“Requiem” de Wolfgang Amadeus Mozart

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

 “Requiem” de Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791)

 

Es costumbre en esta época del año escuchar en las salas de concierto y aun en las iglesias el muy conocido Requiem de Johannes Chrysostomus Wolfgang Gottlieb (Amadeus en latín) Mozart.  Tal vez habremos escuchado algún otro Requiem como el de Gabriel Fauré o el de Héctor Berlioz pero sin duda el más conocido e interpretado en todo el mundo es el Requiem de Mozart.  Ésta fue su obra póstuma y desafortunadamente la dejó inconclusa.  Le debemos a un alumno suyo, Franz Xaver Süssmayr (1766–1803) la conclusión del mismo por lo menos en la versión más conocida.  Se sabe de otros intentos a lo largo de estos dos últimos siglos por hacer diferentes versiones a las partes faltantes que quedaron inconclusas utilizando las formas y el estilo de Mozart pero al parecer la versión más aceptada y más ejecutada ha sido siempre la de Süssmayr.  A mi parecer, el alumno de Mozart supo captar perfectamente el hilo conductor de la obra y las fibras más profundas de la sensibilidad de su maestro y haciendo uso de su gran habilidad logró no sólo concluir la obra sino darle unidad y homogeneidad, cosa bastante complicada para cualquier músico y más si se está en calidad de alumno.  En esta ocasión hablaremos sobre este gran Requiem, sus diferentes partes, las formas musicales que encontramos en él y sobre todo su traducción.

El Requiem comienza con el Introitus propio de la misa, es decir, el canto de entrada.  El texto en latín está tomado del libro de Esdras, apócrifo, capítulo 2, versículos 34 al 35 y le sigue el salmo 64, versículos 2 y 3 muy propio de los oficios de difuntos en general.  El texto dice así:

Requiem aeternam dona eis, Domine,

et lux perpetua luceat eis.

Te decet hymnus, Deus, in Sion,

et tibi redetur votum in Ierusalem;

exaudi orationem meam:

ad te omnis caro veniet.

Requiem aeternam…

La traducción es como sigue:

El descanso eterno dales, Señor,

y la luz perpetua brille para ellos.


A ti se debe la alabanza, ¡oh Dios!, en Sión,

y se te cumplirán los votos en Jerusalén;

escucha mi oración:

pues a ti regresará todo viviente.

El descanso eterno…

Mozart inicia toda la obra con una introducción instrumental que nos evoca inmediatamente una procesión fúnebre.  Tanto los instrumentos como el coro, cuando éste inicia, están cargados de una gran fuerza emocional; las notas de las cuerdas son como un constante gemido de dolor y una búsqueda de sosiego.  Hay palabras que Mozart intencionalmente repite para enfatizar el sentido de la obra, como por ejemplo en este trozo la palabra ‘exaudi’ (¡escucha!), como queriendo intensificar la oración deprecatoria a Dios, así como la frase ‘et lux perpetua’ y la palabra ‘luceat’, es decir: ‘y la luz perpetua, y la luz perpetua, brille, ¡brille!, para ellos.  Es por eso, a mi parecer, muy importante que en la medida de lo posible conozcamos la traducción de la obra y de todas las piezas en general porque así cobra un sentido más profundo y hasta cierto punto vivificante…

Inmediatamente terminado el Introito y casi sin silencio de continuidad (en algunas versiones así lo interpretan), sigue el Kyrie, que es la siguiente parte de la misa, el acto penitencial.  El texto del Kyrie está en realidad en griego: Kyrie, eleison, Christe, eleison, Kyrie eleison, y significa literalmente: ‘Señor, apiádate; Cristo, apiádate; Señor, apiádate.  Mozart hace aquí gala de su extraordinario ingenio y maneja esta parte con una doble fuga como evocando a los fieles en una especie de súplica casi desesperada que no se mitiga sino que crece hasta llegar al grito unánime que concluye con la palabra ‘eleison’ (‘¡apiádate!’)…

La siguiente parte de la obra, la Secuencia, es tal vez la más fuerte en todos los sentidos y debido a su extensión y a lo variado del texto Mozart decidió trabajarlo en partes.  Hay que recordar que la Secuencia es un texto desarrollado en forma de himno generalmente con estrofas rimadas y que hacen alusión al momento celebrativo.  Se sabe que hacia la Edad Media hubo centenares de Secuencias y que en su mayoría eran cantadas.  Actualmente sólo se conservan cuatro Secuencias aprobadas por la Iglesia Católica:  Victimae paschali laudes para la octava de pascua; Veni Sancte Spiritus para la solemnidad de Pentecostés; Lauda Sion Salvatorem para la solemnidad de Corpus Christi y Stabat Mater para la celebración de la memoria de nuestra Señora, la Virgen de los Dolores.  La Secuencia de la Misa de difuntos fue suprimida desde el Concilio Vaticano II sobre todo por su carácter sombrío y angustioso que en nada hace referencia a la misericordia y el amor de Dios que lo perdona todo… Tenemos primeramente el ‘Dies irae’.  El texto dice así:

Dies irae, dies illa,

solvet saeclum in favilla,

teste David cum Sybilla.

Quantus tremor est futurus

quando Iudex est venturus

cuncta stricte discussurus.

Día de ira, aquel día

en que el mundo se convertirá en ceniza,

siendo testigos David y la Sibila.

 

Cuánto terror sobrevendrá

cuando aparezca el Juez

para juzgarlo todo estrictamente.

El texto íntegro se repite dos veces con algunas variantes en la segunda vez, pero cabe notar que la frase ‘Quantus tremor est futurus’ se repite varias veces con la frase ‘Dies irae, dies illa’ de fondo a modo de respuesta como haciendo hincapié en el terror que se espera en aquel día.  Mozart fue hijo de su tiempo y en la Europa de finales del siglo XVIII esta imagen fatalista de un Dios Juez terrible y lleno de ira era muy natural para la religiosidad de la época.  De hecho la pieza comienza con in grito desgarrador que clama la ‘ira de aquel día’, el día de nuestra comparecencia ante Dios, y este estado de angustia y desesperación se refleja en toda esta parte de la Secuencia: no hay tregua en ningún momento, no hay un solo descanso, es un grito prolongado como si un fuego inextinguible abrasara y que no dejara respiro ni alivio…

La siguiente parte de la Secuencia empieza con las palabras ‘Tuba, mirum spargens sonum’, cantadas por el bajo solista haciendo alegóricamente las veces de la trompeta que suena sobre los sepulcros:

Tuba, mirum spargens sonum

per sepulcra regionum,

coget omnes ante thronum.

Mors stupebit et Natura

cum resurget creatura

iudicanti responsura.

Liber scriptus proferetur

in quo totum continetur

unde mundus iudicetur.

Iudex ergo cum sedebit,

quidquid latet, apparebit:

nil inultum remanebit

Quid sum, miser, tunc dicturus?

Quem patronum rogaturus,

cum vix iustus sit securus?

La trompeta, esparciendo un sonido admirable

sobre todos los sepulcros,

congregará a todos ante el trono.

 

La Muerte y la Naturaleza se asombrarán

cuando se levante la creatura

para responder ante su juez.

 

Un libro lleno será presentado

en que se contiene todo aquello

de lo que el mundo será juzgado.

 

Cuando el Juez se haya sentado

todo lo que está oculto aparecerá:

nada quedará sin castigo.

 

¿Qué diré entonces yo, miserable de mí?

¿A qué abogado recurriré

cuando apenas el justo podría estar seguro?

Mozart maneja las cuatro voces solistas, una sucediendo a la otra, dándole sentido literal a la ‘secuencia’.  Hay que resaltar que las interrogantes finales, después de haberlas formulado la soprano, la última frase ‘cum vix iustus sit securus?’ son repetidas por  todos unánimes como si fueran portadores de las interrogantes de toda la humanidad que reflexiona sobre la trascendencia y la inmortalidad y sobre la inseguridad que muchas veces produce la propia interiorización…

 Continuará…

3 pensamientos en ““Requiem” de Wolfgang Amadeus Mozart

  1. Emanuel dice:

    Me gustó mucho su análisis de esta pieza maestra del Gran Maestro Mozart.

  2. André Rocha dice:

    Usted es música sor?, y a provecho a decir que me gusto mucho, muy bien explicado

    • sorfilotea dice:

      Hola. Soy organista y directora de coros. De hecho hice estudios musicales tanto particulares como de forma académica en diferentes áreas, desde solfeo y armonía hasta canto gregoriano, dirección y composición además de mi instrumento que como comenté al principio, es el órgano. Durante algún tiempo escribí artículos para una revista musical y eso me obligó a estar continuamente leyendo e investigando. Ahora sigo escribiendo en el blog por el gusto de compartir.
      ¡Qué bien que le haya gustado el artículo sobre el Réquiem de W. A. Mozart! Espero haya cumplido su objetivo que es acercarse a esta magna obra del músico.
      Gracias por leerme. Saludos

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