Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte III)

Como les comenté en las entregas anteriores, les he estado compartiendo el texto de la ponencia que me invitaron a dar  en Morelia, el jueves 27 de noviembre, con el título La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la tercera de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Y sigo esperando sus comentarios.

Ratisbona, 1890: ¿a favor o en contra?

URatisbona 82na de las grandes preocupaciones de Miguel Bernal Jiménez fue precisamente la dignificación de las celebraciones litúrgicas con obras dignas, nobles y bellas. Su ‘Salmo’ lo describe perfectamente: “En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres…”. Me es muy curioso notar, por lo menos en todos los documentos que tengo a la mano, que nunca lo vemos pretencioso ni presuntuoso. Sin embargo es conocedor de su oficio y buen crítico. En uno de los muchos artículos que publicó en la revista Schola Cantorum abordó el tema con detalle y puedo atreverme a decir que, a juzgar por la redacción, desconocemos al maestro Bernal, o mejor dicho, es ahora cuando lo vemos en toda su estatura y talante. El nombre del artículo fue: “Ratisbona, 1890. Balance, preámbulo y advertencia”, y lo podemos encontrar dividido en dos entregas, junio y julio de 1942. En él hace un serio análisis de la situación de la música sacra; hace un breve recorrido a través de la historia de la música sagrada, sobre todo en su decadencia del siglo XIX; menciona cómo fue la fundación de la primer Escuela de Música Sacra en el mundo, ubicada en la ciudad de Ratisbona, Alemania, y cómo fue promotora de las reformas del Papa San Pío X. Luego, hace también un panegírico al Reverendo Franz Witt, un muy notable músico que no sólo era conocedor del canto gregoriano sino de las formas clásicas de la polifonía renacentista. Y mereció grandes elogios por parte de Miguel Bernal no sólo por su dominio de la música sagrada, sino por haber creado obras litúrgicas de todo tipo con un estilo propio, sin necesidad de copiarlo a nadie. La escuela de Ratisbona tuvo su mejor momento en vida del Reverendo Witt, pero al morir éste las cosas cambiaron drásticamente.

En realidad, ¿en qué consistía precisamente este estilo tan criticado de la escuela de Ratisbona? En varias ocasiones lo compartimos hace años el maestro Juan Manuel Lara y yo al estar buscando en la biblioteca musical de mi comunidad repertorio para el coro de mi Monasterio. La respuesta nos la da el mismo maestro Bernal en su artículo: al morir Franz Witt, se quedaron al frente de la escuela y de todo el movimiento que ésta estaba generando, dos personajes a los que Miguel Bernal no ahorró crítica: Mons. Francisco Javier Haberl y Miguel Haller. Aunque habían colaborado muy cerca del Reverendo Witt no fueron herederos de su ‘espíritu’ y volcaron todos sus esfuerzos en mantenerse del todo ‘conservadores’ y fieles al estilo de Palestrina pero con muchas y muy notables diferencias desafortunadas: imitar en todo lo posible el estilo y la técnica de este músico, advirtiendo que era lo único válido para la composición; ignorar completamente las formas contemporáneas de armonía y composición, etc. Es evidente que las obras surgidas bajo estos criterios son de valor mucho inferior y con motivos a veces ya muy gastados, ‘estériles, cansados y viejos’ como diría Miguel Bernal, en el mejor de los casos o con resoluciones poco afortunadas. El resultado: se editaron y circularon por todo el orbe obras ‘mediocres’, (sin sobre entender el pensamiento del maestro Bernal), y con muy poco valor artístico… Siendo honestos, pocas de las obras del estilo de Ratisbona se escapan de lo soso y lo machacón.

El maestro Bernal es claro y contundente en su artículo. Se nota un especie de ardor en sus líneas que pareciera todavía sigue vivo el látigo con que ‘arremetió’ su discurso. Cito algunas frases:

“Se quiere hacer creer que un cierto estilo de Música Sagrada (el que más adelante llamaremos con el nombre de ‘Ratisbona, 1890), es el único conforme a las prescripciones eclesiásticas; y siendo esto falso,… nos sentimos obligados… a oponernos firmemente a tan desorientadora labor”..

“… si Haberl y Haller estudiaron la transcripción, la melodía, las combinaciones contrapuntísticas de la obra palestriniana, en cambio su interpretación, su ritmo, su alma no les fueron revelados… De más a más, su desconocimiento del ritmo gregoriano, que para ellos era igualmente ‘solemne’ y un sí es no es mensuralista, acabó por aferrarlos a sus doctrinas asfixiantes, entronizando así una música litúrgica que no es Música pero sí letárgica…”

“Sin embargo, no todo ha de ser censuras. Hay una cualidad en este estilo ratisbonense que es justo reconocer. Me refiero a su facilidad… Con muy poco solfeo, con muy poca voz, con muy poco talento y con muy poco temperamento se deja abordar… Quien adquiere un poco de practiquilla puede echársela debajo del brazo, sin necesidad de estudiar la técnica… Es fácil – ¿qué más se puede pedir? – Si se trata del estilo armónico, esta música puede hacerse por kilómetros…”

Y así continúa con diatribas parecidas… Si hablamos de intensidades, el maestro Bernal estuvo muy intenso en su artículo y llevaba gran parte de razón. Y todavía más: el ánimo se enardece más cuando comienza a hablar de la forma en que este movimiento llegó a México. Éste fue introducido por el Padre José Guadalupe Velázquez y por Agustín González. Ambos, después de haber estudiado por breve tiempo en la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona, fundaron una escuela homónima en 1890 en Querétaro. Podemos decir que fue esta escuela la que, por lo menos en México, difundió todo un estilo compositivo e interpretativo y que, como hemos comentado, fue muy criticado, no sólo por Miguel Bernal sino por varios contemporáneos más. A este respecto el maestro se expresa así:

“Una formación incompleta y desorientada por los prejuicios tenía que ser perjudicial para nuestros dos grandes paladines de la reforma musical religiosa (hablando del Padre José Guadalupe Velázquez y de Agustín González). Su indudable vocación y su grande talento de compositores habían de llevar por toda la vida la tara de Ratisbona”.

Y concluye su artículo con las siguientes palabras:

“La doctrina propagada que defiende el estilo “Ratisbona 1890” como la única expresión permitida a la música sagrada contemporánea es una falsedad, un error y un absurdo ante la historia, ante el arte y ante la Iglesia”.

“No diremos, sin embargo, que la música sacra estilo ‘Ratisbona 1890’ resulte ahora positivamente indigna del templo, pues tal declaración compete a la Iglesia; pero sí que, siendo – por escaso o nulo valor artístico – evidentemente inferior a la música profana moderna, no podemos seguir cultivándola, pues no ofreceríamos a Dios – como Abel – lo mejor que tenemos”.

Tremendas palabras para un gremio tan delicado como es el de nosotros los músicos pero que reflejan su radicalidad en el asunto.

Ratisbona 105Como bien comenta él mismo, la crítica no era hacia alguna persona específica, sino a un estilo de componer música para las celebraciones litúrgicas. Es bien sabido que esta crítica incomodó a no pocos ‘maestros’ contemporáneos del maestro Bernal por lo radical de su postura en contraste con lo fuerte que era la tendencia a seguir estos patrones estilísticos por su ‘sencillez’ y su técnica tan pobre.   En su largo artículo da una descripción de la clase de músico-compositor que se puede llegar a ser: de los ‘liquidados’, de los ‘conservadores’ o de los ‘evolucionistas’. Está por demás decir en cuál de estos grupos se situaba él mismo y hace una larga crítica a aquellos que se encuentran entre los ‘conservadores’, que no quieren salir de su zona de confort, probando nuevas posibilidades musicales con los recursos de la época y que además estiman su estilo como el único verdadero y aprobado por la Iglesia. Años más tarde, en 1947 y 1948, cuando haga el maestro Bernal su gira por Europa, no dejará de visitar la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona y hablará con su director, el doctor Ferdinand Haberl (ignoro si fuera pariente del tan criticado Mons. Francisco Javier Haberl), que seguramente cubriría de aceite esa llaga que traía abierta desde su artículo publicado en 1942 y que causó tanta polémica y tanta desazón…

Continuará…

Un pensamiento en “Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte III)

  1. Todos sus comentarios muy acertados en cuanto a la música sacra o la música litúrgica o propia de la santa misa y la importancia del estudio en cuanto ala música y cantos propios para cada momento.
    El concilio ecuménico vaticano II hace alusión precisamente al ecumenismo y acercamiento y unidad de los cristianos del mundo en sus diferentes denominaciones.
    A que voy con esto sin dejar de ver y respetar lo sagrado de la misa y la liturgia que es inapelable; lo referente ala música y cantos en los mismos ha de ser estudiado afondo y con criterios canónicos y teológicos los cantos y músicas de autores cristianos católicos y de las demás denominaciones cristianas que puedan y deban ser usados ya sea en las celebraciones eucarísticas o litúrgicas o en otros momentos importantes en la iglesia ya sea en el culto divino a Dios dígase alabanzas, adoración, penitenciales, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, así como a María Santísima, y así todo momento donde se necesite música y canto de cualquier tipo referente a Dios.
    a de observarse el ritmo, instrumentos propios, la letra, el grado de inspiración y la vida misma del autor.
    Así a de asignarse o discernir si tal o cual ritmo, música o canto es de adoración, de meditación, reflexión, alabanza, etc. Y de esa manera abra comunión y una mejor organización y que esto sea desde la santa cede apostólica para que no haya discrepancia entre un país y otro entre una iglesia particular y otra sino que haya uniformidad.
    Y así con toda certeza sabremos que cantos son apropiados para la liturgia, la misa y los demás momentos de oración y movimientos de la iglesia sin hacerle fuchi a ningún canto música o autor porque todo será sometido a estudio cada autor vera por la gracia de Dios en el Espíritu Santo su música en la iglesia de Jesucristo y el pueblo, los feligreses con música agradable para todos los gustos pero sobre todo para dar gloria y honor a dios nuestro padre en su hijo Jesucristo por el Espíritu Santo.

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