Karl Richter (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

con información de: Tobias Richter, Klaus Peter Richter y Klaus Lindemann, publicada en 2010.

 “Karl Richter” (Parte II)

Plauen, 1926 – Munich, 1981

Karl Richter 4

Continuando con la semblanza de Karl Richter tenemos que otro gran contemporáneo de Bach fue su compatriota sajón, Georg F. Händel y que también fue un gran reto para Richter.  Pero ¿cómo se puede captar la belleza en las obras de Händel, que es a la vez extenso y lacónico?  Richter logró sacar provecho de estos dos aspectos.  Joachim Kaiser llegó a decir: “Él sabe lo que todo mundo sabe: las extensas estructuras deben ser pacientemente ejecutadas con un brío viril.  Pero lo que poca gente sabe y muy pocas veces hace, es tomar esas bellas y abstractas líneas con una micro expresividad que conserva la belleza de lo aparentemente desabrido y evita que la línea melódica quede fragmentada”.  Eso fue lo que él demostró.  La interpretación de Händel, fue para Richter algo verdaderamente transfigurador.  Karl Richter veía el Concierto Grosso como una especie de poema en la tradición de la tragedia griega.  Esta visión estaba matizada con una formación humanística muy extensa, que fue siempre fundamental respecto a su actitud frente al mundo.  Siempre pensó que Händel fue el precursor de Wolfgang A. Mozart,  y que con sus ‘Suites’, su ‘Música de los Fuegos Reales’ y su ‘Música Acuática’, Händel se había introducido en el mundo de la sinfonía y la ópera que más adelante desarrollaría Mozart en sus obras.

Y ahora, Bruckner.  Los sonidos introvertidos y místicos de las fantasías corales de Bach fueron siempre naturalmente asociadas, en la mente sensual de Richter, con el éxtasis de Bruckner, un éxtasis que embriaga con el pensamiento de la otra vida.  Richter no era sólo un especialista en la música, sino que fue hábil para ver el lazo espiritual entre estos dos mundos.  Comenzó dirigiendo las sinfonías de Bruckner y obras corales ya desde sus años juveniles en Munich.  De hecho, su lectura de la 8ª. Sinfonía dio lugar a un fuerte debate, aunque es evidente que él siempre triunfó en Viena con sus interpretaciones de las obras de Bruckner.  En Viena, el público se dio cuenta enseguida que Richter insistía en encontrar lazos de unión entre Bruckner, como sinfonista, y la obra polifónica para órgano de Bach.  Forzando el lazo entre estos dos mundos aparentemente disparatados, el Romanticismo tardío y Bach, Karl Richter emula a su maestro, Karl Straube.  Como parte de sus asignaturas, Straube siempre combinó una rigurosa lectura de Bach con el pesado Romanticismo de las obras para órgano de su amigo Max Reger.  Por eso, los alumnos de Richter en la Academia de Música de Munich tuvieron siempre jornadas difíciles en su camino a la graduación.  En un día de estudio normal, Richter podía comenzar con un coral para órgano de Bach y terminar con las grandes obras para órgano de Max Reger.  De hecho, en la iglesia de San Marcos de Munich, Richter pudo disponer de dos órganos: uno barroco y otro romántico, ya que él mismo era un gran exponente no sólo de Bach sino también de Max Reger.  De su maestro Karl Straube, había aprendido a dominar las dificultades técnicas que demandan estas obras de órgano y lo hacía con un esfuerzo casi imperceptible.  Aún las obras más meditativas o melancólicas se convertían en un gran evento de concierto.  Considerado el rey de los instrumentos, el órgano tenía una reputación de fuerte solemnidad hasta que Richter lo consolidó como un vehículo de expresión audaz.  No sólo se convirtió en expresión de la sensibilidad de Liszt y Reger, sino de las profundas ideas del Mozart tardío.  Era un incomparable medio para la polifonía de Händel y Bach, y Richter lo demostró en sus recitales de órgano en Munich y Viena.

Karl Richter 8Aunque organista virtuoso por naturaleza, Karl Richter se concentró en su trabajo como director.  Desde sus inicios en el Knappertsbusch de Munich, el público reconoció que sus ‘tempos’ podían ir y venir desde los más alegres hasta los más calmados y viceversa (muy al estilo romántico del que estaba tan familiarizado).  Cada actuación en público representaba como una síntesis de las varias soluciones que se habían trabajado en sus ensayos.  Richter lo aprovechaba encontrando intuitivamente la combinación convincente de inspiración, con un brío sugestivo y un cálculo intelectual.  En una entrevista, Karl Richter dijo que “cuando te subes al pódium y comienzas a dirigir y ejecutar una pieza, cada vez lo haces diferente, (porque) te sientes de un humor diferente.  Cada día se tienen diferentes ideas acerca de cada obra que se ejecuta.  Está mal cuando ya no tienes más ideas, cuando no estás ya inspirado… Está mal si tocas una obra con una desdeñable rutina sólo porque lo tienes que hacer y si no tienes ya más pensamientos e ideas acerca de ella”.  Podemos afirmar que el secreto de Richter fue de hecho su ejecución ‘creativamente inspirada’ donde él constantemente podía respirar nueva vida dentro de una obra que le era completamente familiar y convertirlo en todo un acontecimiento.  Karl Richter respondió con simpatía a la inmensa variedad de las obras de arte.  Él era aparentemente impulsivo y subjetivo y a la vez sabía mantenerse completamente entero y en una pieza con la gran tradición Romántica.  Hay que anotar que al Romanticismo no sólo le debemos el resurgimiento de nuestro sentido de conocimientos históricos sino, sobre todo el resurgimiento de las obras de Johann Sebastian Bach.   Este resurgimiento está asociado con figuras como Mendelssohn, Liszt y Furtwängler y con la tradición misma de Bach en Leipzig.  Richter comenzó con la Pasión según San Mateo abandonada casi un siglo después que Mendelssohn hiciera resurgir la partitura en su época.  Para Richter, la habilidad de ‘re-crear’ una obra es la clave para poder juzgar una interpretación.   En realidad, él no estaba del todo interesado en presentar los resultados de una excavación histórica.  Dirigía la mayoría de sus obras de memoria, muchas veces tocando el continuo en el clavecín pero de una forma inspirada, casi improvisada.  Su forma tan expresiva de tocar el órgano, su apasionante manejo de los coros y de los corales hacían que no hubiera nunca dos ejecuciones que sonaran igual: todo respiraba mucho más que el simple espíritu universal del barroco de los puritanos.  Hoy en día, pareciera que Karl Richter fue el último gran exponente internacional de la música de Bach con todo y su gloriosa tradición, sin desdeñar, claro está, los trabajos de Sir Eliot Gardiner o de Nikolaus Harnoncourt por citar algunos…

Continuará…

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