Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte I)

El pasado 25, 26 y 27 de noviembre se llevó a cabo el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, en el marco del Festival de Música de Morelia.  Entre las diversas actividades que se realizaron, me invitaron a dar una ponencia el jueves 27 y mi tema fue: La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, en cinco entregas, la ponencia íntegra para que puedan leerla, comentarla, criticarla, etc.  Espero les guste.

Miguel Bernal Jiménez Cartel

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez

Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

Inicio mi participación pidiendo me disculpen por no hacerla personalmente. Asuntos propios de mi vida monástica me impidieron venir a este coloquio sobre uno de mis músicos más entrañables. Sé que el maestro Rogelio Vázquez hará mis veces y les transmitirá fielmente mis palabras.   En realidad no vengo a exponerles nada nuevo. Me invitaron a participar en un coloquio y al amparo de esta palabra sólo quiero compartirles algunos puntos de vista que tal vez para muchos no son del todo importantes al abordar las obras de Miguel Bernal Jiménez. Los estudios concienzudos los han hecho muchos y con admirables resultados. Seguramente habrá otros más que nos entreguen muchos más datos que vayan arrojando sus múltiples investigaciones. Sin embargo, el propósito de mi ponencia es abordar las obras, sobre todo las obras sacras, desde otra perspectiva, que tal vez para los no–creyentes sea un poco difícil de comprender: la percepción de la de un hombre de fe. No me es posible imaginar a Miguel Bernal Jiménez componiendo una Misa o un Te Deum sin dejar que interiormente se fueran moviendo las fibras íntimas de una sensibilidad religiosa exquisitamente delicada. Asomarse a cada acorde de su obra sacra, ya se trate de un ‘In simplicitate cordis’ de su colección de Catedral hasta su majestuoso Te Deum jubilar… toda su obra sacra nos habla de alguien que se atrevió a buscar a Dios más allá de las realidades temporales y lo encontró en la belleza, en la nobleza y en la majestuosidad que sólo la música puede expresar con palabras mudas y con silencios sonoros.

Miguel Bernal Jiménez: Un músico ‘nacido para cantar las alabanzas’ del Señor.

No voy a hacer una semblanza biográfica de Miguel Bernal Jiménez, sabiendo de antemano que los presentes conocen perfectamente su vida y obra. Sin embargo sí voy a exponer algunos episodios, por lo menos los más importantes, de la vida del maestro Bernal que lo fueron encaminando a lo que después sería para él hacia su gran vocación: el músico de iglesia.

Sabemos que desde su infancia, Miguel Bernal ingresó al Orfeón Pío X en 1920 y tuvo como maestros a Ignacio Mier Arriaga, Felipe Aguilera y por supuesto el Padre José María Villaseñor que será quién más influirá en todos los aspectos en la vida musical del maestro Bernal. ¿Qué hacían en las reuniones del Orfeón Pío X? Preparar a los niños y jóvenes para las diversas celebraciones litúrgicas y no litúrgicas de la ciudad sobre todo en el aspecto musical. Más tarde esta pequeña escuela fue declarada formalmente como Escuela Oficial de Música Sagrada de la Arquidiócesis de Michoacán en la que se impartían diversas materias además de las propias musicales.

En 1924, el joven Miguel Bernal con catorce años, ya cuenta con un premio en composición y de esa época se tienen catalogadas su primeras obras de carácter formal y que se cantaron por primera vez en la Catedral de Morelia: ‘Ave gratia plena’ y ‘Regina Coeli’ (I), ambas obras para dos voces iguales y órgano. Estos primeros acercamientos de Miguel Bernal Jiménez fueron decisivos en su carrera musical. Si la base de una sociedad justa, trabajadora y solidaria está en la educación desde sus primeras etapas, no cabe duda que los valores más nobles del hombre son resultado de un cultivo arduo y perseverante de las artes. Ellas marcan nuestra existencia y nos dan la posibilidad de transmitir todo aquello que el lenguaje coloquial y cotidiano no es capaz de hacer. La obra de Miguel Bernal Jiménez trasluce aquellas primeras experiencias infantiles y juveniles en el coro de infantes, en la escuela de música sagrada… Es muy probable que precisamente los sentimientos profundos de aquella primera piedad, ingenua e infantil, del pequeño Miguel se traslucieran en sus primeras composiciones justamente dedicadas a la Madre de Dios, la Virgen María.

La Música Sacra en tiempos de Miguel Bernal Jiménez.

Hay una serie de aspectos que me gustaría puntualizar antes de continuar con este breve recorrido de la obra sacra de Miguel Bernal Jiménez y que más adelante nos ayudarán a entender su postura como músico de iglesia. El siglo XIX va a pasar a la historia, a mi juicio, como un siglo oscuro en cuanto a la música sacra se refiere. La música que se cantó con gran esplendor en iglesias y catedrales los dos siglos anteriores, comienza ya desde finales del siglo XVIII un fuerte proceso de decadencia. Es de todos sabido que la ópera estaba pasando por sus mejores momentos y se reflejaba en todos los ámbitos de la vida social de aquella época. La Iglesia no escapó a su influjo y era muy común ver y escuchar casi los mismos espectáculos en los teatros que en los templos a excepción de los textos que variaba según el lugar. Dadas las circunstancias un pequeño grupo de monjes y clérigos inconformes comenzó un movimiento de restauración de la música sacra que culminó con el ya muy famoso Motu Proprio del Papa San Pío X, promulgado en 1903. En él encontramos las nuevas directrices para la composición e interpretación del Repertorio Sacro para la Iglesia. Ha sido uno de los documentos más importantes que se ha escrito sobre la Música Sacra y de él se derivan todos los demás, incluyendo las disposiciones del Concilio Vaticano II en su Sacrosanctum Concilium y documentos posteriores. Es en este clima de una incipiente primavera musical de la Iglesia en que se van desarrollando los primeros años de Miguel Bernal. Sin embargo, este pequeño resumen del proceso de restauración pasó por un sinnúmero de vicisitudes y escollos para que pudiera no sólo promulgarse sino y sobre todo ponerse en práctica. Desde los primeros años de papado, hasta la muerte del Papa San Pío X hay un esfuerzo extenuante por restaurar la música que se interpreta en las Iglesias de Italia y Europa principalmente. Nuestro continente, y más específicamente nuestro país, se sumó a la tarea un poco más tarde pero con resistencias similares. Es en este momento que surgen las primeras composiciones de Miguel Bernal, que como les acabo de comentar, van de acuerdo a la época pero con los aires de la incipiente restauración. El tema lo retomaremos más adelante, cuando abordemos las vicisitudes del maestro Bernal por una reivindicación del músico de iglesia y en sus aportaciones a la Liturgia de su tiempo y a la Liturgia actual.

Acercamiento ‘afortunado’ de a la Música Sacra.

Los primeros decenios del siglo XX, como recordarán, estuvieron marcados por una fuerte persecución religiosa liderada por Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles principalmente. En palabras del R. P. Xavier Cacho Vázquez, S. J., “el año de 1927 fue un año calificable como ‘martirial’ por los abundantes fusilamientos y ahorcamientos de sacerdotes y laicos, a causa de su confesión de fe, expresada en el grito de ‘Viva Cristo Rey’” (Cacho, 2010: 272). El estado de Michoacán no escapó de esta tragedia. Sin embargo, las actividades musicales en Morelia continuaron junto con movimientos de protesta y reducción a la clandestinidad. En esta dura etapa del México ‘Post-Revolucionario’, Miguel Bernal no permanece indiferente: compone ‘Al amigo fiel’ y ‘Assumpta est Maria’ a la vez que “de forma clandestina lleva la eucaristía a enfermos y monjas, para que comulguen por su propia mano”, nos dice la maestra Lorena Díaz. Está claro que somos hijos de nuestro tiempo. Todos estamos sujetos a la historia que conjuntamente vamos escribiendo, casi increíblemente de forma cíclica aunque no repitamos exactamente las mismas acciones. Estamos condicionados por nuestro entorno a la vez que fluyen en nuestro interior toda nuestra organización genética que es resultado de otras organizaciones. Miguel Bernal Jiménez fue, al igual que nosotros, hijo de uno de los siglos más turbulentos de la historia pero que aprendió a extraer la sustancia de lo meramente valioso y trascendental que es la vida misma. Las composiciones de estos años, demuestran un corazón que pone su confianza en Dios y que no encuentra otra forma de manifestarle su firmeza de fe más que en la composición. Tal vez en conjunto con otras obras no haya mucha diferencia de estilo o en los textos. Ante un escenario tan desolador busca aferrarse a Aquél que es capaz de cambiar el curso de la historia. Es un recurso necesario para no sucumbir interiormente ante la posibilidad de la muerte y la incertidumbre del sin-sentido de este mundo. Y justo es en este punto en que sostengo que el acercamiento de Miguel Bernal Jiménez a la Música Sacra fue de lo más afortunado. Tal vez sin alguna de estas condicionantes: el catolicismo arraigado, las actividades musicales y litúrgicas del Orfeón Pío X, la relación estrecha con el Padre José María Villaseñor, la persecución religiosa, su inclinación a la piedad y sobre todo sus grandes dotes musicales… no hubiera sido posible contarlo como uno de los músicos mexicanos más importantes por lo menos del siglo XX…

(Continuará…)

2 pensamientos en “Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte I)

  1. Mara Concepcin Gonzlez Baltierra dice:

    Hermana: Le agradezco que no me olvide en sus envíos de noticias de música sacra

    María Concepción de Guanajuato

    “Jesús Salvador de los hombres, sálvalos, sálvalos”

    Date: Sat, 29 Nov 2014 18:42:31 +0000 To: maryconchis@hotmail.com

  2. Amado Barrera dice:

    Sor Alceda:
    Gracias por compartir con nosotros sus reflexiones sobre la música sacra y en este caso particular, sobre Miguel Bernal.
    Siga Ud. con este ministerio tan descuidado en nuestra iglesia.
    Ya fecundará el Señor de la Belleza la semilla que Ud. siembra.
    Saludo respetuoso
    Amado Barrera

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