“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma” (II)

 

Del 4 al 8 de febrero se llevó a cabo el XXXV Congreso Nacional de Música Litúrgica organizado por la Dimensión Episcopal de Música Litúrgica de México, DEMUSLI, y tuvo como tema principal: “El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”.  Se desarrolló en la Diócesis de Tlaxcala, en la Casa Fray Julián Garcés y el Seminario de la Diócesis de Tlaxcala, así como en la Iglesia Catedral de Tlaxcala, el Instituto Diocesano de Música Juan Pablo II y la Parroquia de San Pablo Apetatitlán.

Les comparto ahora, la segunda parte de la tercera Conferencia, presentada por el Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora de la Arquidiócesis de Colima.

 Espero les sea de utilidad.  Como les comenté anteriormente, la reseña se la dejo al Mtro. Rogelio Vázquez que amablemente nos la compartirá en las semanas siguientes.

“El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma”

Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora

CUARESMA “TIEMPO DE AUSTERIDAD” EN EL CANTO

No podemos olvidar que el tiempo de cuaresma es un tiempo penitencial; tiempo de austeridad, que se manifestará tanto en el ornato del templo como en el canto.

Esta austeridad hay que destacarla para que resalte más el gozo cuando se haga desbordante en la Pascua. Por este motivo, desde el comienzo de la cuaresma hasta la vigilia pascual queda prohibido adornar con flores el altar; no se recita ni se canta el Aleluya en ninguna celebración, incluidas las Solemnidades y las Fiestas.

En éste tiempo también se suprime el canto del Gloria. Sólo puede ser cantado (se recomienda que sea recitado para guardar la austeridad del tiempo) en la Solemnidad de San José (19 de Marzo) y de la Anunciación del Señor (25 de Marzo).

Los instrumentos musicales no acompañan «festivamente», sólo se permiten para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este tiempo es decir, acompañan «prácticamente», sirven para sostener la afinación del coro. (y del cantor).

Un detalle de la pedagogía maternal de la Iglesia es la excepción en todo este largo recorrido en la austeridad: El cuarto domingo de cuaresma, domingo Laetare (es decir, “Alégrate” por la proximidad de la Pascua), se permiten los instrumentos y el adorno discreto del altar con flores.

Tampoco hagamos sonar los instrumentos en momentos que son para el silencio, por ejemplo durante las ofrendas (mientras no se haga un canto apropiado), y mucho menos durante la consagración, que no se debería hacer nunca, de igual manera, es muy conveniente el silencio después de la comunión.

Durante la cuaresma, como en cualquier otro tiempo, debemos cantar, pero no debemos cargar de cantos la celebración. Demos oportunidades en este tiempo al silencio musical y a la austeridad en el canto.

En cuanto al uso de instrumentos para la Sagrada Eucaristía tanto en la Parroquia, seminarios y casas de formación, donde normalmente se emplean diversos instrumentos como la guitarra, panderos, claves, entre otros; conviene considerar el disminuir el número de instrumentos que se utilizan (durante la cuaresma), por ejemplo. Si se tienen 5 guitarras, usar solo 2. Restringir el uso de los instrumentos rítmicos como las claves, ¡Baterías!, y aquellos que se juzgue conveniente emplear, usarlos más sobriamente. La voz humana debe resonar en el Templo.

Otro punto práctico podría ser el omitir el “Canto de Salida” que en principio no es litúrgico.

Otro aspecto importante es potenciar las aclamaciones – a las lecturas, respuestas a la oración de los fieles, etc, – usar o emplear aquellas que encuadren más con la cuaresma, la del formulario III del acto penitencial – Con tropos apropiados – .

Por ejemplo la 2da.

  • Tú, que borras nuestras culpas:

Señor, ten piedad.

R.   Señor, ten piedad.

  • Tú, que creas en nosotros un corazón puro:

Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

  • Tú, que nos devuelves la alegría de la salvación:
  • Señor, ten piedad.

R.  Señor, ten piedad.

CANTOS ESPECIFICOS EN CUARESMA

Debemos poner mucha atención en la selección de cantos para cada celebración de acuerdo al tiempo Litúrgico. No es indiferente el hecho de preparar unos cantos u otros. Estos deben ser cantos específicos, de la misma manera que en adviento o en navidad; cantos que sean identificadores del tiempo en que estamos.

Cuando el grupo de liturgia organiza y selecciona bien una serie de cantos para la cuaresma está influyendo en los fieles (tal vez más que el sacerdote con su homilía). Tenemos que cambiar el repertorio y mejorar la oferta musical para nuestras comunidades.

No podemos contentarnos con cantar (como la mayoría de los domingos) Juntos como hermanos, Venimos hoy a tu altar o ¡Qué alegría cuando me dijeron!, como canto procesional de entrada; o el Pescador de Hombres o una espiga chamuscada por el sol (ya con tanta vuelta) en el canto procesional de comunión. A éstos los dejamos descansar un buen tiempo, pues ya tendremos ocasión de usarlos en tantos domingos del tiempo ordinario.

Como MINISTERIO, el del canto litúrgico es un servicio del cual debemos estar muy pendientes, vigilantes, y principalmente FORMADOS.

El Canto, (cuando no hay monición de ingreso) es la primera acción que litúrgicamente se realiza y debe disponer a los fieles al espíritu, al ánimo, de esa celebración… (Cuando caminamos por la calle y escuchamos que cantan las mañanitas? O cuando vemos que en alguna casa hay gente reunida escuchamos que cantan: entre tus manos?? Así mismo, cuando un fiel escucha un canto Penitencial, Eucarístico, Mariano, etc., le será fácil entrar en el espíritu de esa celebración, vivir y celebrar su fe.

La Iglesia tiene un acervo musical muchísimo muy rico, muy basto. Pero, haciendo conciencia en el ánimo de la Dignificación de las Celebraciones Litúrgicas, debemos purificar el repertorio eliminando aquellos cantos vacios de contenido, que no son propios para la liturgia, que no fueron pensados para ello y en su caso, organizar y diferenciar (con sano criterio, “expresado en el magisterio de la Iglesia”) los cantos para las celebraciones Litúrgicas, para las reuniones de catequesis, los cantos de Evangelización, los cantos de convivencia, cantos vocacionales, etc..

Como es sabido por la mayoría de los aquí presentes, el Documento Motu Proprio “Tra le sollecitudini” distingue tres géneros de música sagrada: El Canto Gregoriano, la Polifonía Clásica y la Música Moderna. Da la preferencia para los Oficios litúrgicos al Canto Gregoriano, al que califica de “supremo modelo de toda música sagrada”, por poseer en grado sumo las cualidades susodichas de santidad, bondad de las formas y universalidad. (Motu Proprio 1903).

Este documento, cede el segundo lugar a la polifonía clásica, especialmente a la de la escuela romana, que en el siglo XVI llegó a la meta de la perfección en las obras de Palestrina, y que en este periodo muchos otros compositores siguiendo la escuela Romana  produjeron  composiciones de excelente bondad musical y litúrgica; entre ellos: Cristóbal Morales, Tomás Luis de Victoria, William Byrd, Jacobus Gallus, etc. Esta polifonía clásica se acerca bastante al canto gregoriano y por esta razón mereció serlo.

Es, pues, deseo de la Iglesia que se haga de ella frecuente uso en las solemnidades religiosas, especialmente en las basílicas más insignes, en las catedrales y en los seminarios e institutos eclesiásticos, donde existen los elementos necesarios para su digna interpretación. (También debemos propiciarlos)

La Iglesia ha reconocido y fomentado en todo tiempo los progresos de las artes, admitiendo en el servicio del culto cuanto en el curso de los siglos el genio ha sabido hallar de bueno y bello, salva siempre la ley litúrgica; por consiguiente, admite también en el templo la música moderna, puesto que cuenta con composiciones de tal bondad, seriedad y gravedad, que de ningún modo son indignas de las solemnidades religiosas. Ha de cuidarse, empero, con gran diligencia que dichas composiciones musicales de estilo moderno no contengan nada profano, ni ofrezcan reminiscencias de motivos teatrales.

Ahora bien, no podemos apreciar o amar aquello que no conocemos… Por lo tanto, quienes conocemos un poco o quienes conocen más sobre la Música Sagrada, de la Música Litúrgica, tienen “tenemos” el compromiso de compartir e instruir a quienes solo tienen la voluntad. Sin duda, esto no es una tarea fácil, pero, si podemos aportar con nuestro granito de arena.

Tenemos así,  en el citado documento de Pío X, la siguiente regla de oro consignada: “Así pues, el antiguo canto gregoriano tradicional deberá restablecerse ampliamente en las solemnidades del culto, teniéndose por bien sabido que ninguna función religiosa perderá nada de su solemnidad, aunque no se cante en ella otra música que la gregoriana.”

El Papa Pío XII, después de poner en su lugar de preferencia para el culto litúrgico al canto gregoriano ya la música polifónica clásica, al igual que sus predecesores, escribe: “Esto no quiere decir que la música y el canto modernos hayan de ser excluidos en absoluto del culto católico. Más aún, si no tienen ningún sabor profano, ni desdicen de la santidad del lugar o de la acción sagrada, ni nacen de un prurito vacío de buscar algo raro y maravilloso, débeseles incluso abrir las puertas de nuestros templos, ya que pueden contribuir no poco a la esplendidez de los actos litúrgicos, a elevar más en alto los corazones y a nutrir una sincera devoción.” (Encíclica Mediator Dei).

 

El uso del órgano y del armonio.

El órgano, y en su defecto el armonio, es el instrumento oficial de la música litúrgica, y su misión es: acompañar la música sagrada, suplir el canto de algunas piezas, y llenar los silencios.

Las prescripciones de la Iglesia acerca del uso del órgano o del armonio pueden reducirse a estas tres reglas:
Se prohíbe en la misa del Jueves Santo, una vez terminado el “Gloria”; en todos los oficios litúrgicos del Triduo de Semana Santa, hasta el “Gloria” de la misa del Sábado; en el Oficio y Exequias de Difuntos.

Se permite, pero sólo como mero acompañante del canto: en los domingos y ferias de Advientos y Cuaresma y en todas las misas de Réquiem.

Tiene libre uso en todos los demás días del año, y en los domingos “Gaudete” y “Laetare” de medio Adviento y media Cuaresma.

La liturgia de este tiempo nos invita a la penitencia, por ende, la música debe ir de acuerdo a ese espíritu. El papa Pío XII quiso destacar este elemento al prohibir el uso de los instrumentos musicales en Cuaresma (De Música Sacra 81). Músicam Sacram 66 los permitió, pero sólo “para sostener el canto”, es decir, para acompañar las voces.

Cierro esta parte de nuestra charla diciendo que:

El primer convencido, convertido, instruido, confesado, predicador con el ejemplo…  debe ser “debemos ser” cada uno de nosotros los que prestamos un servicio específico a la Sagrada Liturgia, para tener la fortaleza de predicar con las palabras y convencer con el ejemplo. La cuaresma la podemos entender solo en función de la Pascua.

Un pensamiento en ““El Espíritu de la Música Litúrgica en la Cuaresma” (II)

  1. MAntonio dice:

    Muchas gracias, Hermana, muy buena artículo. Solo comento que los instructivos más recientes sí permiten el uso del órgano durante el triduo sacro para sostener las voces si es necesario. Paschalis Sollemnitatis (1988): 50. Mientras se canta el himno “Gloria a Dios”, de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el “Gloria a Dios” de la Vigilia pascual, a no ser que la Conferencia de los Obispos o el Ordinario del lugar, juzguen oportuno establecer otra cosa56. Durante el mismo período de tiempo, el órgano y cualquier otra música instrumental pueden usarse sólo para mantener el canto57.

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