Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte II)

Como les comenté en la entrega anterior, me invitaron a dar una ponencia en Morelia, el pasado jueves 27 de noviembre y mi tema fue: La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la segunda de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Sigo esperando sus comentarios.

Miguel Bernal 2Estudios magistrales vs. penurias económicas: el dilema de todo músico de iglesia.

Entre los años 1928 y 1933, como todos sabemos, encontramos al joven Miguel Bernal haciendo estudios musicales en Roma, en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra donde estudió órgano, contrapunto, musicología, composición, armonía y canto gregoriano. De entre sus maestros podemos nombrar al organista Rafael Manari y a Licinio Refice quien, para los que estamos familiarizados con el repertorio sacro–litúrgico de la primera mitad del siglo XX, sabemos el estilo y la calidad compositiva de éste último por todas las misas y motetes que nos han llegado a nuestros días. La vida en Roma para Miguel Bernal no fue fácil: estuvo cuajada de penurias sobre todo en el ámbito económico y justo coincide su estancia en Roma con lo más álgido de la persecución religiosa de nuestro país. Aun así tenemos de esta época un significativo número de obras compuestas en su totalidad para fines sacros: ‘Entonces’, ‘Que te amo’, ‘Canción Guadalupana (1)’, ‘Canción Guadalupana (2)’, ‘Canción Guadalupana (3)’ y Recordare’. A reserva de haber hecho nuevas investigaciones que saquen a luz obras inéditas, éstas que acabo de mencionar están documentadas por la maestra Lorena Díaz Núñez en su Catálogo y Otras Fuentes Documentales sobre Miguel Bernal Jiménez. Más allá de tratarse de pequeñas obras nos hablan de una fe que necesita manifestarse y también de una preocupación ante la incertidumbre y la impotencia que la distancia impone. Es curioso notar que, a pesar de dedicar algunas horas de su descanso a tocar el piano en funciones de magia y de cine mudo, no tengamos una sola obra consignada a cuestiones profanas o mejor dicho no religiosas, lo que nos habla de la fuerte inclinación a la piedad que tuvo y que era constantemente alimentada, aunque sea por carta, por el Padre Villaseñor. Bueno o malo, no lo sabemos y no lo juzgamos pero sí sabemos, y lo reiteramos, que marcó fuertemente la personalidad de Miguel Bernal sobre todo en sus años de madurez personal y artística. Y un punto que no puede quedarse en el tintero es precisamente que por su precaria situación económica se viera forzado precisamente a tocar el piano en diversas funciones. Por experiencia personal pudo saber lo que es tener que buscar otras actividades diversas a las litúrgicas o de culto para poder generar los recursos necesarios para vivir ‘decorosamente’. Tal vez este lastre, que lo acompañó toda su vida, lo hizo desde entonces sensible a las necesidades de los músicos, sobre todo aquellos que se dedican al ‘culto divino’ y al servicio del ‘Altísimo’. En muchos de sus artículos insistirá sobre la necesidad de retribuir de forma justa a los organistas y directores de las Scholae, para que se les diera un estipendio digno que les permitiera dedicarse sólo a estos servicios, lo cual y hasta hoy vemos que es prácticamente si no imposible, por lo menos muy difícil sobre todo en las iglesias menores o parroquias… En 1933, Miguel Bernal Jiménez regresa a México no sin antes obtener por tres veces el Premio Pontificio por su desempeño sobresaliente entre los alumnos, además las ‘maestrías’ en Composición’, Órgano y Canto Gregoriano.

Las obras sacras de Miguel Bernal Jiménez a partir de 1933: Una vocación de ‘artista enamorado de Dios’.

A partir de 1933 la vida de Miguel Bernal comienza un crescendo sostenuto que mantuvo casi sin interrupción hasta su muerte. Podemos sugerir varias etapas en este proceso pero debido a su amplia gama de acciones en todos los ámbitos no es tan fácil establecer los límites entre una etapa y otra. Así como lo vemos dando conciertos, lo encontramos luego dando clases e impartiendo conferencias; luego organizando los primeros congresos diocesanos de música sacra y al mismo tiempo escribiendo artículos y programas de mano. Sus esfuerzos más extenuantes los vertió en la fundación de la primera revisa sacro–musical de México, del Conservatorio de las Rosas, de los Niños Cantores de Morelia y de otras obras relacionadas. Los que hemos dedicado algún tiempo a estudiar su vida y su obra siempre nos queda la sensación asombrosa y a la vez abrumadora de ver cómo es que le alcanzaba el tiempo para todo y además como completando el cuadro, seguía con sus consabidos problemas económicos. Es a partir de esta época que podemos ya contar en su repertorio abundantes obras profanas como son suites, conciertos, sinfonías, cuartetos y un largo etcétera de obras pequeñas para diferentes usos y circunstancias. Si no lo hubiera hecho así se hubiera muerto de hambre. Pero también lo vemos más prolífico en sus obras sacras que nos dejan entrever su proceso de maduración. Tenemos obras para todos los gustos y necesidades: para voz y órgano; para coro a dos o tres voces iguales y órgano; coro mixto a dos, a tres y a cuatro voces con órgano, con orquesta; obras para órgano sólo, etcétera. No ahorró esfuerzos en proveer a la Liturgia obras de excelente calidad y que cumplieran con las disposiciones del Motu Proprio de San Pío X. Y tal vez en ello descubrió su específica vocación. Con palabras bellas y no exentas de emoción interior, él lo manifiesta en su ‘Salmo’:

“Señor he nacido para cantar tus alabanzas o he vivido en tu casa como un jilguerillo.

Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti…

Por doquiera te escucho y te persigo, amada Voz de la Belleza increada, y voy en pos de Ti ‘como un eco lejano’ y torpe, dulce y obediente…

Así nos descubre el motor interno que puso en movimiento todo su ingenio y virtuosismo. Si las obras profanas son bellas y estrictamente bien trabajadas y completamente impregnadas del nacionalismo propio de su época fue, a mi juicio, por una muy fuerte experiencia y contacto con la ‘Belleza increada’. Él mismo no se concebía como no fuera en primer lugar un músico de iglesia, como solía escribir en muchos artículos. Echando una hojeada al Catálogo de obras podemos descubrir cómo se fue dando este proceso desde “he nacido para cantar tus alabanzas”, hasta “me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti”. Podemos ver el orden cronológico del Catálogo pero agrupar en una sola lista su obra sacra y no deja de sorprender el peso fuerte que ésta tiene con respecto al resto del opus…

(Contuará…)

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