Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte V)

Les ofrezco a continuación, la quinta y última entrega de la ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia y que les he estado compartiendo.  Espero sus comentarios.

Obras ¿sacras o litúrgicas?

El tema de si las obras de Miguel Bernal Jiménez son sacras o litúrgicas es un punto que no quiero dejar en el tintero. Para quienes se dedican por completo a la música no-sacra, tal vez sea un tema poco relevante pero sí quiero permitirme esta aportación. Hagamos, primeramente, la distinción entre las obras sacras y las obras litúrgicas. Actualmente, en las escuelas de música sacra se hace mucho hincapié a los alumnos sobre las características que debe tener la música para que sea verdaderamente litúrgica, a saber: Santidad, Bondad de formas y Universalidad. Estos aspectos no son nuevos. De hecho, son la base y cimiento donde se fundamenta la reforma de San Pío X. Lo tenemos textualmente expresado en su Motu Proprio ‘Tra le sollecitudini’, promulgado en 1903 y que como hemos comentado marcó un fuerte parteaguas en la historia de la música sacra. Me voy a permitir citar el número 2 de este documento:

“Por consiguiente, la música sagrada debe tener en grado eminente las cualidades propias de la liturgia, conviene a saber: la santidad y la bondad de las formas, de donde nace espontáneo otro carácter suyo: la universalidad. Debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes. Debe tener arte verdadero, porque no es posible de otro modo que tenga sobre el ánimo de quien la oye aquella virtud que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos. Mas, a la vez debe ser universal, en el sentido de que, aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, éste debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena”.

Tenemos, repito, estas tres cualidades, Santidad, Bondad de formas y Universalidad y que son indispensables para considerar o no una obra apta para la liturgia. Este discernimiento vale sobre todo para los repertorios con los que cuenta cada lugar. Y allí es donde encontramos una especie de ambigüedad. Una obra podrá ser perfectamente sacra, es decir, que gire sobre temas religiosos o piadosos y no sea apta para su uso durante las celebraciones litúrgicas. Si toda obra, desde su factura, debe ser ‘santa’, es decir, hecha para un fin litúrgico específico, sin mezcla alguna de motivos profanos, ya tenemos de entrada que quedan fuera de la lista todas aquellas obras que no tienen un fin litúrgico específico, es decir, que no son propias para algún momento de la celebración. Pongamos un ejemplo: el villancico ‘Por el valle de rosas’ del maestro Bernal. El texto dice:

“Por el valle de rosas de tus mejillas,

corren dos arroyitos de lagrimitas,

déjame, deja que ellas la sed apaguen,

que me atormenta.

Duérmete, Jesús mío, duerme en mis brazos,

y no llores, no llores por mis pecados.

Duérmete, duerme, y aunque llorar me sientas,

no te despiertes”.

El texto es bellísimo, no hay duda. Sin embargo, siguiendo las exhortaciones del Motu Proprio, (y también de las orientaciones del Concilio Vaticano II), sabemos que no podemos incluir el villancico dentro de nuestro ‘repertorio litúrgico’, porque no fue hecho para algún momento celebrativo. Podremos incluirlo en los actos de piedad, como es el rosario, novenas u otros actos de devoción, pero no para la liturgia. Lo mismo sucede con las otras dos cualidades de la música litúrgica, la bondad de formas y la universalidad. Con uno de éstas que falte basta para una obra no sea apta para la liturgia aunque sí sea una obra sacra. Entendemos por ‘Liturgia’ a la Misa o Eucaristía, a la Liturgia de las Horas y a la celebración de alguno de los Sacramentos. El mismo maestro Bernal lo expresaba con estas palabras en el citado artículo ‘Ratisbona, 1890…’:

“Podemos, por tanto, (hablando de la bondad de formas), afirmar que las otras dos condiciones del arte musical eclesiástico: la santidad y la universalidad, están subordinadas a la primera, como lo accidental a lo sustancial, y concluir diciendo: para que una música sea bella, no hace falta que sea santa; pero, para que sea santa, sí ha de ser bella. Para que una música sea universal, tampoco es fuerza que sea santa; pero no puede ser esto último sino a trueque de ser hermosa. Porque una música que no es Música es una nuez vana”.

Siendo totalmente estrictos con estos puntos, podemos ver que gran parte de las obras de Miguel Bernal son obras sacras pero no litúrgicas, aunque sean muy bellas y estén limpiamente bien trabajadas. Todavía le tocó a él estar en un proceso de reforma y adaptación a las nuevas directrices. No obstante, tenemos misas, motetes y obras para órgano solo que perfectamente entran en el repertorio litúrgico y que tanto aquéllas como éstas merecen seguir escuchándose en nuestros templos y no sólo en las salas de concierto.

Reiteremos: una de las más grandes preocupaciones de Miguel Bernal fue precisamente poner en práctica todos y cada uno de los puntos del Motu Proprio. Si todo proceso conlleva su tiempo, es evidente que tratándose de la reforma promovida por San Pío X fue todo un despliegue de esfuerzos a veces extenuantes, con todo y sus resistencias.

Ahora bien, un punto muy importante que debemos tomar en cuenta es que la vida de Miguel Bernal Jiménez transcurrió en la primera mitad del siglo XX, cuando aún no se había celebrado el Concilio Vaticano II. Con la reforma conciliar, y más concretamente con la Constitución Sacrosanctum Concilium, la Música Sagrada y Litúrgica ha sufrido grandes cambios. No es el momento para hacer un análisis de la situación actual de la Liturgia pero sí hay que considerar que si a Miguel Bernal Jiménez le hubiera sido posible vivir los cambios litúrgicos de la segunda mitad del siglo XX, seguramente hubiera redoblado sus esfuerzos por lograr celebraciones totalmente bellas y llenas de dignidad, como Dios merece. No sabemos cuál sería su pensamiento y su crítica por los abusos que se dan con tanta frecuencia en nuestras liturgias y esto debido a una lectura poco afortunada de las disposiciones del Concilio. ¿Qué diría él de las actuales composiciones? ¿Qué críticas merecerían la pobreza musical de algunas iglesias? ¿O qué nos diría al escuchar las guitarras durante la misa?… Actualmente se ha dado prioridad a la sencillez de las composiciones litúrgicas, sin por ello caer en lo vano o insustancial, facilitando la plena participación de los fieles en las celebraciones. Pero el maestro Bernal fue muy claro y preciso en el citado artículo sobre Ratisbona con respecto a lo ambiguo que puede ser lo fácil:

“Las composiciones fáciles de los grandes maestros nos enseñan qué difícil cosa sea la facilidad. Bach escribió ‘para los principiantes’ pequeños preludios, fugas e invenciones; y los profesores de plano nos podrán decir si se equivocó Bach o no. Sólo a los ratisbonenses se les pudo ocurrir que traían en el bolsillo el secreto de la facilidad. ¡O beata facilitas! ¡O facilis beatitudo!…”

Entonces, ¿qué opinaría Miguel Bernal al escuchar nuestras nuevas composiciones?… No lo sabemos y así nos quedaremos… Los ‘hubiera’ son los momentos más inútiles de nuestra conjugación existencial.

Labor inconclusa y tarea pendiente: la coherencia.

Sabemos que todo el trabajo emprendido y realizado por Miguel Bernal Jiménez quedó bruscamente interrumpido por su prematura muerte. En todos los ámbitos donde él trabajó dejó muchas tareas que hasta el día de hoy permanecen inmutables o en el peor de los casos, se han quedado en el olvido. Sus inquietudes siguen siendo las inquietudes de nuestras generaciones: Agradar a Dios con nuestro canto y entregarle obras llenas de belleza y dignidad para provecho de todos. Los músicos de iglesia tenemos el compromiso de revisar y analizar nuestra propia vocación y purificar nuestras intenciones de toda estética vana. Recordemos que la misa no es un concierto sino el lugar del encuentro y diálogo con Dios que luego nos hace salir al encuentro de los demás y brindarles nuestra mejor muestra de caridad. Miguel Bernal Jiménez nos enseñó en su corta vida que sí es posible ser coherente entre lo que se profesa y lo que se vive poniendo al servicio de Dios y provecho de los hombres todas las capacidades que se nos han sido dadas gratuitamente.

Gracias por leerme.

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte IV)

Les ofrezco a continuación, la cuarta de cinco entregas de la ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia y que les he estado compartiendo.  Espero sus comentarios.

“La Reivindicación del Músico de Iglesia”.
Tenemos, entro muchos, otro artículo publicado en la revista Schola Cantorum, (No. 7 del Año X, de julio de 1948), que traduce perfectamente la vocación de la que hemos hablado y las cualidades que deben de revestir a aquellos que se dedican a este servicio divino. Es un artículo largo también dividido en dos entregas, firmado por el mismo maestro Bernal. Esto es notorio sobre todo porque sabemos que en muchas ocasiones hacía sus aportaciones a la revista bajo seudónimos. No es el momento para abundar en detalles sobre este artículo pero hay algunos puntos sobre los que sí quiero hacer algunos comentarios. El artículo en su primera parte hace un recorrido del proceso por el cual, según investigaciones de su época, había pasado la música sacra desde los primeros siglos de la Iglesia, el medioevo, el renacimiento, el barroco y clasicismo hasta llegar al siglo XIX con la ópera en su apogeo y la marcada decadencia de la música sacra. Temas que hemos estado comentando a lo largo de estas líneas. Hay algunos detalles que llaman desde luego la atención: el continuo énfasis en la distinción entre música sacra y música profana; el lugar preminente que debe ocupar la música sacra; la ya entonces lamentable situación de la música sacra y el poco eco que aparentemente tuvo el Motu Proprio sobre todo en este lado del mundo. La segunda parte del artículo, publicada un mes después, en agosto de 1948 continúa su defensa de la música sacra y hace algunas comparaciones de los antiguos genios con los que actualmente ‘se atreven’ a escribir obras sacras sin una conveniente preparación. Pero aquí es justo cuando podemos contemplar a Miguel Bernal Jiménez tal y como es. Las cualidades del músico de iglesia son precisamente aquellas con las que él se siente dotado y que no le es posible hablar como propias (por no faltar a la humildad tan fuertemente marcada en su época), y que exige que tengamos todos los que nos atrevamos a ejercer este sagrado ministerio. En extracto y de su propia redacción les ofrezco las siguientes líneas que refuerzan lo que acabo de comentar:

“Para devolver a nuestro músico su primitiva grandeza hay que darle una formación artística superior a la que recibe el laico, y ello por tres razones:
1. Porque el arte que debe producir ha de ser superior intrínsecamente al profano, siendo destinado a Dios.
2. Porque el músico litúrgico es un especialista. Lo que diferencia su arte es la inspiración, el estilo, si se quiere, pero no la técnica… El músico de iglesia sabrá tanto como el de concierto o el de teatro y más todavía, su propia especialidad.
3. Porque, para producir obras de arte con valor absoluto, intrínseco y universal, menester es reunir en ellas estos dos factores: Técnica e inspiración…”

Hay que tener muy en cuenta este último punto porque es precisamente lo que para Miguel Bernal distingue al músico litúrgico y donde fundamenta la verdad de su ministerio: la técnica, adquirida mediante el estudio, la dedicación, la tenacidad, la perseverancia, las horas de práctica, etcétera y la inspiración que viene de una vida de oración y en constante coherencia con el Evangelio. Sólo así, según nos dice el maestro Bernal, podemos considerar un llamado específico del músico de iglesia. Y como comentaba anteriormente, pareciera que él mismo se describe y se pone como ejemplo para que comprobemos que sí se puede concretar esa vocación.
El artículo, repito, es de 1948, ocho años antes de su prematura muerte. Sin embargo, a sus 38 años, Miguel Bernal Jiménez había alcanzado ya cotas muy altas en todos los aspectos y con el peso de su autoridad pudo escribir con contundencia uno de los artículos más completos que a mi parecer, hay en todas sus publicaciones. Todos los demás escritos, antes y después de éste, son para mí preludio y sortie de un mismo tema, y que fue su gran preocupación desde su llegada de Roma hasta su muerte: La Reivindicación del músico de iglesia.

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte III)

Como les comenté en las entregas anteriores, les he estado compartiendo el texto de la ponencia que me invitaron a dar  en Morelia, el jueves 27 de noviembre, con el título La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la tercera de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Y sigo esperando sus comentarios.

Ratisbona, 1890: ¿a favor o en contra?

URatisbona 82na de las grandes preocupaciones de Miguel Bernal Jiménez fue precisamente la dignificación de las celebraciones litúrgicas con obras dignas, nobles y bellas. Su ‘Salmo’ lo describe perfectamente: “En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres…”. Me es muy curioso notar, por lo menos en todos los documentos que tengo a la mano, que nunca lo vemos pretencioso ni presuntuoso. Sin embargo es conocedor de su oficio y buen crítico. En uno de los muchos artículos que publicó en la revista Schola Cantorum abordó el tema con detalle y puedo atreverme a decir que, a juzgar por la redacción, desconocemos al maestro Bernal, o mejor dicho, es ahora cuando lo vemos en toda su estatura y talante. El nombre del artículo fue: “Ratisbona, 1890. Balance, preámbulo y advertencia”, y lo podemos encontrar dividido en dos entregas, junio y julio de 1942. En él hace un serio análisis de la situación de la música sacra; hace un breve recorrido a través de la historia de la música sagrada, sobre todo en su decadencia del siglo XIX; menciona cómo fue la fundación de la primer Escuela de Música Sacra en el mundo, ubicada en la ciudad de Ratisbona, Alemania, y cómo fue promotora de las reformas del Papa San Pío X. Luego, hace también un panegírico al Reverendo Franz Witt, un muy notable músico que no sólo era conocedor del canto gregoriano sino de las formas clásicas de la polifonía renacentista. Y mereció grandes elogios por parte de Miguel Bernal no sólo por su dominio de la música sagrada, sino por haber creado obras litúrgicas de todo tipo con un estilo propio, sin necesidad de copiarlo a nadie. La escuela de Ratisbona tuvo su mejor momento en vida del Reverendo Witt, pero al morir éste las cosas cambiaron drásticamente.

En realidad, ¿en qué consistía precisamente este estilo tan criticado de la escuela de Ratisbona? En varias ocasiones lo compartimos hace años el maestro Juan Manuel Lara y yo al estar buscando en la biblioteca musical de mi comunidad repertorio para el coro de mi Monasterio. La respuesta nos la da el mismo maestro Bernal en su artículo: al morir Franz Witt, se quedaron al frente de la escuela y de todo el movimiento que ésta estaba generando, dos personajes a los que Miguel Bernal no ahorró crítica: Mons. Francisco Javier Haberl y Miguel Haller. Aunque habían colaborado muy cerca del Reverendo Witt no fueron herederos de su ‘espíritu’ y volcaron todos sus esfuerzos en mantenerse del todo ‘conservadores’ y fieles al estilo de Palestrina pero con muchas y muy notables diferencias desafortunadas: imitar en todo lo posible el estilo y la técnica de este músico, advirtiendo que era lo único válido para la composición; ignorar completamente las formas contemporáneas de armonía y composición, etc. Es evidente que las obras surgidas bajo estos criterios son de valor mucho inferior y con motivos a veces ya muy gastados, ‘estériles, cansados y viejos’ como diría Miguel Bernal, en el mejor de los casos o con resoluciones poco afortunadas. El resultado: se editaron y circularon por todo el orbe obras ‘mediocres’, (sin sobre entender el pensamiento del maestro Bernal), y con muy poco valor artístico… Siendo honestos, pocas de las obras del estilo de Ratisbona se escapan de lo soso y lo machacón.

El maestro Bernal es claro y contundente en su artículo. Se nota un especie de ardor en sus líneas que pareciera todavía sigue vivo el látigo con que ‘arremetió’ su discurso. Cito algunas frases:

“Se quiere hacer creer que un cierto estilo de Música Sagrada (el que más adelante llamaremos con el nombre de ‘Ratisbona, 1890), es el único conforme a las prescripciones eclesiásticas; y siendo esto falso,… nos sentimos obligados… a oponernos firmemente a tan desorientadora labor”..

“… si Haberl y Haller estudiaron la transcripción, la melodía, las combinaciones contrapuntísticas de la obra palestriniana, en cambio su interpretación, su ritmo, su alma no les fueron revelados… De más a más, su desconocimiento del ritmo gregoriano, que para ellos era igualmente ‘solemne’ y un sí es no es mensuralista, acabó por aferrarlos a sus doctrinas asfixiantes, entronizando así una música litúrgica que no es Música pero sí letárgica…”

“Sin embargo, no todo ha de ser censuras. Hay una cualidad en este estilo ratisbonense que es justo reconocer. Me refiero a su facilidad… Con muy poco solfeo, con muy poca voz, con muy poco talento y con muy poco temperamento se deja abordar… Quien adquiere un poco de practiquilla puede echársela debajo del brazo, sin necesidad de estudiar la técnica… Es fácil – ¿qué más se puede pedir? – Si se trata del estilo armónico, esta música puede hacerse por kilómetros…”

Y así continúa con diatribas parecidas… Si hablamos de intensidades, el maestro Bernal estuvo muy intenso en su artículo y llevaba gran parte de razón. Y todavía más: el ánimo se enardece más cuando comienza a hablar de la forma en que este movimiento llegó a México. Éste fue introducido por el Padre José Guadalupe Velázquez y por Agustín González. Ambos, después de haber estudiado por breve tiempo en la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona, fundaron una escuela homónima en 1890 en Querétaro. Podemos decir que fue esta escuela la que, por lo menos en México, difundió todo un estilo compositivo e interpretativo y que, como hemos comentado, fue muy criticado, no sólo por Miguel Bernal sino por varios contemporáneos más. A este respecto el maestro se expresa así:

“Una formación incompleta y desorientada por los prejuicios tenía que ser perjudicial para nuestros dos grandes paladines de la reforma musical religiosa (hablando del Padre José Guadalupe Velázquez y de Agustín González). Su indudable vocación y su grande talento de compositores habían de llevar por toda la vida la tara de Ratisbona”.

Y concluye su artículo con las siguientes palabras:

“La doctrina propagada que defiende el estilo “Ratisbona 1890” como la única expresión permitida a la música sagrada contemporánea es una falsedad, un error y un absurdo ante la historia, ante el arte y ante la Iglesia”.

“No diremos, sin embargo, que la música sacra estilo ‘Ratisbona 1890’ resulte ahora positivamente indigna del templo, pues tal declaración compete a la Iglesia; pero sí que, siendo – por escaso o nulo valor artístico – evidentemente inferior a la música profana moderna, no podemos seguir cultivándola, pues no ofreceríamos a Dios – como Abel – lo mejor que tenemos”.

Tremendas palabras para un gremio tan delicado como es el de nosotros los músicos pero que reflejan su radicalidad en el asunto.

Ratisbona 105Como bien comenta él mismo, la crítica no era hacia alguna persona específica, sino a un estilo de componer música para las celebraciones litúrgicas. Es bien sabido que esta crítica incomodó a no pocos ‘maestros’ contemporáneos del maestro Bernal por lo radical de su postura en contraste con lo fuerte que era la tendencia a seguir estos patrones estilísticos por su ‘sencillez’ y su técnica tan pobre.   En su largo artículo da una descripción de la clase de músico-compositor que se puede llegar a ser: de los ‘liquidados’, de los ‘conservadores’ o de los ‘evolucionistas’. Está por demás decir en cuál de estos grupos se situaba él mismo y hace una larga crítica a aquellos que se encuentran entre los ‘conservadores’, que no quieren salir de su zona de confort, probando nuevas posibilidades musicales con los recursos de la época y que además estiman su estilo como el único verdadero y aprobado por la Iglesia. Años más tarde, en 1947 y 1948, cuando haga el maestro Bernal su gira por Europa, no dejará de visitar la Escuela de Música Sagrada de Ratisbona y hablará con su director, el doctor Ferdinand Haberl (ignoro si fuera pariente del tan criticado Mons. Francisco Javier Haberl), que seguramente cubriría de aceite esa llaga que traía abierta desde su artículo publicado en 1942 y que causó tanta polémica y tanta desazón…

Continuará…

Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez (Parte II)

Como les comenté en la entrega anterior, me invitaron a dar una ponencia en Morelia, el pasado jueves 27 de noviembre y mi tema fue: La Obra Sacra de Miguel Bernal Jiménez.  Les ofrezco a continuación, la segunda de cinco entregas de esta ponencia que di en el Primer Coloquio sobre Miguel Bernal Jiménez, que se llevó a cabo en el marco del Festival de Música de Morelia.  Sigo esperando sus comentarios.

Miguel Bernal 2Estudios magistrales vs. penurias económicas: el dilema de todo músico de iglesia.

Entre los años 1928 y 1933, como todos sabemos, encontramos al joven Miguel Bernal haciendo estudios musicales en Roma, en la Pontificia Scuola Superiore di Musica Sacra donde estudió órgano, contrapunto, musicología, composición, armonía y canto gregoriano. De entre sus maestros podemos nombrar al organista Rafael Manari y a Licinio Refice quien, para los que estamos familiarizados con el repertorio sacro–litúrgico de la primera mitad del siglo XX, sabemos el estilo y la calidad compositiva de éste último por todas las misas y motetes que nos han llegado a nuestros días. La vida en Roma para Miguel Bernal no fue fácil: estuvo cuajada de penurias sobre todo en el ámbito económico y justo coincide su estancia en Roma con lo más álgido de la persecución religiosa de nuestro país. Aun así tenemos de esta época un significativo número de obras compuestas en su totalidad para fines sacros: ‘Entonces’, ‘Que te amo’, ‘Canción Guadalupana (1)’, ‘Canción Guadalupana (2)’, ‘Canción Guadalupana (3)’ y Recordare’. A reserva de haber hecho nuevas investigaciones que saquen a luz obras inéditas, éstas que acabo de mencionar están documentadas por la maestra Lorena Díaz Núñez en su Catálogo y Otras Fuentes Documentales sobre Miguel Bernal Jiménez. Más allá de tratarse de pequeñas obras nos hablan de una fe que necesita manifestarse y también de una preocupación ante la incertidumbre y la impotencia que la distancia impone. Es curioso notar que, a pesar de dedicar algunas horas de su descanso a tocar el piano en funciones de magia y de cine mudo, no tengamos una sola obra consignada a cuestiones profanas o mejor dicho no religiosas, lo que nos habla de la fuerte inclinación a la piedad que tuvo y que era constantemente alimentada, aunque sea por carta, por el Padre Villaseñor. Bueno o malo, no lo sabemos y no lo juzgamos pero sí sabemos, y lo reiteramos, que marcó fuertemente la personalidad de Miguel Bernal sobre todo en sus años de madurez personal y artística. Y un punto que no puede quedarse en el tintero es precisamente que por su precaria situación económica se viera forzado precisamente a tocar el piano en diversas funciones. Por experiencia personal pudo saber lo que es tener que buscar otras actividades diversas a las litúrgicas o de culto para poder generar los recursos necesarios para vivir ‘decorosamente’. Tal vez este lastre, que lo acompañó toda su vida, lo hizo desde entonces sensible a las necesidades de los músicos, sobre todo aquellos que se dedican al ‘culto divino’ y al servicio del ‘Altísimo’. En muchos de sus artículos insistirá sobre la necesidad de retribuir de forma justa a los organistas y directores de las Scholae, para que se les diera un estipendio digno que les permitiera dedicarse sólo a estos servicios, lo cual y hasta hoy vemos que es prácticamente si no imposible, por lo menos muy difícil sobre todo en las iglesias menores o parroquias… En 1933, Miguel Bernal Jiménez regresa a México no sin antes obtener por tres veces el Premio Pontificio por su desempeño sobresaliente entre los alumnos, además las ‘maestrías’ en Composición’, Órgano y Canto Gregoriano.

Las obras sacras de Miguel Bernal Jiménez a partir de 1933: Una vocación de ‘artista enamorado de Dios’.

A partir de 1933 la vida de Miguel Bernal comienza un crescendo sostenuto que mantuvo casi sin interrupción hasta su muerte. Podemos sugerir varias etapas en este proceso pero debido a su amplia gama de acciones en todos los ámbitos no es tan fácil establecer los límites entre una etapa y otra. Así como lo vemos dando conciertos, lo encontramos luego dando clases e impartiendo conferencias; luego organizando los primeros congresos diocesanos de música sacra y al mismo tiempo escribiendo artículos y programas de mano. Sus esfuerzos más extenuantes los vertió en la fundación de la primera revisa sacro–musical de México, del Conservatorio de las Rosas, de los Niños Cantores de Morelia y de otras obras relacionadas. Los que hemos dedicado algún tiempo a estudiar su vida y su obra siempre nos queda la sensación asombrosa y a la vez abrumadora de ver cómo es que le alcanzaba el tiempo para todo y además como completando el cuadro, seguía con sus consabidos problemas económicos. Es a partir de esta época que podemos ya contar en su repertorio abundantes obras profanas como son suites, conciertos, sinfonías, cuartetos y un largo etcétera de obras pequeñas para diferentes usos y circunstancias. Si no lo hubiera hecho así se hubiera muerto de hambre. Pero también lo vemos más prolífico en sus obras sacras que nos dejan entrever su proceso de maduración. Tenemos obras para todos los gustos y necesidades: para voz y órgano; para coro a dos o tres voces iguales y órgano; coro mixto a dos, a tres y a cuatro voces con órgano, con orquesta; obras para órgano sólo, etcétera. No ahorró esfuerzos en proveer a la Liturgia obras de excelente calidad y que cumplieran con las disposiciones del Motu Proprio de San Pío X. Y tal vez en ello descubrió su específica vocación. Con palabras bellas y no exentas de emoción interior, él lo manifiesta en su ‘Salmo’:

“Señor he nacido para cantar tus alabanzas o he vivido en tu casa como un jilguerillo.

Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti…

Por doquiera te escucho y te persigo, amada Voz de la Belleza increada, y voy en pos de Ti ‘como un eco lejano’ y torpe, dulce y obediente…

Así nos descubre el motor interno que puso en movimiento todo su ingenio y virtuosismo. Si las obras profanas son bellas y estrictamente bien trabajadas y completamente impregnadas del nacionalismo propio de su época fue, a mi juicio, por una muy fuerte experiencia y contacto con la ‘Belleza increada’. Él mismo no se concebía como no fuera en primer lugar un músico de iglesia, como solía escribir en muchos artículos. Echando una hojeada al Catálogo de obras podemos descubrir cómo se fue dando este proceso desde “he nacido para cantar tus alabanzas”, hasta “me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti”. Podemos ver el orden cronológico del Catálogo pero agrupar en una sola lista su obra sacra y no deja de sorprender el peso fuerte que ésta tiene con respecto al resto del opus…

(Contuará…)

“El Concierto en Santa Prisca”

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

 

“El Concierto en Santa Prisca”

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El pasado 12 de octubre de 2013 ofrecí un Concierto en el marco del V Festival de Órgano de Santa Prisca, en Taxco, Guerrero.  No tengo costumbre de narrar este tipo de acontecimientos y menos si son casi personales pero en esta ocasión quiero compartir con todos algunos detalles tanto por los que no pudieron asistir como por los que me van siguiendo a través de estas publicaciones en la web.

El Programa estuvo conformado por piezas medianamente sencillas, de diversos compositores y de diversas épocas.  Esto con el fin de hacer accesible y digerible las piezas del repertorio organístico a todos los que me acompañaran sobre todo si no están familiarizados con la música de concierto.  El órgano de Santa Prisca es un instrumento barroco del siglo XVIII, totalmente construido conforme a la escuela española como casi todos los órganos tubulares históricos que tenemos en nuestro país (México).  Es de un solo teclado con registros partidos, es decir, de la tecla central hacia la derecha suenan con unos registros (hileras de tubos con diversos sonidos), y de la tecla central hacia la izquierda suenan con otro tipo de registros.  Hay que tener buenos conocimientos tanto de los múltiples registros como del repertorio organístico, para poder seleccionar adecuadamente las piezas que se van a ejecutar porque, debido a las características tan específicas de este tipo de órganos, no todo puede ser tocado, ni tampoco todo suena bien.

Les transcribo a continuación, junto con los títulos de las obras, todas las notas del programa que elaboré y que fueron leídas antes de cada pieza mientras yo aprovechaba esos espacios para colocar los registros del órgano.  Estas notas nos ayudan a introducirnos en lo específico de cada pieza y nos orientan en cuanto a su temática y su interioridad.

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Notas al Programa

  1. Gran Plein Jeu de la Suite en Primer Tono
  2. Basse et Dessus de Trompette de la Suite en Primer Tono

Louis – Nicolas Clérambault (1676 – 1749)

“Al entrar a un templo ocurre una especie de milagro: pasamos del mundo profano de nuestra existencia al mundo de lo sagrado; ingresamos al espacio y al tiempo de la divinidad…  Incluso los no creyentes pueden llegar a sentir algo distinto en un espacio sagrado, que los lleva a guardar silencio y asumir una actitud diferente a la habitual…”  (José Antonio Robles Cahero: Sonido, silencio y espacio: la música sacra y la arquitectura). 

Las presentes obras con las que abro este concierto son una selección de piezas típicas de la literatura organística francesa. La primera es una gran obertura con aire maestoso y solemne que perfectamente nos introduce en el ámbito del gran Dios, Rey y Señor.  La segunda pieza es una especie de duelo de voces.  La voz grave, en contraste con la aguda, hace gala de su virtuosismo y nos ofrece su canto muy al estilo de la corte francesa del siglo XVIII.

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1. Sonata en Modo I  d’Intavolatura per Organo e Cimbalo:

Verso I

Verso II

Verso III

Verso IV

2. Pastoral

         Doménico Zípoli (1688 – 1726)

Doménico Zipoli fue un compositor italiano nacido en el barroco del s. XVII.  Después de hacer estudios musicales ingresó en la Compañía de Jesús en Sevilla desde donde partió hacia América del sur para proseguir sus estudios y ordenarse sacerdote, cosa que nunca logró debido a su muerte prematura.  Sin embargo gran parte de las obras que escribió son sencillas, sin pretensiones y al parecer para escuchas no familiarizados con estructuras europeas.  Estas piezas son un ejemplo de ello.  Lo más probable es que hayan sido compuestas para evangelización de los pueblos andinos.  En esta ocasión escucharemos dos piezas de una pequeña colección de obras para órgano o clavecín.  La primera está subdividida en cuatro pequeños versos y la segunda es una Pastoral.  Las Pastorales eran piezas del repertorio típico de la Italia de los siglos XVII y XVIII, para el tiempo de Navidad.  Éstas reflejan el gozo y la paz por el nacimiento del Salvador, expresados en el ritmo de siciliana que tiene la 1ª. y la 3ª. parte.  A diferencia de otras pastorales, ésta incluye una parte central con ritmo más vivo y festivo que nos sugiere al pastorcillo que con su flauta brinca y se regocija por la llegada del Salvador.

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Marcha para trompeta

Anónimo

Una pequeña pieza que nos permite apreciar las posibilidades del órgano en sus registros llamados ‘de trompeta’ que en órganos estilo español son los tubos horizontales que frecuentemente están sobre la cabeza del organista.

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Voluntario V

Adagio

Andante Largo

Moderato

         Charles John Stanley (1712 – 1786)

El nombre de “voluntario” es el equivalente del tiento español y del ricercare italiano, es decir, una pieza frecuentemente con carácter de improvisación en que el autor busca, tantea, prueba lo que se puede hacer con un tema;  en algunas ocasiones va seguido de una especie de fuga, lo que lo convierte en un equivalente de los Preludios y Fugas de la escuela alemana.  En el caso de la presente obra Stanley nos presenta la estructura de una Sonata ‘de Iglesia’ cuyos movimientos lento-allegro-lento varían de la Sonata tradicional (allegro-lento-allegro).  Las sonatas ‘de Iglesia’ llegaron a su pleno desarrollo con el músico italiano Marcello Benedetto (con movimientos lento-allegro-lento-allegro), y se propagaron con rapidez por toda Europa.

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  1. Sanctus de la Misa IX Gregoriana ‘Cum Iubilo’
  2. Elevation sobre dos temas del Sanctus de la Misa IX ‘Cum Iubilo’

Dom Paul Benoit, O.S.B. (1893 – 1979)

Escucharemos primero todo el Sanctus gregoriano de la Misa IX  ‘Cum Iubilo’ dedicada a la Virgen María, armonizado de manera muy sencilla.  Al terminar escucharemos la Elevation, pieza con temas gregorianos, tomados del mismo Sanctus.  Estas ‘Elevaciones’, eran habitualmente ejecutadas en la misa durante la Consagración hasta antes del Concilio Vaticano II.  En la presente pieza tenemos al principio una pequeña célula del primer Sanctus gregoriano que se va repitiendo con variantes, como para reafirmar que sólo Dios es ‘Santo’; lo mismo sucede en el segundo tema que es parte del Benedictus gregoriano  y nos sugiere que sólo Dios es el ‘Bendito’.  En la parte final se fusionan los dos temas de manera magistral, dejándonos en un ambiente de eternidad.

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  1. Kyrie
  2. Sancta María in Cosmedin
  3. Ite, Missa est

Miguel Bernal Jiménez (1910 – 1956)

Tres piezas de del libro de ‘Catedral’ que es una colección de piezas compuestas por el músico moreliano Miguel Bernal Jiménez.  Su factura es de ejecución medianamente sencilla y para órganos o armonios con  pocos registros.  La verdadera riqueza de estas piezas está en su expresividad en la ejecución.  Personalmente, es costumbre mía incluir piezas de este gran maestro en mis programas de concierto, y esta ocasión no sería la excepción.  Primero tenemos ‘Kyrie’ que es la triple súplica de la misericordia de Dios evocado en la triple repetición del tema principal.  Sancta María in Cosmedin nos evoca uno de tantos templos europeos dedicados a la Virgen María y que nos produce una sensación de nostalgia y amor marianos.  La última pieza es el Ite, missa est.  Pequeña frase que significa “Ésta es la despedida”.  Con estas palabras se despedía a la asamblea al terminar la Misa católica hasta hace unos 50 años.  Pequeño también es el tema de esta pieza que se va desarrollando muy sencillamente, casi con timidez y que al concluir nos deja envueltos en un ambiente de sosiego y paz, como cuando termina la celebración litúrgica.

concierto Taxco, 2013 imag 6Como anotaba más arriba, la selección de piezas la hice tomando en cuenta los registros del órgano, sus características y sus posibilidades.  Busqué en todo momento que fueran piezas del repertorio sacro y que en su ejecución se explotaran al máximo los diferentes sonidos del instrumento.  Hay que hacer notar que tiene una muy buena trompetería, que son los tubos colocados de forma horizontal, muy a menudo por encima de la cabeza del organista, y cuyo sonido es mucho mejor apreciado desde el centro de la nave del templo que desde el coro mismo.  El órgano de Santa Prisca ha pasado por un buen proceso de restauración y aunque todavía le faltan algunos detalles, es una experiencia exquisita poder tocarlo y disfrutar cada uno de sus sonidos.

Imagen Al terminar el concierto, el público pidió la tradicional ‘propina’…  Toqué el famoso ‘Ofertorio’ del ya mencionado Doménico Zípoli, con ayuda de mi buen anfitrión y organizador artístico, Sebastián Hernández, que hizo de ‘bordón’ y que en todo el concierto me apoyó con la registración.  Fue un éxito rotundo: la ovación estalló para sorpresa mía… Bajé del coro y agradecí a todos sus efusivos aplausos y el haberme acompañado en uno de los pocos conciertos que me es posible dar…

Les pongo a continuación dos párrafos tomados de documentos del magisterio sobre la Música Sacra y que también incluí en las notas del programa.

“Entre los instrumentos a los que se les da entrada en las iglesias ocupa, con razón, el primer puesto el órgano, que tan particularmente se acomoda a los cánticos y ritos sagrados, comunica un notable esplendor y una particular magnificencia a las ceremonias de la Iglesia, conmueve las almas de los fieles con la grandiosidad y dulzura de sus sonidos, llena las almas de una alegría casi celestial y las eleva con vehemencia hacia Dios y los bienes sobrenaturales”.  (Músicae Sacrae, No. 18).

 “Es absolutamente indispensable que los organistas y demás músicos posean no sólo determinada pericia para tocar los instrumentos a ellos confiados, sino que además conozcan y penetren el espíritu íntimo de la Liturgia, a fin de que aun cuando tengan que ejercer su función improvisadamente, consigan embellecer la sagrada celebración, conforme a la verdadera naturaleza de cada una de sus partes, y hagan más fácil la participación de los fieles”  (Músicam Sacram, No. 67)

concierto Taxco, 2013 imag 5 

Quiero terminar con una frase del maestro Miguel Bernal Jiménez que siempre hago mía y con la que me gusta mucho concluir mis publicaciones: “Por doquiera te escucho y te persigo amada Voz de la Belleza increada.  Y voy en pos de Ti como un eco lejano y torpe, dulce y obediente.  En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres…

 Sor Beatriz Alceda, O.I.C. 

Organista y Directora de Coro

 

¿Sólo así he de irme?,

¿como las flores que perecieron?;

¿nada quedará de mi nombre?,

¿nada de mi fama aquí en la tierra?:

¡Al menos flores, al menos cantos!

 (Cantos de Huexotzingo)

 

 

Reseña del XXXIV Congreso Nacional de Música Litúrgica

Les comparto la reseña del XXXIV Congreso Nacional de Música Litúrgica y Sacra que se llevó a cabo en la ciudad de Guadalajara, México, del 13 al 17 de febrero de 2012.  Esta reseña es una aportación del Mtro. Rogelio Vázquez, actual encargado del Instituto Superior de Música Sacra de Morelia (ISMUSAM).

XXXIV Congreso  Nacional de Música Litúrgica y Sacra en Guadalajara.

Congreso de Música Litúrgica, Guadalajara, 2012

Se inició el XXXIV Congreso nacional de Música Litúrgica compartiendo los alimentos a la hora de la comida.  El rencuentro con compañeros y colegas estuvo marcado de una gran alegría y cordialidad. Acompañaron a los congresistas los señores obispos Víctor Sánchez Espinoza, arzobispo de Puebla y responsable de la dimensión litúrgica de la CEM y Mons. Francisco Moreno Barrón, responsable del Departamento de Música Litúrgica.  Posteriormente ambos obispos, junto con el secretario general del Departamento, Mtro. Gabriel de Jesús Frausto Zamora, dieron la bienvenida a los 173 congresistas que representaron a 42 diócesis de nuestra República Mexicana, más algunos sacerdotes y congresistas que asistieron de las Diócesis de Venezuela, Colombia, República Dominicana,  Estados Unidos y del Pontificio de Música Sacra de Roma.

Mons. Víctor Sánchez exhortó a los asistentes a continuar con esta loable y noble labor de dignificar el canto dentro de las celebraciones litúrgicas principalmente de la Eucaristía, ya que es parte integral de la misma, aún más dentro del marco del aniversario 50 de la promulgación de la Sacrosanctum Concilium que se celebrará este año. Luego, ofreció un merecido reconocimiento a la invaluable colaboración que desde hace muchos años viene realizando Mons. Francisco Moreno, obispo de Tlaxcala y el maestro Gabriel Frausto al frente de este Departamento.  También se recibió un saludo de Mons. Hermenegildo que desde su lecho de enfermedad se une espiritualmente en los trabajos de este Congreso.

Tras un ensayo con el Coro de la Universidad de Colima se celebró la Misa de apertura con la presencia de ambos obispos, concelebrando un buen número de sacerdotes asistentes a este congreso. Después de alimentarse espiritualmente se pasó a compartir el pan y la sal en las instalaciones de la Escuela de Música Sacra de Guadalajara.

Martes 14 de Febrero

Conferencia del P. Ernesto EstrellaDespués la celebración de Laudes y del desayuno se dio inicio a las actividades de día que comenzaron con una ponencia magistral del padre Ernesto Estrella en la que habló sobre el desarrollo de la música litúrgica después del Vaticano II partiendo de la experiencia del Motu Proprio de San Pío X, abordando diversos documentos, Musicam Sacram, Quirógrafo de Juan Pablo II, hasta unas prenotadas de Benedicto XVI compiladas en un libro intitulado “Alabar a Dios con el arte”.  Realizó un análisis de la realidad de cómo se encuentra la música que se interpreta dentro de nuestras iglesias.  Esta música muchas veces se encuentra al margen de las directrices que la Iglesia le marca quedando sujeta a caprichos y gustos personales, muchas veces de los mismos sacerdotes que, por desconocimiento o por descuido, no toman en cuenta los distintos documentos que hablan sobre el tema.  También expuso el lamentable abandono en que se encuentra el Canto Gregoriano por parte de la mayoría de nuestros coros y la necesidad de retomar su importancia dentro de la Liturgia solemne.

Se abordó una visión sobre el actual estado de la música litúrgica desde el punto de vista de varios estudiantes de música litúrgica de la ciudad de Guadalajara. Posteriormente varios congresistas expusieron diversas experiencias sobre cómo  viven  la música litúrgica en las diferentes partes de nuestra República de donde provienen haciendo una reflexión muy detallada de nuestra realidad como Iglesia de México. Sobresalieron las siguientes inquietudes:Misa solemne en la Ig. de N. Sra. de Loreto, Congreso Guadalajara, 2012

  1. La necesidad de tener un órgano de difusión y formación escrito (revista) sobre la música litúrgica.
  2. La necesidad de tener mayor injerencia, como departamento, para que en los seminarios y casa de formación religiosa haya una adecuada formación acerca de la música litúrgica.
  3. La necesidad de promover y difundir las escuelas de música sacra y litúrgica existentes en el país.
  4. Buscar medios de formación óptima y permanente para coros y grupos parroquiales.

Muestra académica del Instituto de Música Sacra de Guadalajara.

Por la tarde, se llevó a cabo la presentación audiovisual sobre la historia de la Escuela de Música Sacra de Guadalajara en el marco del 75° aniversario de su existencia.  A continuación el maestro decano de la misma, maestro de maestros, Domingo Lobato dio un mensaje al pleno de cómo era la formación en la segunda mitad del siglo XX en la música sacra de esta ciudad, y cómo se fue desarrollando y acrecentando con los esfuerzas de muchas personas, incluyendo su valiosa colaboración y la del padre Aréchiga, quien fuera el que lo invitara a colaborar con la formación de músicos de y para la Iglesia al graduarse de la Escuela Superior de Música sacra de Morelia.

Coro de la Escuela Superior de Música Sacra de Guadalajara. Congreso, 2012Posteriormente se ofreció  un concierto con alumnos y profesores egresados  de la misma. Es necesario mencionar que más del 50% de las obras ejecutadas fueron parte del valioso repertorio de música sacra universal, abarcando desde el periodo de la polifonía clásica de Tomás Luis de Vitoria del siglo XV, pasando por el barroco alemán con obras de J.S. Bach al órgano, hasta abordar obras del repertorio contemporáneo. Además algunos alumnos dieron muestra de su avance académico en instrumentos como el piano y el órgano.

La celebración Eucarística estuvo solemnizada por el Coro de la Escuela de Música Sacra y presidida por el obispo auxiliar de Guadalajara, Mons. Leopoldo González González.

Miércoles 15 de febrero

Seminario de la Arquidiócesis de Guadalajara. Congreso, 2012Este día el trabajo se llevó a cabo en las Instalaciones del Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Guadalajara. Se inició con una charla a cargo del Preside del Pontificio Instituto de Música Sacra de Roma, Mons. Valentino  Miserachs Grau intitulada “El canto litúrgico en el tiempo de Adviento y Navidad”. Más que abordar una teoría exhaustiva, se buscó una ponencia práctica debido a la poca cantidad de cantos litúrgicos existentes en nuestros repertorios para estos tiempos, principalmente el de Adviento. Mons. Miserachs sugiere retomar el repertorio gregoriano existente para este tiempo ya que en él se reúnen los requisitos indispensables que debe tener toda música litúrgica: santa, con verdadero arte, y por tanto universal. Ante todo la música debe ser bella ya que si no lo es, no puede ser parte del repertorio litúrgico porque no ayudaría a este altísimo fin: “elevar las almas a Dios”. Al reunir estas características, el canto por sí mismo llega a ser universal, no importando ni cultura ni acepciones musicales.

Dentro de la ponencia Mons. Miserachs repartió partituras de canto de este periodo litúrgico (Adviento) como muestra de cómo deben ser éstos.  Cabe destacar que, originalmente, estos cantos en lengua catalana e italiano, se tuvieron que adaptar para lograr una versión adecuada para el castellano.  Es elemental que el texto responda en espíritu al momento litúrgico y que dé este sentido inmediato del tiempo para el que fue creado. Es recomendable que se tenga una pequeña introducción que facilite la ejecución del canto.

Se realizó una práctica de interpretación de este repertorio con todos los congresistas. Mons. Miserachs nos enfatizó que se debe tener la paciencia necesaria para que la asamblea aprenda la parte que le toca del canto.

Por la tarde de este día se desarrolló una reunión con los interesados en conformar una vinculación con ‘Pueri Cantores Internacional’.

Orquesta del Seminario de Guadalajara. Congreso, 2012Mas tarde, de parte del Seminario Mayor de Guadalajara, se presentó a los Congresistas una demostración del cultivo que realizan de sus talentos en el área de la formación musical. Se presentó, ambientando la comida, la Banda de Viento que, con gran alegría, nos mostró parte de su repertorio en donde las trompetas, trombones, saxofones, clarinetes, con la base de una tuba,  la armonía de los saxores y el ritmo de la tambora, platillos, timbales y redova hicieron de este momento una fiesta de regocijo entre los participantes del Congreso. Posteriormente en un recital que ofrecieron los seminaristas, la pequeña y naciente orquesta de cámara compuesta de flautas trasversas, violines, violas, violonchelos y bajo nos deleitaron con arreglos de canciones populares y del afamado compositor Juventino Rosas su vals “Sobre las Olas”. Continuó la joven Scholanía Gregoriana que nos mostró un repertorio conformado por piezas del oficio divino del Triduo Santo y una obra del padre fray Octavio Michel, de feliz memoria.  Fray Octavio fue un promotor del canto Gregoriano no sólo en este estado, sino en varias partes de nuestra República, entre ellas Morelia en donde impartió clases de Canto Gregoriano en el curso de verano del Instituto de Música de Morelia. Es importante mencionar que este grupo lleva apenas cinco meses trabajando dos veces por semana en el seminario y ya alcanzó un aceptable nivel de ejecución así como de consolidación vocal. Culminó esta demostración la gran Schola del Seminario que nos presentó, en un alto nivel interpretativo y de ejecución obras de la polifonía clásica así como obras polifónicas compuestas por autores locales destacando las del padre José Ruíz Medrano, que fue también formador del seminario, nivel alcanzado por un constante trabajo de cuatro sesiones semanales desde hace muchos años.

Schola Gregoriana del Seminario de Guadalajara. Congreso, 2012De esta visita me quedó una grata impresión de cómo los formadores valoran el que los alumnos, como parte de su formación integral al sacerdocio, desarrollen su formación musical, la cual los sensibiliza a otras realidades y expresiones. La visita al seminario culminó con una solemne celebración eucarística presidida por el obispo auxiliar y rector del seminario de Guadalajara Mons. Miguel Romano Gómez, en donde la escolanía  interpretó, junto con el resto de los alumnos y los congresistas la primera Misa Pontifical de Perosi y terminando con el canto del Akhatistos, su parte bíblica, en honor de la Santísima Virgen María.

Capilla de la Universidad Católica de Guadalajara (UNIVA). Congreso, 2012Jueves 16 

Este día la charla y práctica de los cantos de Navidad  se desarrolla en las Instalaciones de la UNIVA (Universidad Católica de Guadalajara), en donde Mons. Valentino Miserachs Grau, preside del PIMS de Roma, destacó algunas acepciones para la adecuada ejecución este tipo de cantos:

a)      Se debe respetar el acompañamiento ya que en él reside el sabor navideño característico.

b)      Al componer este tipo de cantos se debe tener una profunda vivencia espiritual que pueda emanar a través de sus sonidos y que recubra la obra en su amplio sentido y permita así ser sentido por los que le escuchan.

c)       Buscar giros melódicos que refuercen el texto y lo revistan de este carácter festivo propio de este tiempo litúrgico.

d)      Poner el esfuerzo en que la gente cante la parte que le corresponde.

e)      Esforzarse en no sólo utilizar, por parte de los compositores litúrgicos y sacros, melodías tonales, sino también giros melódicos modales.

Coro de la Universidad Católica de Guadalajara. Congreso, 2012Posteriormente se tuvo un pequeño recital ofrecido por el coro del Universidad del Valle de Atemajac interpretando los cantos del Ordinario de la Misa del pasada Jornada Mundial de la Juventud y una obra de Mons. Miserachs Grau dirigida por él mismo.

Después de ofrecernos un rico bufet de tacos tipo Jalisco nos trasladamos al centro de la ciudad para tener un recorrido turístico y posteriormente tener la Celebración Eucarística en la Catedral donde presidió Mons. Juan Humberto Gutiérrez Valencia, Obispo auxiliar de Guadalajara El ministerio del canto estuvo a cargo de los alumnos y ex alumnos de la escuela de Música Sacra de la misma ciudad interpretando la segunda Pontifical de Perosi. Al terminar se llevó a cabo un concierto magistral de órgano acompañado por trombón y tuba realizado por maestros de la Sacra de Guadalajara y la Universidad de Guadalajara, y en donde destacaron las obras de Buxtehude para órgano y dos obras contemporáneas para esta dotación de instrumentos.

Chapala. Congreso Guadalajara, 2012Viernes 17 de Febrero.

Después de tomar el desayuno en la Instalaciones de la Escuela nos trasladamos a las riveras del hermoso lago de Chapala en donde se realizó el plenario, la evaluación y la entrega de diplomas a los participantes de este Congreso Nacional de Música Sacra. Cabe destacar las experiencias compartidas por algunos sacerdotes y maestros provenientes de Venezuela, Puerto Rico, Colombia y Estados Unidos, los cuales nos participaron de la enorme alegría de haber asistido a este Congreso.  Felicitaron los esfuerzos del Departamentos Episcopal para la Música Litúrgica ya que año con año se realiza este encuentro que en muchos lugares ni siquiera se sueña y en otros raramente se realizan, incluyendo Europa y que son una enorme riqueza para todos aquellos que luchamos por la dignificación de la música litúrgica.  Se plantearon las posibles sedes para el próximo Congreso, quedando la diócesis de Tlaxcala como anfitriona para el 2013 y el cual se realizará del 4 al 8 de febrero teniendo como punto de reunión la casa de retiros Fray Julián Garcés a un lado del seminario mayor diocesano de Tlaxcala.

Algunos congresistas en el malecón de Chapala. Congreso, 2012Posteriormente se realizó la clausura del Congreso con una celebración Eucarística presidida por Mons. José Francisco González González,  Obispo auxiliar de Guadalajara, coordinando el ministerio del canto el Instituto de Música Sacra de Morelia en donde se estrenó una misa breve, de forma modal, en español del maestro José Nezahualcoyotl Pineda Gómez, maestro del ISMUSAM,  en honor a San Esteban y se tocaron obras para las partes del propio de la misa del maestro Miguel Bernal Jiménez y del padre Xavier González.  Después de un banquete ofrecido por el párroco de esta hermosa localidad cada quien partió a su destino de origen con la consigna de renovar esfuerzos por la dignificación de la música Litúrgica en cada una de nuestras Diócesis y Provincias, al mismo tiempo con la esperanza de rencontrarse dentro de un año en la ciudad de Tlaxcala. Hasta el próximo año si Dios así lo quiere.

“El Órgano en México” (Parte IV)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual.

Parte IV

Hablemos ahora de la situación de los organistas que no es menos lamentable la situación actual de los instrumentos.  En el citado Congreso de Morelia tuve oportunidad de charlar ampliamente con algunos de estos grandes del instrumento y me compartían las dificultades que tienen para realizar su trabajo.  El estudio lo hacen en casa, en algún electrófono Hammond o algo parecido.  Pero los lugares donde pueden encontrar órganos tubulares para desarrollar su carrera son las iglesias, en su mayoría católicas.  Y es de esperarse que los párrocos promuevan la música organística o que al menos concedan a los organistas el lugar que les corresponde dentro del ministerio de la música litúrgica.  Desafortunadamente no es así por lo menos en la mayoría de los casos.  No me agrada parecer a veces tan negativa en mis afirmaciones pero no me gusta hermosear la realidad.  Uno de los organistas me explicaba que en la parroquia donde él suele tocar semanalmente la misa, la relación con el párroco no es la más halagadora y que en ocasiones se pone tensa porque al sacerdote no le gusta que el órgano tenga participaciones como solista dentro de la liturgia.  Es decir, el organista no pasa de tocar algunos cantos ‘populares’ como “Qué alegría cuando me dijeron”, o “Entre tus manos”, sin tener la posibilidad de ahondar en el repertorio litúrgico tanto vocal como organístico, ya sea antiguo o de la época actual.  Hay que decir que, además de las magníficas obras compuestas por los grandes de la historia, actualmente en los lugares más variados del mundo hay hombres y mujeres que se dedican a la composición de música sacra (vocal, organística e instrumental en general) expresamente para la liturgia y que cumple con las normas de belleza y dignidad de que tanto habla la constitución ‘Sacrosanctum Concilium’ del Concilio Vaticano II, en su apartado sobre la Música Sacra.  Pero no es posible que estas composiciones sólo se queden en simples partituras, ¡es necesario darles todo el uso posible y para lo que fueron hechas!

Mtro. Víctor Contreras impartiendo un taller de órgano en el Seminario Diocesano de Morelia, Mich., del 8 al 12 de febrero de 2010

Otro organista me comentaba que en el lugar donde él se encuentra (una diócesis del interior de la República Mexicana), trabaja como profesor de música en el seminario diocesano.  A pesar de que cuenta con el apoyo de su obispo y que junto con todo un equipo, han estado trabajando arduamente en la formación y difusión de la música litúrgica, es evidente que todavía falta mucho por hacer.  En el mismo seminario, donde los futuros pastores deben formarse por lo menos mediana y decorosamente en la música, es una pena saber que no les interesan ni siquiera las nociones básicas del solfeo y de la teoría musical.  ¿Qué podríamos comentar sobre una casa de formación religiosa y/o sacerdotal, que en vez de escucharse piezas del Repertorio Gregoriano o Polifonía renacentista y barroca, escucháramos a toda hora canciones ‘duranguenses’ o ‘banda’, o ‘tropicales’?  Pienso que cada cosa en su lugar, en su tiempo y ambiente adecuado.  Además, en un futuro, será todavía más difícil encontrar párrocos, sacerdotes o ministros que tengan conocimientos musicales para la liturgia, porque precisamente los lugares donde deben formarse en este campo no son precisamente los más adecuados o los planes de estudio no incluyen estas materias básicas.  No me toca a mí juzgarlo, simplemente me limito a exponer la situación desde mi perspectiva de monja contemplativa, y en el presente caso, como encargada de la liturgia y la música en mi comunidad.

También tenemos otros casos.  Entre los organistas, y no sólo de México, sino también de  muchas partes del mundo, hay quienes no les interesan en lo más mínimo la música litúrgica.  Esto comprensible sobre todo si tomamos en cuenta que el organista realiza una carrera musical como cualquier otra (violinista, pianista, trompetista…).  Sin embargo, debido a todo el contexto histórico que envuelve al órgano tenemos la tendencia a reconocer y visualizar al instrumento como específicamente de la iglesia, idea un poco errónea a estas alturas de la historia.  Es cierto que el esplendor del órgano lo encontramos ligado íntimamente a la Iglesia, a su liturgia, tanto católica como de otras confesiones cristianas, pero siempre hay que tomar en cuenta que el órgano existió ya desde antes del siglo IV a. C., o por lo menos desde entonces se tiene noticia de él y su uso era meramente pagano.  En alguna otra ocasión hemos comentado que su historia litúrgica comienza casi a partir del siglo XIV de nuestra era y siempre con un repertorio sacro.  Ya a partir de finales del siglo XIX y principios del XX se han compuesto obras verdaderamente monumentales para el órgano en su faceta de concertista, ya sea solo o con orquesta.  Los organistas van teniendo más repertorio no-litúrgico para este instrumento y sin embargo va a ser muy difícil desvincularlo de la idea que tenemos de él como totalmente sagrado y litúrgico.  Es por eso que los actuales organistas se enfrentan con estos retos: ser expertos en el repertorio litúrgico y ser virtuosos en el  repertorio de concierto.

En los diálogos con los maestros organistas uno de ellos me explicaba que en realidad se dedica a  la música litúrgica por mera necesidad y no precisamente económica.  Sus estudios le han permitido concertar con grandes orquestas y se ha podido presentar en los órganos más importantes de nuestro país, del continente y de Europa.  Sin embargo, sus horas de estudio las tiene que realizar en el órgano de una parroquia o a lo más en alguna iglesia decente que posea un órgano tubular.  Actualmente realiza actividades de docencia combinadas con su trabajo de organista de iglesia, acompañando el canto de las misas, muchas veces muy mal remunerado y hasta tolerando los caprichos y arbitrariedades de la gente o del mismo párroco.  ‘Hay que pasarlo todo, decía, con tal de tener siempre disponible un espacio para la docencia y para el estudio’.  Suponemos todos que ése es verdadero amor al ‘arte’, mas no amor a la liturgia.  Aunque, repito, es comprensible si entendemos su postura como organista concertista y no organista litúrgico.  Y esta situación se repite con uno y otro organista en México.  Los espacios para el estudio no son los mejores o por lo menos no siempre se tienen las condiciones más favorables.  Además, es importante volver a mencionar que casi todos los órganos tubulares que están en buenas condiciones los encontramos en iglesias, fuera del órgano del Conservatorio Nacional de Música, del órgano de la Escuela Nacional de Música o del órgano monumental del Auditorio Nacional en el D.F.  Salvo estas y otras posibles excepciones, los órganos siempre los encontramos en las iglesias.  En algunos lugares fuera del país, por ejemplo en España, los estudiantes de órgano tienen las posibilidades de elegir el órgano en donde quieren estudiar, sea del templo que sea,  se sujetan al horario que les marcan, asisten a clases magistrales y pueden ofrecer sus conciertos conforme al plan de estudios casi sin ningún obstáculo.  Encontramos allí más apertura y mejores condiciones para su óptimo desarrollo artístico.  No siempre son buenas las comparaciones pero me parece que es un campo en el que todavía todos (sacerdotes, religiosos, laicos, autoridades, organistas y estudiantes), tenemos que trabajar.

Sor Beatriz Alceda ejecutando el 'Ofertorio' de Domenico Zipoli en el órgano tubular de la Basílica de Ntra. Sra. de la Salud en Pátzcuaro, Mich., el 14 de febrero de 2010

Podría todavía alargarme más en este tema pero me parece que sería un poco redundar en lo mismo.  El objetivo en realidad es ofrecer una vista panorámica del órgano en México y cada uno puede sacar sus conclusiones desde su propia perspectiva.  De todas formas, en el campo que a mí me ocupa, es muy importante que tenga en cuenta todos estos aspectos para favorecer y fomentar la Música Litúrgica tanto en mi comunidad como en los ambientes que me rodean.

No me queda más que concluir con las palabras de Miguel Bernal Jiménez porque resumen en pocas líneas algo de lo que late en lo profundo de mi ser y que me gusta manifestar por medio de la música, especialmente del repertorio organístico: “Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti… En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres”…