“Cantata 140 de J. S. Bach: Wachet auf! Ruft uns die stimme” (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

Cantata 140 de J. S. Bach: “Wachet auf! Ruft uns die stimme” (¡Despierten!, la voz nos llama)

Parte II

Continuemos con nuestro analisis.  Pasamos a la cuarta parte, el coral “Zion hört die Wächter”, “Sión, escucha el pregón del guardián”.  Aquí encontramos que los tenores cantan descaradamente el tema principal de la Cantata que ya habíamos escuchado de forma casi velada en la primera parte (el eco lejano de las sopranos).  El hilo conductor melódico lo llevan los instrumentos con melodías graciosas, muy al estilo de Bach.  La traducción es como sigue:

“Sión, escucha el pregón del guardián.

El corazón se llena de alegría.

¡Despierten y apresúrense!

Su amigo viene del cielo, lleno de bondad y de gracia.

Enciendan sus lámparas, ¡que su luz brille!

Ven Rey esperado, Señor Jesús, Hijo de Dios, ¡hosana!

Todos vamos en pos de Ti, hacia el reino de la alegría

para tener parte en tu Banquete”.

Llegamos a la quinta parte, otro Recitativo cantado esta vez por el Bajo y que verdaderamente es una delicia.  Este recitativo culmina con la siguiente parte, la sexta, que es un Aria a Duetto, de nuevo cantado por la Soprano y el Bajo y que pareciera una verdadera “declaración de amor”,  Pongo seguidas ambas traducciones para que tengamos una completa idea de este coloquio divino-humano que nos propone Bach:

Recitativo

Ven, pues, conmigo mi bienamada esposa,

que Yo estaré contigo eternamente.

Quiero tenerte como sello sobre mis brazos y mi corazón.

Alégrate, alma querida; olvida la angustia y el sufrimiento.

Descansa en mis brazos mientras te beso.

Aria

Soprano:  Mi Amado es para mí

Bajo:                    Y Yo soy para mi Amada.

Soprano:  El Amor no debe fenecer.

Bajo:                    El amor no debe fenecer.

Soprano:  Quiero estar contigo en los jardines celestiales

Bajo:                    quiero que estés conmigo en los jardines celestiales.

Soprano:  ¡Allí abunda la alegría!, ¡allí mora todo bien!

Bajo:                    ¡Aquí abunda la alegría!, ¡aquí mora todo bien!

También aquí encontramos melodías muy sugerentes y expresivas que nos permiten experimentar el gozo del alma (la Amada) al descansar en brazos de Dios (el Amado).  No olvidemos que también aquí los textos están basados en el libro bíblico del Cantar de los Cantares.

La séptima y última parte es un coral en toda su forma y en él, el coro vuelve a cantar el tema principal pero con un acompañamiento que podríamos llamar armonizado, es decir, con poca ornamentación y con los acordes mínimos para sostener el canto.  Aquí se supone que Bach pretendía que participara toda la asamblea ya que, anteriormente les propuso el tema y los fieles se lo fueron aprendiendo.  Era una costumbre muy propia de la época.  El texto de este último coral está tomado del libro del Apocalipsis y dice así:

Gloria te canten las voces de los ángeles y de los hombres,

con arpas y címbalos áureos.

De doce perlas son las puertas de Sión:

nosotros somos tu cohorte, los ángeles están ante tu trono.

Nadie vio jamás, ni disfrutó tan grande alegría,

en la que nos gozamos,

¡ea!, ¡ea!, en dulce júbilo.

Esta última parte, puesta a modo de conclusión, intencionadamente comienza con una glorificación a Dios cantada con “las voces de los ángeles y de los hombres”, es decir, toda la Creación canta un concierto de magnitudes cósmicas.  Recordemos que todo himno o salmo termina con una doxología teológica, es decir, “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo” o un equivalente.  Terminamos con una frase que confirma la alegría humana por estar ya desde ahora gozando de la presencia de Dios, “in dulci jubilo”.

Esta Cantata, por sus cualidades y características, es una de mis preferidas y no dudé en incluirla desde luego en el repertorio del coro de mi Monasterio.  Se han hecho muchas versiones muy diversas de toda la Cantata o de algunas de sus partes, utilizando infinidad de recursos vocales e instrumentales.  De hecho, tengo en casa la parte cuarta transcrita y arreglada para órgano de dos teclados y pedalero completo, como sucede frecuentemente con este tipo de obras de J. S. Bach y que, a pesar de su dificultad técnica, es de una sublimidad incomparable.

Ojalá podamos darnos la oportunidad de escuchar con mayor atención esta Cantata y disfrutar de todas estas imágenes que la música del gran Maestro del Barroco nos permite concebir en nuestro interior, nos recrean el espíritu y nos acercan a la presencia de Dios.

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, en junio de 2008.

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