“El Órgano en México” (Parte IV)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual.

Parte IV

Hablemos ahora de la situación de los organistas que no es menos lamentable la situación actual de los instrumentos.  En el citado Congreso de Morelia tuve oportunidad de charlar ampliamente con algunos de estos grandes del instrumento y me compartían las dificultades que tienen para realizar su trabajo.  El estudio lo hacen en casa, en algún electrófono Hammond o algo parecido.  Pero los lugares donde pueden encontrar órganos tubulares para desarrollar su carrera son las iglesias, en su mayoría católicas.  Y es de esperarse que los párrocos promuevan la música organística o que al menos concedan a los organistas el lugar que les corresponde dentro del ministerio de la música litúrgica.  Desafortunadamente no es así por lo menos en la mayoría de los casos.  No me agrada parecer a veces tan negativa en mis afirmaciones pero no me gusta hermosear la realidad.  Uno de los organistas me explicaba que en la parroquia donde él suele tocar semanalmente la misa, la relación con el párroco no es la más halagadora y que en ocasiones se pone tensa porque al sacerdote no le gusta que el órgano tenga participaciones como solista dentro de la liturgia.  Es decir, el organista no pasa de tocar algunos cantos ‘populares’ como “Qué alegría cuando me dijeron”, o “Entre tus manos”, sin tener la posibilidad de ahondar en el repertorio litúrgico tanto vocal como organístico, ya sea antiguo o de la época actual.  Hay que decir que, además de las magníficas obras compuestas por los grandes de la historia, actualmente en los lugares más variados del mundo hay hombres y mujeres que se dedican a la composición de música sacra (vocal, organística e instrumental en general) expresamente para la liturgia y que cumple con las normas de belleza y dignidad de que tanto habla la constitución ‘Sacrosanctum Concilium’ del Concilio Vaticano II, en su apartado sobre la Música Sacra.  Pero no es posible que estas composiciones sólo se queden en simples partituras, ¡es necesario darles todo el uso posible y para lo que fueron hechas!

Mtro. Víctor Contreras impartiendo un taller de órgano en el Seminario Diocesano de Morelia, Mich., del 8 al 12 de febrero de 2010

Otro organista me comentaba que en el lugar donde él se encuentra (una diócesis del interior de la República Mexicana), trabaja como profesor de música en el seminario diocesano.  A pesar de que cuenta con el apoyo de su obispo y que junto con todo un equipo, han estado trabajando arduamente en la formación y difusión de la música litúrgica, es evidente que todavía falta mucho por hacer.  En el mismo seminario, donde los futuros pastores deben formarse por lo menos mediana y decorosamente en la música, es una pena saber que no les interesan ni siquiera las nociones básicas del solfeo y de la teoría musical.  ¿Qué podríamos comentar sobre una casa de formación religiosa y/o sacerdotal, que en vez de escucharse piezas del Repertorio Gregoriano o Polifonía renacentista y barroca, escucháramos a toda hora canciones ‘duranguenses’ o ‘banda’, o ‘tropicales’?  Pienso que cada cosa en su lugar, en su tiempo y ambiente adecuado.  Además, en un futuro, será todavía más difícil encontrar párrocos, sacerdotes o ministros que tengan conocimientos musicales para la liturgia, porque precisamente los lugares donde deben formarse en este campo no son precisamente los más adecuados o los planes de estudio no incluyen estas materias básicas.  No me toca a mí juzgarlo, simplemente me limito a exponer la situación desde mi perspectiva de monja contemplativa, y en el presente caso, como encargada de la liturgia y la música en mi comunidad.

También tenemos otros casos.  Entre los organistas, y no sólo de México, sino también de  muchas partes del mundo, hay quienes no les interesan en lo más mínimo la música litúrgica.  Esto comprensible sobre todo si tomamos en cuenta que el organista realiza una carrera musical como cualquier otra (violinista, pianista, trompetista…).  Sin embargo, debido a todo el contexto histórico que envuelve al órgano tenemos la tendencia a reconocer y visualizar al instrumento como específicamente de la iglesia, idea un poco errónea a estas alturas de la historia.  Es cierto que el esplendor del órgano lo encontramos ligado íntimamente a la Iglesia, a su liturgia, tanto católica como de otras confesiones cristianas, pero siempre hay que tomar en cuenta que el órgano existió ya desde antes del siglo IV a. C., o por lo menos desde entonces se tiene noticia de él y su uso era meramente pagano.  En alguna otra ocasión hemos comentado que su historia litúrgica comienza casi a partir del siglo XIV de nuestra era y siempre con un repertorio sacro.  Ya a partir de finales del siglo XIX y principios del XX se han compuesto obras verdaderamente monumentales para el órgano en su faceta de concertista, ya sea solo o con orquesta.  Los organistas van teniendo más repertorio no-litúrgico para este instrumento y sin embargo va a ser muy difícil desvincularlo de la idea que tenemos de él como totalmente sagrado y litúrgico.  Es por eso que los actuales organistas se enfrentan con estos retos: ser expertos en el repertorio litúrgico y ser virtuosos en el  repertorio de concierto.

En los diálogos con los maestros organistas uno de ellos me explicaba que en realidad se dedica a  la música litúrgica por mera necesidad y no precisamente económica.  Sus estudios le han permitido concertar con grandes orquestas y se ha podido presentar en los órganos más importantes de nuestro país, del continente y de Europa.  Sin embargo, sus horas de estudio las tiene que realizar en el órgano de una parroquia o a lo más en alguna iglesia decente que posea un órgano tubular.  Actualmente realiza actividades de docencia combinadas con su trabajo de organista de iglesia, acompañando el canto de las misas, muchas veces muy mal remunerado y hasta tolerando los caprichos y arbitrariedades de la gente o del mismo párroco.  ‘Hay que pasarlo todo, decía, con tal de tener siempre disponible un espacio para la docencia y para el estudio’.  Suponemos todos que ése es verdadero amor al ‘arte’, mas no amor a la liturgia.  Aunque, repito, es comprensible si entendemos su postura como organista concertista y no organista litúrgico.  Y esta situación se repite con uno y otro organista en México.  Los espacios para el estudio no son los mejores o por lo menos no siempre se tienen las condiciones más favorables.  Además, es importante volver a mencionar que casi todos los órganos tubulares que están en buenas condiciones los encontramos en iglesias, fuera del órgano del Conservatorio Nacional de Música, del órgano de la Escuela Nacional de Música o del órgano monumental del Auditorio Nacional en el D.F.  Salvo estas y otras posibles excepciones, los órganos siempre los encontramos en las iglesias.  En algunos lugares fuera del país, por ejemplo en España, los estudiantes de órgano tienen las posibilidades de elegir el órgano en donde quieren estudiar, sea del templo que sea,  se sujetan al horario que les marcan, asisten a clases magistrales y pueden ofrecer sus conciertos conforme al plan de estudios casi sin ningún obstáculo.  Encontramos allí más apertura y mejores condiciones para su óptimo desarrollo artístico.  No siempre son buenas las comparaciones pero me parece que es un campo en el que todavía todos (sacerdotes, religiosos, laicos, autoridades, organistas y estudiantes), tenemos que trabajar.

Sor Beatriz Alceda ejecutando el 'Ofertorio' de Domenico Zipoli en el órgano tubular de la Basílica de Ntra. Sra. de la Salud en Pátzcuaro, Mich., el 14 de febrero de 2010

Podría todavía alargarme más en este tema pero me parece que sería un poco redundar en lo mismo.  El objetivo en realidad es ofrecer una vista panorámica del órgano en México y cada uno puede sacar sus conclusiones desde su propia perspectiva.  De todas formas, en el campo que a mí me ocupa, es muy importante que tenga en cuenta todos estos aspectos para favorecer y fomentar la Música Litúrgica tanto en mi comunidad como en los ambientes que me rodean.

No me queda más que concluir con las palabras de Miguel Bernal Jiménez porque resumen en pocas líneas algo de lo que late en lo profundo de mi ser y que me gusta manifestar por medio de la música, especialmente del repertorio organístico: “Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti… En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres”…


3 pensamientos en ““El Órgano en México” (Parte IV)

  1. María Concepción González Baltierra dice:

    Hermana:
    Desearía hablar con usted por teléfono en relación con el tema de la música sacra, estudio el doctorado en Artes, (música) y me tema de investigación esta enfocado en la música sacra postconciliar en Guanajuato. Le agradecería se sirviera contestar al presente. Gracias, Dios la bendiga

  2. Rodrigo Fernandez dice:

    Hola amigos evidentemente es una tristesa que la mayoria de los organo y armonios, de las Iglesias del Pais esten en la ruina pues su deshuso entro en vigor apartir del Concilio Vaticano II cuando el novus ordo missae, permitio que un pandero y una guitarra sustituyeran la bellesa de el sonido de las flautas de viento. Y tambien la musica polifonoca y los cantos gregorianos. En fin entes en cualquier oficio religioso era comun el sonar de un organo de viento ahora estamos a merced de conciertos pero en fin no critico su trabajo pues ya bastante hacen,

    saludos ATT; Rodrigo,

  3. marcos victor lara celestino dice:

    Realmente preocupante las posturas de los encargados de la música de órgano liturgico , lo que me lleva a preguntar si no es que se ha usado a la iglesia como trampolin, para alcanzar sus metas profecionales y si en el caso del que era ya maestro en el seminario pues peor cual es la excusa, ya un parroco mio se vanogloriaba de que la unica mancha en su formación era la música que no sabia nada, nos quejamos del abajamiento en la liturgia pero todo es fruto de nuestras obras hay que emprender la lucha por la dignidad del rito catolico con metas reales enseñar a la asamblea liturgia y que los liturgistas deveras se entregen a la liturgia es una pena que muchos hayan ido hasta la misma roma (hasta el vaticano no se) y no se vea una formación, hay decretos hay directivas ,que se espera, perdon se me olvidaba seria tambien muy bueno acoger a los cantores de iglesia si de iglesia los que participan de la comunidad y formar grupos de capacitación permanente para las parroquias. y eleminar las guitarras si a grandes males remedios deseperados.

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