Curso – Taller de Himnodia y Salmodia, Verano, 2017

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Convocatoria

Curso – Taller de Himnodia y Salmodia

28 de agosto – 1 de septiembre de 2017

  

Hermanas todas de los diversos Monasterios Contemplativos de México

(y también demás miembros de los Institutos de Vida Consagrada).

 

Muy queridas hermanas:

Me es grato saludarlas y desearles que la paz de Cristo esté siempre en ustedes y en su comunidad.  El motivo de la presente es para comunicarles lo siguiente:

Por séptimo año, la Unión de Contemplativas de la Arquidiócesis de México, a través de su Comisión de Música y Liturgia, CONVOCA a todas las Hermanas de los diversos Monasterios al Curso – Taller de HIMNODIA Y SALMODIA, del 28 de agosto al 1 de septiembre de 2017, que se llevará a cabo en la sede de la UCAM, el Convento de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, ubicado en la calle de La Otra Banda No. 35, a una cuadra de Av. Revolución y muy cerca de la estación de la línea 1 de metrobús, Doctor Gálvez.

El tema principal de este Curso–Taller será:

La Himnodia y la Salmodia cantada: parte esencial de la Liturgia.

 Este año contamos para impartir este Curso–Taller  con la presencia de uno de los maestros más cualificados en este tema:  Hno. Roberto Durán Urenda, dj, encargado nacional de los Talleres de Salmodia de la Dimensión de Música Litúrgica de la CEM.

La Cuota de recuperación del Curso–Taller es de $300.00 (trescientos pesos), por hermana. Esta cuota incluye el material sobre el que se trabajará  y se entregará el mismo día del inicio de Curso–Taller (lunes 28 de agosto).  Por cuestiones estratégicas y en la medida de lo posible, favor de confirmar su asistencia antes del 25 de septiembre, llamando al teléfono 2156-3402, (en la Ciudad de México), o enviando un correo electrónico a: sorfilotea74@gmail.com, con los siguientes datos:

Nombre,   Monasterio,    Orden   y   Teléfono.

 

El horario del curso–taller será como sigue:

8:45 hrs.                    Llegada; avisos. Preparación de Tercia.

9:25 – 9:45               Tercia.

10:00 – 11:30           Conferencia y Práctica.

11:30 – 12:00           Descanso.

12:00 p.m.                 Ángelus.

12:05 – 13:30           Conferencia y Práctica.

14:00 – 15:00           Comida. (Hay que traer lunch).

15:00 – 16:15           Conferencia y preparación de material para el siguiente día.

16:20                         Salida.

 

Tengan en cuenta que EL CURSO–TALLER  ES PARA TODAS LAS HERMANAS, TENGAN O NO CONOCIMIENTOS O NOCIONES DE MÚSICA.  En la medida de lo posible sería conveniente que pudieran asistir las más que se puedan de cada comunidad para que aprovechen al máximo todas las herramientas que se les van a proporcionar para dignificar y ennoblecer las celebraciones litúrgicas de nuestras comunidades.

Si necesitan mayor información no duden en comunicarse conmigo.

Segura de contar con su asistencia y en espera de verlas pronto me despido de ustedes, asegurándoles mis oraciones y encomendándome a las suyas.

 

Fraternalmente,

Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

Coordinadora de la Comisión de Música y Liturgia de la UCAM

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Cursos de Verano de Música Litúrgica de la Dimensión Episcopal para la Pastoral Litúrgica

Les comparto la información general sobre los Cursos de Verano que organiza la Dimensión Episcopal para la Pastoral Litúrgica de México.

Membrete DIMUSLI

La Dimensión Episcopal de Música Litúrgica hemos organizado CURSOS DE VERANO de Canto Gregoriano, Dirección Coral / Técnica Vocal y Órgano Litúrgico. Convocamos e invitamos a Ministros del Canto litúrgico, Maestros y Estudiantes de Música, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos, para que puedan aprovechar estos espacios de formación y crecimiento, que fortalecerá su desempeño musical-ministerial.

CB068241Curso Básico de Canto Gregoriano
Imparte: Mtro. Rafael Martín del Campo Valle.
Fecha: del 20 al 24 de julio de 2015.
Lugar:  Tlaxcala, Casa Fray Julián Garcés, en el Seminario de la “Y” griega.
(El lunes 20 a partir de las 9 a.m. inscripción y se inicia con la comida, concluyendo con la comida del viernes 24).
Cuota: $ 1,000.00 incluye alimentación y hospedaje “En casa Fray Julián Garcés”

DSCN2355Curso Nacional de Dirección Coral y Técnica Vocal
Imparte: Mtro. Germán Tort Ortega.
Fecha: del 3 al 7 de agosto de 2015.
Lugar: Tlaxcala, Casa Fray Julián Garcés, en el Seminario de la “Y” griega-
(El lunes 3 a partir de las 9 am inscripción y se inicia con la comida, concluyendo con la comida del viernes 7).
Cuota: $ 1,000.00 incluye alimentación y hospedaje “En casa Fray Julián Garcés”.

DSC05375II Curso Nacional para Organistas Litúrgicos
Imparte: Mtro. Héctor Manuel Salcedo Becerra.
Fecha: del 10 al 14 de agosto de 2015.
Lugar: Guadalajara. (Iniciará en la Parroquia de Nuestra Señora de la Paz).
Cuota: $ 1,000.00.  No incluye alimentación ni hospedaje.

Favor de pre-inscribirse enviando sus datos completos a gafraza@msn.com. La cuota en el caso de los cursos en Tlaxcala, allá se cubrirá al momento de inscribirse.
Estos cursos los ofrece la DEMUSLI en Coordinación con la Diócesis de Tlaxcala y la Arquidiócesis de Guadalajara. Para tener derecho a Diploma de participación, es necesario cumplir con el horario a tiempo completo.

Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora
Secretario Ejecutivo de la DEMUSLI

Si necesitan más información pueden solicitarla en los siguientes correos:

gafraza@msn.com

sorbeatrizalceda@hotmail.com

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte V)

Les ofrezco a continuación, la quinta y última entrega de la ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia y que les he estado compartiendo.  Espero sus comentarios.

Obras ¿sacras o litúrgicas?

El tema de si las obras de Miguel Bernal Jiménez son sacras o litúrgicas es un punto que no quiero dejar en el tintero. Para quienes se dedican por completo a la música no-sacra, tal vez sea un tema poco relevante pero sí quiero permitirme esta aportación. Hagamos, primeramente, la distinción entre las obras sacras y las obras litúrgicas. Actualmente, en las escuelas de música sacra se hace mucho hincapié a los alumnos sobre las características que debe tener la música para que sea verdaderamente litúrgica, a saber: Santidad, Bondad de formas y Universalidad. Estos aspectos no son nuevos. De hecho, son la base y cimiento donde se fundamenta la reforma de San Pío X. Lo tenemos textualmente expresado en su Motu Proprio ‘Tra le sollecitudini’, promulgado en 1903 y que como hemos comentado marcó un fuerte parteaguas en la historia de la música sacra. Me voy a permitir citar el número 2 de este documento:

“Por consiguiente, la música sagrada debe tener en grado eminente las cualidades propias de la liturgia, conviene a saber: la santidad y la bondad de las formas, de donde nace espontáneo otro carácter suyo: la universalidad. Debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes. Debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos. Mas, a la vez debe ser universal, en el sentido de que, aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena”.

Tenemos, repito, estas tres cualidades, Santidad, Bondad de formas y Universalidad y que son indispensables para considerar o no una obra apta para la liturgia. Este discernimiento vale sobre todo para los repertorios con los que cuenta cada lugar. Y allí es donde encontramos una especie de ambigüedad. Una obra podrá ser perfectamente sacra, es decir, que gire sobre temas religiosos o piadosos y no sea apta para su uso durante las celebraciones litúrgicas. Si toda obra, desde su factura, debe ser ‘santa’, es decir, hecha para un fin litúrgico específico, sin mezcla alguna de motivos profanos, ya tenemos de entrada que quedan fuera de la lista todas aquellas obras que no tienen un fin litúrgico específico, es decir, que no son propias para algún momento de la celebración. Pongamos un ejemplo: el villancico ‘Por el valle de rosas’ del maestro Bernal. El texto dice:

“Por el valle de rosas de tus mejillas,

corren dos arroyitos de lagrimitas,

déjame, deja que ellas la sed apaguen,

que me atormenta.

Duérmete, Jesús mío, duerme en mis brazos,

y no llores, no llores por mis pecados.

Duérmete, duerme, y aunque llorar me sientas,

no te despiertes”.

El texto es bellísimo, no hay duda. Sin embargo, siguiendo las exhortaciones del Motu Proprio, (y también de las orientaciones del Concilio Vaticano II), sabemos que no podemos incluir el villancico dentro de nuestro ‘repertorio litúrgico’, porque no fue hecho para algún momento celebrativo. Podremos incluirlo en los actos de piedad, como es el rosario, novenas u otros actos de devoción, pero no para la liturgia. Lo mismo sucede con las otras dos cualidades de la música litúrgica, la bondad de formas y la universalidad. Con uno de éstas que falte basta para una obra no sea apta para la liturgia aunque sí sea una obra sacra. Entendemos por ‘Liturgia’ a la Misa o Eucaristía, a la Liturgia de las Horas y a la celebración de alguno de los Sacramentos. El mismo maestro Bernal lo expresaba con estas palabras en el citado artículo ‘Ratisbona, 1890…’:

“Podemos, por tanto, (hablando de la bondad de formas), afirmar que las otras dos condiciones del arte musical eclesiástico: la santidad y la universalidad, están subordinadas a la primera, como lo accidental a lo sustancial, y concluir diciendo: para que una música sea bella, no hace falta que sea santa; pero, para que sea santa, sí ha de ser bella. Para que una música sea universal, tampoco es fuerza que sea santa; pero no puede ser esto último sino a trueque de ser hermosa. Porque una música que no es Música es una nuez vana”.

Siendo totalmente estrictos con estos puntos, podemos ver que gran parte de las obras de Miguel Bernal son obras sacras pero no litúrgicas, aunque sean muy bellas y estén limpiamente bien trabajadas. Todavía le tocó a él estar en un proceso de reforma y adaptación a las nuevas directrices. No obstante, tenemos misas, motetes y obras para órgano solo que perfectamente entran en el repertorio litúrgico y que tanto aquéllas como éstas merecen seguir escuchándose en nuestros templos y no sólo en las salas de concierto.

Reiteremos: una de las más grandes preocupaciones de Miguel Bernal fue precisamente poner en práctica todos y cada uno de los puntos del Motu Proprio. Si todo proceso conlleva su tiempo, es evidente que tratándose de la reforma promovida por San Pío X fue todo un despliegue de esfuerzos a veces extenuantes, con todo y sus resistencias.

Ahora bien, un punto muy importante que debemos tomar en cuenta es que la vida de Miguel Bernal Jiménez transcurrió en la primera mitad del siglo XX, cuando aún no se había celebrado el Concilio Vaticano II. Con la reforma conciliar, y más concretamente con la Constitución Sacrosanctum Concilium, la Música Sagrada y Litúrgica ha sufrido grandes cambios. No es el momento para hacer un análisis de la situación actual de la Liturgia pero sí hay que considerar que si a Miguel Bernal Jiménez le hubiera sido posible vivir los cambios litúrgicos de la segunda mitad del siglo XX, seguramente hubiera redoblado sus esfuerzos por lograr celebraciones totalmente bellas y llenas de dignidad, como Dios merece. No sabemos cuál sería su pensamiento y su crítica por los abusos que se dan con tanta frecuencia en nuestras liturgias y esto debido a una lectura poco afortunada de las disposiciones del Concilio. ¿Qué diría él de las actuales composiciones? ¿Qué críticas merecerían la pobreza musical de algunas iglesias? ¿O qué nos diría al escuchar las guitarras durante la misa?… Actualmente se ha dado prioridad a la sencillez de las composiciones litúrgicas, sin por ello caer en lo vano o insustancial, facilitando la plena participación de los fieles en las celebraciones. Pero el maestro Bernal fue muy claro y preciso en el citado artículo sobre Ratisbona con respecto a lo ambiguo que puede ser lo fácil:

“Las composiciones fáciles de los grandes maestros nos enseñan qué difícil cosa sea la facilidad. Bach escribió ‘para los principiantes’ pequeños preludios, fugas e invenciones; y los profesores de plano nos podrán decir si se equivocó Bach o no. Sólo a los ratisbonenses se les pudo ocurrir que traían en el bolsillo el secreto de la facilidad. ¡O beata facilitas! ¡O facilis beatitudo!…”

Entonces, ¿qué opinaría Miguel Bernal al escuchar nuestras nuevas composiciones?… No lo sabemos y así nos quedaremos… Los ‘hubiera’ son los momentos más inútiles de nuestra conjugación existencial.

Labor inconclusa y tarea pendiente: la coherencia.

Sabemos que todo el trabajo emprendido y realizado por Miguel Bernal Jiménez quedó bruscamente interrumpido por su prematura muerte. En todos los ámbitos donde él trabajó dejó muchas tareas que hasta el día de hoy permanecen inmutables o en el peor de los casos, se han quedado en el olvido. Sus inquietudes siguen siendo las inquietudes de nuestras generaciones: Agradar a Dios con nuestro canto y entregarle obras llenas de belleza y dignidad para provecho de todos. Los músicos de iglesia tenemos el compromiso de revisar y analizar nuestra propia vocación y purificar nuestras intenciones de toda estética vana. Recordemos que la misa no es un concierto sino el lugar del encuentro y diálogo con Dios que luego nos hace salir al encuentro de los demás y brindarles nuestra mejor muestra de caridad. Miguel Bernal Jiménez nos enseñó en su corta vida que sí es posible ser coherente entre lo que se profesa y lo que se vive poniendo al servicio de Dios y provecho de los hombres todas las capacidades que se nos han sido dadas gratuitamente.

Gracias por leerme.

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte IV)

Les ofrezco a continuación, la cuarta de cinco entregas de la ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia y que les he estado compartiendo.  Espero sus comentarios.

“La Reivindicación del Músico de Iglesia”.
Tenemos, entro muchos, otro artículo publicado en la revista Schola Cantorum, (No. 7 del Año X, de julio de 1948), que traduce perfectamente la vocación de la que hemos hablado y las cualidades que deben de revestir a aquellos que se dedican a este servicio divino. Es un artículo largo también dividido en dos entregas, firmado por el mismo maestro Bernal. Esto es notorio sobre todo porque sabemos que en muchas ocasiones hacía sus aportaciones a la revista bajo seudónimos. No es el momento para abundar en detalles sobre este artículo pero hay algunos puntos sobre los que sí quiero hacer algunos comentarios. El artículo en su primera parte hace un recorrido del proceso por el cual, según investigaciones de su época, había pasado la música sacra desde los primeros siglos de la Iglesia, el medioevo, el renacimiento, el barroco y clasicismo hasta llegar al siglo XIX con la ópera en su apogeo y la marcada decadencia de la música sacra. Temas que hemos estado comentando a lo largo de estas líneas. Hay algunos detalles que llaman desde luego la atención: el continuo énfasis en la distinción entre música sacra y música profana; el lugar preminente que debe ocupar la música sacra; la ya entonces lamentable situación de la música sacra y el poco eco que aparentemente tuvo el Motu Proprio sobre todo en este lado del mundo. La segunda parte del artículo, publicada un mes después, en agosto de 1948 continúa su defensa de la música sacra y hace algunas comparaciones de los antiguos genios con los que actualmente ‘se atreven’ a escribir obras sacras sin una conveniente preparación. Pero aquí es justo cuando podemos contemplar a Miguel Bernal Jiménez tal y como es. Las cualidades del músico de iglesia son precisamente aquellas con las que él se siente dotado y que no le es posible hablar como propias (por no faltar a la humildad tan fuertemente marcada en su época), y que exige que tengamos todos los que nos atrevamos a ejercer este sagrado ministerio. En extracto y de su propia redacción les ofrezco las siguientes líneas que refuerzan lo que acabo de comentar:

“Para devolver a nuestro músico su primitiva grandeza hay que darle una formación artística superior a la que recibe el laico, y ello por tres razones:
1. Porque el arte que debe producir ha de ser superior intrínsecamente al profano, siendo destinado a Dios.
2. Porque el músico litúrgico es un especialista. Lo que diferencia su arte es la inspiración, el estilo, si se quiere, pero no la técnica… El músico de iglesia sabrá tanto como el de concierto o el de teatro y más todavía, su propia especialidad.
3. Porque, para producir obras de arte con valor absoluto, intrínseco y universal, menester es reunir en ellas estos dos factores: Técnica e inspiración…”

Hay que tener muy en cuenta este último punto porque es precisamente lo que para Miguel Bernal distingue al músico litúrgico y donde fundamenta la verdad de su ministerio: la técnica, adquirida mediante el estudio, la dedicación, la tenacidad, la perseverancia, las horas de práctica, etcétera y la inspiración que viene de una vida de oración y en constante coherencia con el Evangelio. Sólo así, según nos dice el maestro Bernal, podemos considerar un llamado específico del músico de iglesia. Y como comentaba anteriormente, pareciera que él mismo se describe y se pone como ejemplo para que comprobemos que sí se puede concretar esa vocación.
El artículo, repito, es de 1948, ocho años antes de su prematura muerte. Sin embargo, a sus 38 años, Miguel Bernal Jiménez había alcanzado ya cotas muy altas en todos los aspectos y con el peso de su autoridad pudo escribir con contundencia uno de los artículos más completos que a mi parecer, hay en todas sus publicaciones. Todos los demás escritos, antes y después de éste, son para mí preludio y sortie de un mismo tema, y que fue su gran preocupación desde su llegada de Roma hasta su muerte: La Reivindicación del músico de iglesia.

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte III)

Como les comenté en las entregas anteriores, les he estado compartiendo el texto de la ponencia que me invitaron a dar  en Morelia, el jueves 27 de noviembre, con el título La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la tercera de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Y sigo esperando sus comentarios.

Ratisbona, 1890: ¿a favor o en contra?

URatisbona 82na de las grandes preocupaciones de Miguel Bernal Jiménez fue precisamente la dignificación de las celebraciones litúrgicas con obras dignas, nobles y bellas. Su ‘Salmo’ lo describe perfectamente: “En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres…”. Me es muy curioso notar, por lo menos en todos los documentos que tengo a la mano, que nunca lo vemos pretencioso ni presuntuoso. Sin embargo es conocedor de su oficio y buen crítico. En uno de los muchos artículos que publicó en la revista Schola Cantorum abordó el tema con detalle y puedo atreverme a decir que, a juzgar por la redacción, desconocemos al maestro Bernal, o mejor dicho, es ahora cuando lo vemos en toda su estatura y talante. El nombre del artículo fue: “Ratisbona, 1890. Balance, preámbulo y advertencia”, y lo podemos encontrar dividido en dos entregas, junio y julio de 1942. En él hace un serio análisis de la situación de la música sacra; hace un breve recorrido a través de la historia de la música sagrada, sobre todo en su decadencia del siglo XIX; menciona cómo fue la fundación de la primer Escuela de Música Sacra en el mundo, ubicada en la ciudad de Ratisbona, Alemania, y cómo fue promotora de las reformas del Papa San Pío X. Luego, hace también un panegírico al Reverendo Franz Witt, un muy notable músico que no sólo era conocedor del canto gregoriano sino de las formas clásicas de la polifonía renacentista. Y mereció grandes elogios por parte de Miguel Bernal no sólo por su dominio de la música sagrada, sino por haber creado obras litúrgicas de todo tipo con un estilo propio, sin necesidad de copiarlo a nadie. La escuela de Ratisbona tuvo su mejor momento en vida del Reverendo Witt, pero al morir éste las cosas cambiaron drásticamente.

En realidad, ¿en qué consistía precisamente este estilo tan criticado de la escuela de Ratisbona? En varias ocasiones lo compartimos hace años el maestro Juan Manuel Lara y yo al estar buscando en la biblioteca musical de mi comunidad repertorio para el coro de mi Monasterio. La respuesta nos la da el mismo maestro Bernal en su artículo: al morir Franz Witt, se quedaron al frente de la escuela y de todo el movimiento que ésta estaba generando, dos personajes a los que Miguel Bernal no ahorró crítica: Mons. Francisco Javier Haberl y Miguel Haller. Aunque habían colaborado muy cerca del Reverendo Witt no fueron herederos de su ‘espíritu’ y volcaron todos sus esfuerzos en mantenerse del todo ‘conservadores’ y fieles al estilo de Palestrina pero con muchas y muy notables diferencias desafortunadas: imitar en todo lo posible el estilo y la técnica de este músico, advirtiendo que era lo único válido para la composición; ignorar completamente las formas contemporáneas de armonía y composición, etc. Es evidente que las obras surgidas bajo estos criterios son de valor mucho inferior y con motivos a veces ya muy gastados, ‘estériles, cansados y viejos’ como diría Miguel Bernal, en el mejor de los casos o con resoluciones poco afortunadas. El resultado: se editaron y circularon por todo el orbe obras ‘mediocres’, (sin sobre entender el pensamiento del maestro Bernal), y con muy poco valor artístico… Siendo honestos, pocas de las obras del estilo de Ratisbona se escapan de lo soso y lo machacón.

El maestro Bernal es claro y contundente en su artículo. Se nota un especie de ardor en sus líneas que pareciera todavía sigue vivo el látigo con que ‘arremetió’ su discurso. Cito algunas frases:

“Se quiere hacer creer que un cierto estilo de Música Sagrada (el que más adelante llamaremos con el nombre de ‘Ratisbona, 1890), es el único conforme a las prescripciones eclesiásticas; y siendo esto falso,… nos sentimos obligados… a oponernos firmemente a tan desorientadora labor”..

“… si Haberl y Haller estudiaron la transcripción, la melodía, las combinaciones contrapuntísticas de la obra palestriniana, en cambio su interpretación, su ritmo, su alma no les fueron revelados… De más a más, su desconocimiento del ritmo gregoriano, que para ellos era igualmente ‘solemne’ y un sí es no es mensuralista, acabó por aferrarlos a sus doctrinas asfixiantes, entronizando así una música litúrgica que no es Música pero sí letárgica…”

“Sin embargo, no todo ha de ser censuras. Hay una cualidad en este estilo ratisbonense que es justo reconocer. Me refiero a su facilidad… Con muy poco solfeo, con muy poca voz, con muy poco talento y con muy poco temperamento se deja abordar… Quien adquiere un poco de practiquilla puede echársela debajo del brazo, sin necesidad de estudiar la técnica… Es fácil – ¿qué más se puede pedir? – Si se trata del estilo armónico, esta música puede hacerse por kilómetros…”

Y así continúa con diatribas parecidas… Si hablamos de intensidades, el maestro Bernal estuvo muy intenso en su artículo y llevaba gran parte de razón. Y todavía más: el ánimo se enardece más cuando comienza a hablar de la forma en que este movimiento llegó a México. Éste fue introducido por el Padre José Guadalupe Velázquez y por Agustín González. Ambos, después de haber estudiado por breve tiempo en la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona, fundaron una escuela homónima en 1890 en Querétaro. Podemos decir que fue esta escuela la que, por lo menos en México, difundió todo un estilo compositivo e interpretativo y que, como hemos comentado, fue muy criticado, no sólo por Miguel Bernal sino por varios contemporáneos más. A este respecto el maestro se expresa así:

“Una formación incompleta y desorientada por los prejuicios tenía que ser perjudicial para nuestros dos grandes paladines de la reforma musical religiosa (hablando del Padre José Guadalupe Velázquez y de Agustín González). Su indudable vocación y su grande talento de compositores habían de llevar por toda la vida la tara de Ratisbona”.

Y concluye su artículo con las siguientes palabras:

“La doctrina propagada que defiende el estilo “Ratisbona 1890” como la única expresión permitida a la música sagrada contemporánea es una falsedad, un error y un absurdo ante la historia, ante el arte y ante la Iglesia”.

“No diremos, sin embargo, que la música sacra estilo ‘Ratisbona 1890’ resulte ahora positivamente indigna del templo, pues tal declaración compete a la Iglesia; pero sí que, siendo – por escaso o nulo valor artístico – evidentemente inferior a la música profana moderna, no podemos seguir cultivándola, pues no ofreceríamos a Dios – como Abel – lo mejor que tenemos”.

Tremendas palabras para un gremio tan delicado como es el de nosotros los músicos pero que reflejan su radicalidad en el asunto.

Ratisbona 105Como bien comenta él mismo, la crítica no era hacia alguna persona específica, sino a un estilo de componer música para las celebraciones litúrgicas. Es bien sabido que esta crítica incomodó a no pocos ‘maestros’ contemporáneos del maestro Bernal por lo radical de su postura en contraste con lo fuerte que era la tendencia a seguir estos patrones estilísticos por su ‘sencillez’ y su técnica tan pobre.   En su largo artículo da una descripción de la clase de músico-compositor que se puede llegar a ser: de los ‘liquidados’, de los ‘conservadores’ o de los ‘evolucionistas’. Está por demás decir en cuál de estos grupos se situaba él mismo y hace una larga crítica a aquellos que se encuentran entre los ‘conservadores’, que no quieren salir de su zona de confort, probando nuevas posibilidades musicales con los recursos de la época y que además estiman su estilo como el único verdadero y aprobado por la Iglesia. Años más tarde, en 1947 y 1948, cuando haga el maestro Bernal su gira por Europa, no dejará de visitar la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona y hablará con su director, el doctor Ferdinand Haberl (ignoro si fuera pariente del tan criticado Mons. Francisco Javier Haberl), que seguramente cubriría de aceite esa llaga que traía abierta desde su artículo publicado en 1942 y que causó tanta polémica y tanta desazón…

Continuará…

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte II)

Como les comenté en la entrega anterior, me invitaron a dar una ponencia en Morelia, el pasado jueves 27 de noviembre y mi tema fue: La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la segunda de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Sigo esperando sus comentarios.

Miguel Bernal 2Estudios magistrales vs. penurias económicas: el dilema de todo músico de iglesia.

Entre los años 1928 y 1933, como todos sabemos, encontramos al joven Miguel Bernal haciendo estudios musicales en Roma, en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra donde estudió órgano, contrapunto, musicología, composición, armonía y canto gregoriano. De entre sus maestros podemos nombrar al organista Rafael Manari y a Licinio Refice quien, para los que estamos familiarizados con el repertorio sacro–litúrgico de la primera mitad del siglo XX, sabemos el estilo y la calidad compositiva de éste último por todas las misas y motetes que nos han llegado a nuestros días. La vida en Roma para Miguel Bernal no fue fácil: estuvo cuajada de penurias sobre todo en el ámbito económico y justo coincide su estancia en Roma con lo más álgido de la persecución religiosa de nuestro país. Aun así tenemos de esta época un significativo número de obras compuestas en su totalidad para fines sacros: ‘Entonces’, ‘Que te amo’, ‘Canción Guadalupana (1)’, ‘Canción Guadalupana (2)’, ‘Canción Guadalupana (3)’ y Recordare’. A reserva de haber hecho nuevas investigaciones que saquen a luz obras inéditas, éstas que acabo de mencionar están documentadas por la maestra Lorena Díaz Núñez en su Catálogo y Otras Fuentes Documentales sobre Miguel Bernal Jiménez. Más allá de tratarse de pequeñas obras nos hablan de una fe que necesita manifestarse y también de una preocupación ante la incertidumbre y la impotencia que la distancia impone. Es curioso notar que, a pesar de dedicar algunas horas de su descanso a tocar el piano en funciones de magia y de cine mudo, no tengamos una sola obra consignada a cuestiones profanas o mejor dicho no religiosas, lo que nos habla de la fuerte inclinación a la piedad que tuvo y que era constantemente alimentada, aunque sea por carta, por el Padre Villaseñor. Bueno o malo, no lo sabemos y no lo juzgamos pero sí sabemos, y lo reiteramos, que marcó fuertemente la personalidad de Miguel Bernal sobre todo en sus años de madurez personal y artística. Y un punto que no puede quedarse en el tintero es precisamente que por su precaria situación económica se viera forzado precisamente a tocar el piano en diversas funciones. Por experiencia personal pudo saber lo que es tener que buscar otras actividades diversas a las litúrgicas o de culto para poder generar los recursos necesarios para vivir ‘decorosamente’. Tal vez este lastre, que lo acompañó toda su vida, lo hizo desde entonces sensible a las necesidades de los músicos, sobre todo aquellos que se dedican al ‘culto divino’ y al servicio del ‘Altísimo’. En muchos de sus artículos insistirá sobre la necesidad de retribuir de forma justa a los organistas y directores de las Scholae, para que se les diera un estipendio digno que les permitiera dedicarse sólo a estos servicios, lo cual y hasta hoy vemos que es prácticamente si no imposible, por lo menos muy difícil sobre todo en las iglesias menores o parroquias… En 1933, Miguel Bernal Jiménez regresa a México no sin antes obtener por tres veces el Premio Pontificio por su desempeño sobresaliente entre los alumnos, además las ‘maestrías’ en Composición’, Órgano y Canto Gregoriano.

Las obras sacras de Miguel Bernal Jiménez a partir de 1933: Una vocación de ‘artista enamorado de Dios’.

A partir de 1933 la vida de Miguel Bernal comienza un crescendo sostenuto que mantuvo casi sin interrupción hasta su muerte. Podemos sugerir varias etapas en este proceso pero debido a su amplia gama de acciones en todos los ámbitos no es tan fácil establecer los límites entre una etapa y otra. Así como lo vemos dando conciertos, lo encontramos luego dando clases e impartiendo conferencias; luego organizando los primeros congresos diocesanos de música sacra y al mismo tiempo escribiendo artículos y programas de mano. Sus esfuerzos más extenuantes los vertió en la fundación de la primera revisa sacro–musical de México, del Conservatorio de las Rosas, de los Niños Cantores de Morelia y de otras obras relacionadas. Los que hemos dedicado algún tiempo a estudiar su vida y su obra siempre nos queda la sensación asombrosa y a la vez abrumadora de ver cómo es que le alcanzaba el tiempo para todo y además como completando el cuadro, seguía con sus consabidos problemas económicos. Es a partir de esta época que podemos ya contar en su repertorio abundantes obras profanas como son suites, conciertos, sinfonías, cuartetos y un largo etcétera de obras pequeñas para diferentes usos y circunstancias. Si no lo hubiera hecho así se hubiera muerto de hambre. Pero también lo vemos más prolífico en sus obras sacras que nos dejan entrever su proceso de maduración. Tenemos obras para todos los gustos y necesidades: para voz y órgano; para coro a dos o tres voces iguales y órgano; coro mixto a dos, a tres y a cuatro voces con órgano, con orquesta; obras para órgano sólo, etcétera. No ahorró esfuerzos en proveer a la Liturgia obras de excelente calidad y que cumplieran con las disposiciones del Motu Proprio de San Pío X. Y tal vez en ello descubrió su específica vocación. Con palabras bellas y no exentas de emoción interior, él lo manifiesta en su ‘Salmo’:

“Señor he nacido para cantar tus alabanzas o he vivido en tu casa como un jilguerillo.

Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti…

Por doquiera te escucho y te persigo, amada Voz de la Belleza increada, y voy en pos de Ti ‘como un eco lejano’ y torpe, dulce y obediente…

Así nos descubre el motor interno que puso en movimiento todo su ingenio y virtuosismo. Si las obras profanas son bellas y estrictamente bien trabajadas y completamente impregnadas del nacionalismo propio de su época fue, a mi juicio, por una muy fuerte experiencia y contacto con la ‘Belleza increada’. Él mismo no se concebía como no fuera en primer lugar un músico de iglesia, como solía escribir en muchos artículos. Echando una hojeada al Catálogo de obras podemos descubrir cómo se fue dando este proceso desde “he nacido para cantar tus alabanzas”, hasta “me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti”. Podemos ver el orden cronológico del Catálogo pero agrupar en una sola lista su obra sacra y no deja de sorprender el peso fuerte que ésta tiene con respecto al resto del opus…

(Contuará…)

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte I)

El pasado 25, 26 y 27 de noviembre se llevó a cabo el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, en el marco del Festival de Música de Morelia.  Entre las diversas actividades que se realizaron, me invitaron a dar una ponencia el jueves 27 y mi tema fue: La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, en cinco entregas, la ponencia íntegra para que puedan leerla, comentarla, criticarla, etc.  Espero les guste.

Miguel Bernal Jiménez Cartel

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez

Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

Inicio mi participación pidiendo me disculpen por no hacerla personalmente. Asuntos propios de mi vida monástica me impidieron venir a este coloquio sobre uno de mis músicos más entrañables. Sé que el maestro Rogelio Vázquez hará mis veces y les transmitirá fielmente mis palabras.   En realidad no vengo a exponerles nada nuevo. Me invitaron a participar en un coloquio y al amparo de esta palabra sólo quiero compartirles algunos puntos de vista que tal vez para muchos no son del todo importantes al abordar las obras de Miguel Bernal Jiménez. Los estudios concienzudos los han hecho muchos y con admirables resultados. Seguramente habrá otros más que nos entreguen muchos más datos que vayan arrojando sus múltiples investigaciones. Sin embargo, el propósito de mi ponencia es abordar las obras, sobre todo las obras sacras, desde otra perspectiva, que tal vez para los no–creyentes sea un poco difícil de comprender: la percepción de la de un hombre de fe. No me es posible imaginar a Miguel Bernal Jiménez componiendo una Misa o un Te Deum sin dejar que interiormente se fueran moviendo las fibras íntimas de una sensibilidad religiosa exquisitamente delicada. Asomarse a cada acorde de su obra sacra, ya se trate de un ‘In simplicitate cordis’ de su colección de Catedral hasta su majestuoso Te Deum jubilar… toda su obra sacra nos habla de alguien que se atrevió a buscar a Dios más allá de las realidades temporales y lo encontró en la belleza, en la nobleza y en la majestuosidad que sólo la música puede expresar con palabras mudas y con silencios sonoros.

Miguel Bernal Jiménez: Un músico ‘nacido para cantar las alabanzas’ del Señor.

No voy a hacer una semblanza biográfica de Miguel Bernal Jiménez, sabiendo de antemano que los presentes conocen perfectamente su vida y obra. Sin embargo sí voy a exponer algunos episodios, por lo menos los más importantes, de la vida del maestro Bernal que lo fueron encaminando a lo que después sería para él hacia su gran vocación: el músico de iglesia.

Sabemos que desde su infancia, Miguel Bernal ingresó al Orfeón Pío X en 1920 y tuvo como maestros a Ignacio Mier Arriaga, Felipe Aguilera y por supuesto el Padre José María Villaseñor que será quién más influirá en todos los aspectos en la vida musical del maestro Bernal. ¿Qué hacían en las reuniones del Orfeón Pío X? Preparar a los niños y jóvenes para las diversas celebraciones litúrgicas y no litúrgicas de la ciudad sobre todo en el aspecto musical. Más tarde esta pequeña escuela fue declarada formalmente como Escuela Oficial de Música Sagrada de la Arquidiócesis de Michoacán en la que se impartían diversas materias además de las propias musicales.

En 1924, el joven Miguel Bernal con catorce años, ya cuenta con un premio en composición y de esa época se tienen catalogadas su primeras obras de carácter formal y que se cantaron por primera vez en la Catedral de Morelia: ‘Ave gratia plena’ y ‘Regina Coeli’ (I), ambas obras para dos voces iguales y órgano. Estos primeros acercamientos de Miguel Bernal Jiménez fueron decisivos en su carrera musical. Si la base de una sociedad justa, trabajadora y solidaria está en la educación desde sus primeras etapas, no cabe duda que los valores más nobles del hombre son resultado de un cultivo arduo y perseverante de las artes. Ellas marcan nuestra existencia y nos dan la posibilidad de transmitir todo aquello que el lenguaje coloquial y cotidiano no es capaz de hacer. La obra de Miguel Bernal Jiménez trasluce aquellas primeras experiencias infantiles y juveniles en el coro de infantes, en la escuela de música sagrada… Es muy probable que precisamente los sentimientos profundos de aquella primera piedad, ingenua e infantil, del pequeño Miguel se traslucieran en sus primeras composiciones justamente dedicadas a la Madre de Dios, la Virgen María.

La Música Sacra en tiempos de Miguel Bernal Jiménez.

Hay una serie de aspectos que me gustaría puntualizar antes de continuar con este breve recorrido de la obra sacra de Miguel Bernal Jiménez y que más adelante nos ayudarán a entender su postura como músico de iglesia. El siglo XIX va a pasar a la historia, a mi juicio, como un siglo oscuro en cuanto a la música sacra se refiere. La música que se cantó con gran esplendor en iglesias y catedrales los dos siglos anteriores, comienza ya desde finales del siglo XVIII un fuerte proceso de decadencia. Es de todos sabido que la ópera estaba pasando por sus mejores momentos y se reflejaba en todos los ámbitos de la vida social de aquella época. La Iglesia no escapó a su influjo y era muy común ver y escuchar casi los mismos espectáculos en los teatros que en los templos a excepción de los textos que variaba según el lugar. Dadas las circunstancias un pequeño grupo de monjes y clérigos inconformes comenzó un movimiento de restauración de la música sacra que culminó con el ya muy famoso Motu Proprio del Papa San Pío X, promulgado en 1903. En él encontramos las nuevas directrices para la composición e interpretación del Repertorio Sacro para la Iglesia. Ha sido uno de los documentos más importantes que se ha escrito sobre la Música Sacra y de él se derivan todos los demás, incluyendo las disposiciones del Concilio Vaticano II en su Sacrosanctum Concilium y documentos posteriores. Es en este clima de una incipiente primavera musical de la Iglesia en que se van desarrollando los primeros años de Miguel Bernal. Sin embargo, este pequeño resumen del proceso de restauración pasó por un sinnúmero de vicisitudes y escollos para que pudiera no sólo promulgarse sino y sobre todo ponerse en práctica. Desde los primeros años de papado, hasta la muerte del Papa San Pío X hay un esfuerzo extenuante por restaurar la música que se interpreta en las Iglesias de Italia y Europa principalmente. Nuestro continente, y más específicamente nuestro país, se sumó a la tarea un poco más tarde pero con resistencias similares. Es en este momento que surgen las primeras composiciones de Miguel Bernal, que como les acabo de comentar, van de acuerdo a la época pero con los aires de la incipiente restauración. El tema lo retomaremos más adelante, cuando abordemos las vicisitudes del maestro Bernal por una reivindicación del músico de iglesia y en sus aportaciones a la Liturgia de su tiempo y a la Liturgia actual.

Acercamiento ‘afortunado’ de a la Música Sacra.

Los primeros decenios del siglo XX, como recordarán, estuvieron marcados por una fuerte persecución religiosa liderada por Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles principalmente. En palabras del R. P. Xavier Cacho Vázquez, S. J., “el año de 1927 fue un año calificable como ‘martirial’ por los abundantes fusilamientos y ahorcamientos de sacerdotes y laicos, a causa de su confesión de fe, expresada en el grito de ‘Viva Cristo Rey’” (Cacho, 2010: 272). El estado de Michoacán no escapó de esta tragedia. Sin embargo, las actividades musicales en Morelia continuaron junto con movimientos de protesta y reducción a la clandestinidad. En esta dura etapa del México ‘Post-Revolucionario’, Miguel Bernal no permanece indiferente: compone ‘Al amigo fiel’ y ‘Assumpta est Maria’ a la vez que “de forma clandestina lleva la eucaristía a enfermos y monjas, para que comulguen por su propia mano”, nos dice la maestra Lorena Díaz. Está claro que somos hijos de nuestro tiempo. Todos estamos sujetos a la historia que conjuntamente vamos escribiendo, casi increíblemente de forma cíclica aunque no repitamos exactamente las mismas acciones. Estamos condicionados por nuestro entorno a la vez que fluyen en nuestro interior toda nuestra organización genética que es resultado de otras organizaciones. Miguel Bernal Jiménez fue, al igual que nosotros, hijo de uno de los siglos más turbulentos de la historia pero que aprendió a extraer la sustancia de lo meramente valioso y trascendental que es la vida misma. Las composiciones de estos años, demuestran un corazón que pone su confianza en Dios y que no encuentra otra forma de manifestarle su firmeza de fe más que en la composición. Tal vez en conjunto con otras obras no haya mucha diferencia de estilo o en los textos. Ante un escenario tan desolador busca aferrarse a Aquél que es capaz de cambiar el curso de la historia. Es un recurso necesario para no sucumbir interiormente ante la posibilidad de la muerte y la incertidumbre del sin-sentido de este mundo. Y justo es en este punto en que sostengo que el acercamiento de Miguel Bernal Jiménez a la Música Sacra fue de lo más afortunado. Tal vez sin alguna de estas condicionantes: el catolicismo arraigado, las actividades musicales y litúrgicas del Orfeón Pío X, la relación estrecha con el Padre José María Villaseñor, la persecución religiosa, su inclinación a la piedad y sobre todo sus grandes dotes musicales… no hubiera sido posible contarlo como uno de los músicos mexicanos más importantes por lo menos del siglo XX…

(Continuará…)