Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte V)

Les ofrezco a continuación, la quinta y última entrega de la ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia y que les he estado compartiendo.  Espero sus comentarios.

Obras ¿sacras o litúrgicas?

El tema de si las obras de Miguel Bernal Jiménez son sacras o litúrgicas es un punto que no quiero dejar en el tintero. Para quienes se dedican por completo a la música no-sacra, tal vez sea un tema poco relevante pero sí quiero permitirme esta aportación. Hagamos, primeramente, la distinción entre las obras sacras y las obras litúrgicas. Actualmente, en las escuelas de música sacra se hace mucho hincapié a los alumnos sobre las características que debe tener la música para que sea verdaderamente litúrgica, a saber: Santidad, Bondad de formas y Universalidad. Estos aspectos no son nuevos. De hecho, son la base y cimiento donde se fundamenta la reforma de San Pío X. Lo tenemos textualmente expresado en su Motu Proprio ‘Tra le sollecitudini’, promulgado en 1903 y que como hemos comentado marcó un fuerte parteaguas en la historia de la música sacra. Me voy a permitir citar el número 2 de este documento:

“Por consiguiente, la música sagrada debe tener en grado eminente las cualidades propias de la liturgia, conviene a saber: la santidad y la bondad de las formas, de donde nace espontáneo otro carácter suyo: la universalidad. Debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes. Debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos. Mas, a la vez debe ser universal, en el sentido de que, aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena”.

Tenemos, repito, estas tres cualidades, Santidad, Bondad de formas y Universalidad y que son indispensables para considerar o no una obra apta para la liturgia. Este discernimiento vale sobre todo para los repertorios con los que cuenta cada lugar. Y allí es donde encontramos una especie de ambigüedad. Una obra podrá ser perfectamente sacra, es decir, que gire sobre temas religiosos o piadosos y no sea apta para su uso durante las celebraciones litúrgicas. Si toda obra, desde su factura, debe ser ‘santa’, es decir, hecha para un fin litúrgico específico, sin mezcla alguna de motivos profanos, ya tenemos de entrada que quedan fuera de la lista todas aquellas obras que no tienen un fin litúrgico específico, es decir, que no son propias para algún momento de la celebración. Pongamos un ejemplo: el villancico ‘Por el valle de rosas’ del maestro Bernal. El texto dice:

“Por el valle de rosas de tus mejillas,

corren dos arroyitos de lagrimitas,

déjame, deja que ellas la sed apaguen,

que me atormenta.

Duérmete, Jesús mío, duerme en mis brazos,

y no llores, no llores por mis pecados.

Duérmete, duerme, y aunque llorar me sientas,

no te despiertes”.

El texto es bellísimo, no hay duda. Sin embargo, siguiendo las exhortaciones del Motu Proprio, (y también de las orientaciones del Concilio Vaticano II), sabemos que no podemos incluir el villancico dentro de nuestro ‘repertorio litúrgico’, porque no fue hecho para algún momento celebrativo. Podremos incluirlo en los actos de piedad, como es el rosario, novenas u otros actos de devoción, pero no para la liturgia. Lo mismo sucede con las otras dos cualidades de la música litúrgica, la bondad de formas y la universalidad. Con uno de éstas que falte basta para una obra no sea apta para la liturgia aunque sí sea una obra sacra. Entendemos por ‘Liturgia’ a la Misa o Eucaristía, a la Liturgia de las Horas y a la celebración de alguno de los Sacramentos. El mismo maestro Bernal lo expresaba con estas palabras en el citado artículo ‘Ratisbona, 1890…’:

“Podemos, por tanto, (hablando de la bondad de formas), afirmar que las otras dos condiciones del arte musical eclesiástico: la santidad y la universalidad, están subordinadas a la primera, como lo accidental a lo sustancial, y concluir diciendo: para que una música sea bella, no hace falta que sea santa; pero, para que sea santa, sí ha de ser bella. Para que una música sea universal, tampoco es fuerza que sea santa; pero no puede ser esto último sino a trueque de ser hermosa. Porque una música que no es Música es una nuez vana”.

Siendo totalmente estrictos con estos puntos, podemos ver que gran parte de las obras de Miguel Bernal son obras sacras pero no litúrgicas, aunque sean muy bellas y estén limpiamente bien trabajadas. Todavía le tocó a él estar en un proceso de reforma y adaptación a las nuevas directrices. No obstante, tenemos misas, motetes y obras para órgano solo que perfectamente entran en el repertorio litúrgico y que tanto aquéllas como éstas merecen seguir escuchándose en nuestros templos y no sólo en las salas de concierto.

Reiteremos: una de las más grandes preocupaciones de Miguel Bernal fue precisamente poner en práctica todos y cada uno de los puntos del Motu Proprio. Si todo proceso conlleva su tiempo, es evidente que tratándose de la reforma promovida por San Pío X fue todo un despliegue de esfuerzos a veces extenuantes, con todo y sus resistencias.

Ahora bien, un punto muy importante que debemos tomar en cuenta es que la vida de Miguel Bernal Jiménez transcurrió en la primera mitad del siglo XX, cuando aún no se había celebrado el Concilio Vaticano II. Con la reforma conciliar, y más concretamente con la Constitución Sacrosanctum Concilium, la Música Sagrada y Litúrgica ha sufrido grandes cambios. No es el momento para hacer un análisis de la situación actual de la Liturgia pero sí hay que considerar que si a Miguel Bernal Jiménez le hubiera sido posible vivir los cambios litúrgicos de la segunda mitad del siglo XX, seguramente hubiera redoblado sus esfuerzos por lograr celebraciones totalmente bellas y llenas de dignidad, como Dios merece. No sabemos cuál sería su pensamiento y su crítica por los abusos que se dan con tanta frecuencia en nuestras liturgias y esto debido a una lectura poco afortunada de las disposiciones del Concilio. ¿Qué diría él de las actuales composiciones? ¿Qué críticas merecerían la pobreza musical de algunas iglesias? ¿O qué nos diría al escuchar las guitarras durante la misa?… Actualmente se ha dado prioridad a la sencillez de las composiciones litúrgicas, sin por ello caer en lo vano o insustancial, facilitando la plena participación de los fieles en las celebraciones. Pero el maestro Bernal fue muy claro y preciso en el citado artículo sobre Ratisbona con respecto a lo ambiguo que puede ser lo fácil:

“Las composiciones fáciles de los grandes maestros nos enseñan qué difícil cosa sea la facilidad. Bach escribió ‘para los principiantes’ pequeños preludios, fugas e invenciones; y los profesores de plano nos podrán decir si se equivocó Bach o no. Sólo a los ratisbonenses se les pudo ocurrir que traían en el bolsillo el secreto de la facilidad. ¡O beata facilitas! ¡O facilis beatitudo!…”

Entonces, ¿qué opinaría Miguel Bernal al escuchar nuestras nuevas composiciones?… No lo sabemos y así nos quedaremos… Los ‘hubiera’ son los momentos más inútiles de nuestra conjugación existencial.

Labor inconclusa y tarea pendiente: la coherencia.

Sabemos que todo el trabajo emprendido y realizado por Miguel Bernal Jiménez quedó bruscamente interrumpido por su prematura muerte. En todos los ámbitos donde él trabajó dejó muchas tareas que hasta el día de hoy permanecen inmutables o en el peor de los casos, se han quedado en el olvido. Sus inquietudes siguen siendo las inquietudes de nuestras generaciones: Agradar a Dios con nuestro canto y entregarle obras llenas de belleza y dignidad para provecho de todos. Los músicos de iglesia tenemos el compromiso de revisar y analizar nuestra propia vocación y purificar nuestras intenciones de toda estética vana. Recordemos que la misa no es un concierto sino el lugar del encuentro y diálogo con Dios que luego nos hace salir al encuentro de los demás y brindarles nuestra mejor muestra de caridad. Miguel Bernal Jiménez nos enseñó en su corta vida que sí es posible ser coherente entre lo que se profesa y lo que se vive poniendo al servicio de Dios y provecho de los hombres todas las capacidades que se nos han sido dadas gratuitamente.

Gracias por leerme.

2 pensamientos en “Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte V)

  1. Avicenna dice:

    Bom dia,

    Convido-o a visitar nossa página de “Música das Américas sob o domínio europeu”
    http://pqpbach.sul21.com.br/category/alma-latina-musica-das-americas-sob-o-dominio-europeu/

    Um abraço,

    Avicenna

  2. ganadert dice:

    Madre soy Arcadio Morales de Coatepec, Veracruz, ya con la donataria Attraversiamo A.C. Cuando podra recibirme para plantearle el proyecto de musica sacra con usted y los niños cantores de merida?.mi tel 2282 31 14 79.

    GANADERT Ganadería Rentable del Trópico ING. ARCADIO MORALES SOSAPROLONGACIÓN XICOTENCALT NO.55 ZONA CENTRO CP 91500, COATEPEC, VERACRUZ.

    TELEFONO: 01 (228) 8 16 60 45

    CORREO ELECTRONICO: ganadert@hotmail.com

    Date: Wed, 18 Mar 2015 01:47:04 +0000 To: ganadert@hotmail.com

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