capillas.  Éste último nació en la capital del Virreinato y antes de ser maestro de capilla de la Catedral de México fue organista, bajonero y cantor en la Catedral de Puebla.  Es famoso por sus obras polifónicas y es de notar que fue el primer Maestro de Capilla nacido en tierras mexicanas que tuvo la Catedral Metropolitana.  Fue contemporáneo de Sor Juana Inés de la Cruz y de Juan Ruíz de Alarcón.  Tenemos en el siglo XVIII a Antonio de Salazar, Joseph de Ydiaquez, Juan Manuel de Sumaya, sólo por mencionar algunos…  (Continuará)

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