“Cantata 140 de J. S. Bach: Wachet auf! Ruft uns die stimme” (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

Cantata 140 de J. S. Bach: “Wachet auf! Ruft uns die stimme” (¡Despierten!, la voz nos llama)

Parte II

Continuemos con nuestro analisis.  Pasamos a la cuarta parte, el coral “Zion hört die Wächter”, “Sión, escucha el pregón del guardián”.  Aquí encontramos que los tenores cantan descaradamente el tema principal de la Cantata que ya habíamos escuchado de forma casi velada en la primera parte (el eco lejano de las sopranos).  El hilo conductor melódico lo llevan los instrumentos con melodías graciosas, muy al estilo de Bach.  La traducción es como sigue:

“Sión, escucha el pregón del guardián.

El corazón se llena de alegría.

¡Despierten y apresúrense!

Su amigo viene del cielo, lleno de bondad y de gracia.

Enciendan sus lámparas, ¡que su luz brille!

Ven Rey esperado, Señor Jesús, Hijo de Dios, ¡hosana!

Todos vamos en pos de Ti, hacia el reino de la alegría

para tener parte en tu Banquete”.

Llegamos a la quinta parte, otro Recitativo cantado esta vez por el Bajo y que verdaderamente es una delicia.  Este recitativo culmina con la siguiente parte, la sexta, que es un Aria a Duetto, de nuevo cantado por la Soprano y el Bajo y que pareciera una verdadera “declaración de amor”,  Pongo seguidas ambas traducciones para que tengamos una completa idea de este coloquio divino-humano que nos propone Bach:

Recitativo

Ven, pues, conmigo mi bienamada esposa,

que Yo estaré contigo eternamente.

Quiero tenerte como sello sobre mis brazos y mi corazón.

Alégrate, alma querida; olvida la angustia y el sufrimiento.

Descansa en mis brazos mientras te beso.

Aria

Soprano:  Mi Amado es para mí

Bajo:                    Y Yo soy para mi Amada.

Soprano:  El Amor no debe fenecer.

Bajo:                    El amor no debe fenecer.

Soprano:  Quiero estar contigo en los jardines celestiales

Bajo:                    quiero que estés conmigo en los jardines celestiales.

Soprano:  ¡Allí abunda la alegría!, ¡allí mora todo bien!

Bajo:                    ¡Aquí abunda la alegría!, ¡aquí mora todo bien!

También aquí encontramos melodías muy sugerentes y expresivas que nos permiten experimentar el gozo del alma (la Amada) al descansar en brazos de Dios (el Amado).  No olvidemos que también aquí los textos están basados en el libro bíblico del Cantar de los Cantares.

La séptima y última parte es un coral en toda su forma y en él, el coro vuelve a cantar el tema principal pero con un acompañamiento que podríamos llamar armonizado, es decir, con poca ornamentación y con los acordes mínimos para sostener el canto.  Aquí se supone que Bach pretendía que participara toda la asamblea ya que, anteriormente les propuso el tema y los fieles se lo fueron aprendiendo.  Era una costumbre muy propia de la época.  El texto de este último coral está tomado del libro del Apocalipsis y dice así:

Gloria te canten las voces de los ángeles y de los hombres,

con arpas y címbalos áureos.

De doce perlas son las puertas de Sión:

nosotros somos tu cohorte, los ángeles están ante tu trono.

Nadie vio jamás, ni disfrutó tan grande alegría,

en la que nos gozamos,

¡ea!, ¡ea!, en dulce júbilo.

Esta última parte, puesta a modo de conclusión, intencionadamente comienza con una glorificación a Dios cantada con “las voces de los ángeles y de los hombres”, es decir, toda la Creación canta un concierto de magnitudes cósmicas.  Recordemos que todo himno o salmo termina con una doxología teológica, es decir, “Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo” o un equivalente.  Terminamos con una frase que confirma la alegría humana por estar ya desde ahora gozando de la presencia de Dios, “in dulci jubilo”.

Esta Cantata, por sus cualidades y características, es una de mis preferidas y no dudé en incluirla desde luego en el repertorio del coro de mi Monasterio.  Se han hecho muchas versiones muy diversas de toda la Cantata o de algunas de sus partes, utilizando infinidad de recursos vocales e instrumentales.  De hecho, tengo en casa la parte cuarta transcrita y arreglada para órgano de dos teclados y pedalero completo, como sucede frecuentemente con este tipo de obras de J. S. Bach y que, a pesar de su dificultad técnica, es de una sublimidad incomparable.

Ojalá podamos darnos la oportunidad de escuchar con mayor atención esta Cantata y disfrutar de todas estas imágenes que la música del gran Maestro del Barroco nos permite concebir en nuestro interior, nos recrean el espíritu y nos acercan a la presencia de Dios.

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, en junio de 2008.

“Cantata 140 de J. S. Bach: “Wachet auf! Ruft uns die stimme”… (Parte I)”

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

 

Cantata 140 de J. S. Bach: “Wachet auf! Ruft uns die stimme” (¡Despierten!, la voz nos llama)

Parte I

Una de las formas que, a mi parecer es de las más bellas y expresivas de la música sacra, es la “Cantata”.  La Cantata  es una serie de arias y corales alternados con recitativos, que normalmente versan sobre temas espirituales.  Esta forma musical tuvo su época de oro en el período barroco y su más preclaro exponente es sin duda Johann Sebastian Bach (1685 – 1750).  Sabemos que Bach compuso una cantidad enorme de Cantatas para los oficios dominicales de la liturgia luterana.  Podemos calcular más de 250 Cantatas aunque desafortunadamente muchas están extraviadas y no me extrañaría que alguna se encontrara en la biblioteca particular de algún rico que ignora su valor artístico.  De todas formas, en esta ocasión quiero que centremos nuestra atención en una de estas Cantatas de Bach, la No. 140: “Wachet auf! Ruft uns die stimme”, es decir, ¡Despierten!, la voz nos llama.  Esta Cantata fue compuesta para el Domingo 27°, después de la fiesta de la Trinidad, y el texto es de Philip Nikolai basado en pasajes de la Sagrada Escritura (Evangelio de San Mateo, Cantar de los Cantares, etc.).  No pretendo hacer una exégesis sobre la Cantata pero sí  vamos a tomar una a una las partes de ella para poner la traducción y hacer algunos comentarios que pueden ayudarnos a comprender y escuchar con mayor interés esta obra de Bach.  Así que comenzamos.

Tenemos primeramente un Coral, que es el que le da el nombre a la Cantata: “Wachet auf! Ruft uns die stimme”, que, como acabamos de decir, significa: “¡Despierten!, la voz nos llama”.  En este primer Coral Bach propone el tema que va a utilizar de diversas formas en toda la Cantata.  Lo propone con todo el coro y la orquesta; el tema Principal lo van cantando las Sopranos a modo de cantus firmus, como si fuera un eco lejano y Bach se divierte haciendo piruetas con las voces entre brincos, saltos, fugas y demás recursos propios de la época.  La traducción más aproximada del texto alemán es la siguiente:

¡Despierten!, ¡nos llama la voz!

El guardián nos llama desde la torre.

¡Despierta, Jerusalén!

A media noche suena la hora y nos llama con fuerte voz:

“¿Dónde están, Vírgenes prudentes?

¡Despierten!, ¡el Esposo viene!

¡Levántense!, ¡tomen las lámparas!, ¡Aleluya!

¡Apréstense para la Boda!

Ustedes deben entrar con Él”.

Como podemos apreciar, este texto, adaptado por Philip Nikolai está tomado de la Biblia, Mt. 25, 1-13 donde se narra la “parábola” de las vírgenes prudentes.  Las Parábolas en la Biblia son relatos breves que toman como punto de partida hechos de la vida cotidiana, describe figuradamente un suceso para transmitir una enseñanza moral y suscitan una respuesta en los oyentes.  La enseñanza de esta parábola es la de que hay que estar siempre en vela, prevenidos porque no se sabe el día ni la hora en que Dios nos va a llamar a su presencia.

La segunda parte es un Recitativo, “Er Kommt”, “¡Ya viene!” y lo canta la soprano.  Esto es muy significativo porque el texto nos remite a otro pasaje bíblico tomado del Cantar de los Cantares, donde se nos narra la alegría de la novia al saber que está próximo el esposo.  Recordemos que para la Iglesia Luterana lo más importante en sus celebraciones litúrgicas era precisamente la proclamación de la Palabra de Dios alternada con este tipo de composiciones de forma que todos pudieran participar de una u otra forma.  He aquí la traducción:

“¡Ya viene!, ¡Ya viene!, ¡el Esposo viene!

Hijas de Sión, salgan a su encuentro, pues viene del cielo hacia ustedes”.

“El Esposo viene como ligero cervatillo que salta en las colinas

y las guía al Banquete Nupcial.

¡Despiértense!, ¡apréstense a recibirlo! Miren que viene ya”.

Bach nos transmite la alegría del encuentro divino en un Recitativo muy bello y sentido.  Son claras las melodías que nos remiten al salto del cervatillo cuando corre entre los montes.

Tenemos enseguida un Aria que podríamos considerar como el encuentro del alma con Jesucristo.  Llama mucho la atención esta dotación de Soprano y Bajo, poco usado en Bach y que cantan algo así como un diálogo entre novios pero que nos sugiere cómo debe ser el deseo y la relación del hombre con su Dios.  El texto es el siguiente:

Soprano:  ¿Cuándo vendrás, Salvador mío?

Bajo:        Ya vengo, vida mía

Soprano:  ¿cuándo vendrás, mi Salvador?

Te espero con ardiente amor.

Bajo:        Ya vengo vida mía.

Soprano:  Te espero con mi lámpara encendida.

Bajo:        Ya vengo, vida mía.  Estoy a la puerta.

Soprano:  (¡Él está a la puerta¡)

Bajo:        La estancia está pronta para el Banquete Celestial

Soprano:  (¡Ah!, ¡el Banquete Celestial!)

Ven Jesús.

Bajo:        Ya vengo, alma querida.  Ya estoy a la puerta.

La estancia está pronta para el Banquete Celestial.

No debe extrañarnos este lenguaje que en algunas partes raya lo “meloso”.  En realidad J. S. Bach sólo está haciendo eco del sentir religioso y espiritual que marcó la liturgia luterana desde casi los inicios de la Reforma en el siglo XVI… (Continuará…)

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, en junio de 2008.

“El Repertorio de Semana Santa”

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Repertorio de Semana Santa”

Cuando llega la época navideña nos sucede que entramos a cualquier establecimiento y escuchamos música que va de acuerdo a la temporada decembrina.  Los villancicos, el arbolito, los nacimientos, los regalos, todo nos pone en ambiente.  Es muy común que los conciertos que se programan por esas fechas vayan también de acuerdo a las fiestas que celebra la cristiandad.  Encontramos en la cartelera o en la programación radiofónica los conciertos y oratorios que fueron compuestos para este fin.  Cuántas veces no hemos escuchado el famoso Mesías de G. F. Händel, sobre todo las partes donde se hace alusión a la venida y nacimiento de Jesucristo.  Hay conciertos para órgano expresamente hechos para estas ocasiones… Pero ¿y en semana santa?; cuando llegan estos días que para algunos de nosotros son tan especiales, ¿cuál sería el repertorio que va de acuerdo a lo que estamos viviendo?  A continuación les ofrezco algunas sugerencias musicales del repertorio de semana santa que nos pueden poner a tono con estas celebraciones.

Durante mucho tiempo se nos ha acostumbrado a escuchar en estos días de Semana Santa la Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach.  De entre las obras sacras del gran maestro del barroco, este oratorio junto con la misa en Si menor me parece que son de las obras más hermosas y expresivas que nos reflejan la gran espiritualidad y la profunda convicción religiosa de Bach.  Pero tenemos muchas más obras que son más que apropiadas para escuchar en estos días.  Lamentablemente se les ha dado poca importancia y es difícil encontrarlas programadas en las salas de conciertos y aún en las estaciones- radiofónicas.  También es difícil encontrar grabaciones hechas ex profeso .  De todas formas detengámonos un poco en algunas de estas obras y disfrutémoslas cuando tengamos oportunidad de escucharlas.

Tenemos como primera opción algunas piezas del Canto Eclesiástico Medieval (o Canto Gregoriano).  Hay piezas específicas para cada día de la Semana Santa.  Por ejemplo, para el domingo de ramos la antífona “Pueri hebraeorum portantes” (“Los niños hebreos llevaban…”), que hace referencia a la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén y fuera aclamado por la multitud como Rey.  Para el jueves santo tenemos el Himno “Ubi cáritas” (“Donde hay amor…”) o la antífona “Mandatum novum” (“Un mandamiento nuevo”).  Estas piezas nos hacen una clara referencia a la última Cena del Señor y en la que entregó el más grande mandamiento de todos los tiempos y para todos los hombres:  “… que se amen los unos a los otros como Yo los he amado a ustedes”.  Son melodías sencillas, casi ingenuas, pero llenas de una elocuencia sin igual.  Podríamos escucharlas (el texto está en latín) y casi adivinar su significado.

Para el viernes santo tenemos muchas más propuestas:  “Tristis est” (Mi alma está triste”), “Una hora non potuistis” (Una hora no pudisteis velar”), “Tráditor autem dedit eis signum” (“El traidor les dio esta señal”), “Christus factus est” (“Cristo fue obediente”), “Crux fidelis” (Oh Cruz fiel…”) y otras más que sería interminable enunciar.  Estas piezas las podemos encontrar con mucha seguridad entre las que grabaron los Monjes de Santo Domingo de Silos o en algún otro compacto de Canto Gregoriano.  En realidad todas estas deberían de ser el repertorio de cualquier iglesia durante sus oficios litúrgicos pero es bien sabido que esta música está casi del todo desterrada de dichas celebraciones… ¡Qué épocas las nuestras!  Pero prosigamos con nuestra siguiente propuesta.

Nuestra segunda propuesta es algo del repertorio del naciente Barroco Mexicano.  El gran flautista y director mexicano, Horacio Franco, hizo hace algunos años la grabación de unos discos compactos con música de varios compositores novo-hispanos.  De entre ellos están Hernando Franco (s. XVI), con su obra “Arbor decora et fulgida” y Francisco López Capillas (s. XVII) con sus obras “In horrore” y “Lamentatio Ieremiae”.  Verdaderamente son unas joyas de la polifonía de la época virreinal y que están basados en textos de la Sagrada Escritura.  Se refieren sobre todo a la contingencia de la vida y la fragilidad de la naturaleza humana ante la muerte.  Sería muy largo si me extendiera en poner los textos completos por lo que mejor me limito a mencionarlas con la esperanza de que en alguna ocasión puedan escucharlas.

Como tercera propuesta tenemos, además de la ya mencionada Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, la otra Pasión que él escribió: la Pasión según San Juan.  Es un oratorio de menores proporciones pero igualmente bello y con episodios que solamente podemos encontrar en este Evangelio.  Algo verdaderamente divino.  Particularmente me gustan los corales, sobre todo aquellos que provienen de las antiguas melodías y que el compositor trabaja de manera magistral.  También podríamos anotar aquí el Mesías de Händel precisamente porque el oratorio habla de la persona de Cristo en todo su contexto: Anuncio, Nacimiento, Pasión, Muerte,  Resurrección y Glorificación.  Por tanto es una obra que es apropiada escuchar en cualquier época del año.

Tenemos una cuarta propuesta:  Una serie de obras del repertorio Organístico, compuestas por el monje benedictino Dom Paul Benoit, que vivió a lo largo del siglo pasado.  Son piezas de gran valor sobre todo para los que nos dedicamos a la ejecución del órgano.  Muchas de ellas ya las podemos encontrar en compactos aunque he de decir que es un poco complicado conseguirlas.  Podemos nombrar algunas como la Elevación sobre el “Ubi cáritas”, o la Elevación sobre el “Bone Pastor de la secuencia del Lauda Sión”.  Aunque son piezas de ejecución medianamente fácil, tanto el organista como el que escucha se sienten invadidos por una sensación de sublimidad y nos pone en contacto con la verdadera esencia del mensaje cristiano: el amor.

Una propuesta más, que no podemos dejar en el tintero: La Pasión según San Juan del compositor estonio Arvo Pärt.  La primera vez que escuché esta obra me pareció un poco simple y hasta cierto punto sosa, pero un buen día le dediqué un rato en escucharla y paladearla e instantáneamente tuve que cambiar de opinión.  Recordemos que Arvo Pärt tenía bastantes conocimientos sobre el Canto Eclesiástico Medieval y es muy común encontrar reminiscencias de las antiguas melodías en casi toda su obra sacra.  Y creo que esto fue lo que más me atrajo de su música: su excelente manejo de las melodías gregorianas mezcladas sabiamente con armonías dodecafónicas y serialistas: ¡todo un arte que hay que saberlo hacer acertadamente!

Podría enumerar otras obras que nos vienen bien escuchar estos días, pero dada la brevedad del Triduo Pascual (en realidad sólo son tres días dedicados a la Pasión y Muerte de Cristo), nos quedamos con éstas que creo son algunas de las más significativas.  A partir del domingo llamado de la Resurrección, el color musical de las obras cambia porque se celebra la fiesta más grande de la Cristiandad (más grande todavía que la Navidad aunque no parezca así), y como tal se proclama con grandes exultaciones y aclamaciones aleluyáticas y este tipo de repertorio merece que lo abordemos en otra ocasión con todo lujo de detalle…

Artículo publicado en www.clasicamexico.com, el 8 de abril de 2009

“El Órgano en México” (Parte IV)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual.

Parte IV

Hablemos ahora de la situación de los organistas que no es menos lamentable la situación actual de los instrumentos.  En el citado Congreso de Morelia tuve oportunidad de charlar ampliamente con algunos de estos grandes del instrumento y me compartían las dificultades que tienen para realizar su trabajo.  El estudio lo hacen en casa, en algún electrófono Hammond o algo parecido.  Pero los lugares donde pueden encontrar órganos tubulares para desarrollar su carrera son las iglesias, en su mayoría católicas.  Y es de esperarse que los párrocos promuevan la música organística o que al menos concedan a los organistas el lugar que les corresponde dentro del ministerio de la música litúrgica.  Desafortunadamente no es así por lo menos en la mayoría de los casos.  No me agrada parecer a veces tan negativa en mis afirmaciones pero no me gusta hermosear la realidad.  Uno de los organistas me explicaba que en la parroquia donde él suele tocar semanalmente la misa, la relación con el párroco no es la más halagadora y que en ocasiones se pone tensa porque al sacerdote no le gusta que el órgano tenga participaciones como solista dentro de la liturgia.  Es decir, el organista no pasa de tocar algunos cantos ‘populares’ como “Qué alegría cuando me dijeron”, o “Entre tus manos”, sin tener la posibilidad de ahondar en el repertorio litúrgico tanto vocal como organístico, ya sea antiguo o de la época actual.  Hay que decir que, además de las magníficas obras compuestas por los grandes de la historia, actualmente en los lugares más variados del mundo hay hombres y mujeres que se dedican a la composición de música sacra (vocal, organística e instrumental en general) expresamente para la liturgia y que cumple con las normas de belleza y dignidad de que tanto habla la constitución ‘Sacrosanctum Concilium’ del Concilio Vaticano II, en su apartado sobre la Música Sacra.  Pero no es posible que estas composiciones sólo se queden en simples partituras, ¡es necesario darles todo el uso posible y para lo que fueron hechas!

Mtro. Víctor Contreras impartiendo un taller de órgano en el Seminario Diocesano de Morelia, Mich., del 8 al 12 de febrero de 2010

Otro organista me comentaba que en el lugar donde él se encuentra (una diócesis del interior de la República Mexicana), trabaja como profesor de música en el seminario diocesano.  A pesar de que cuenta con el apoyo de su obispo y que junto con todo un equipo, han estado trabajando arduamente en la formación y difusión de la música litúrgica, es evidente que todavía falta mucho por hacer.  En el mismo seminario, donde los futuros pastores deben formarse por lo menos mediana y decorosamente en la música, es una pena saber que no les interesan ni siquiera las nociones básicas del solfeo y de la teoría musical.  ¿Qué podríamos comentar sobre una casa de formación religiosa y/o sacerdotal, que en vez de escucharse piezas del Repertorio Gregoriano o Polifonía renacentista y barroca, escucháramos a toda hora canciones ‘duranguenses’ o ‘banda’, o ‘tropicales’?  Pienso que cada cosa en su lugar, en su tiempo y ambiente adecuado.  Además, en un futuro, será todavía más difícil encontrar párrocos, sacerdotes o ministros que tengan conocimientos musicales para la liturgia, porque precisamente los lugares donde deben formarse en este campo no son precisamente los más adecuados o los planes de estudio no incluyen estas materias básicas.  No me toca a mí juzgarlo, simplemente me limito a exponer la situación desde mi perspectiva de monja contemplativa, y en el presente caso, como encargada de la liturgia y la música en mi comunidad.

También tenemos otros casos.  Entre los organistas, y no sólo de México, sino también de  muchas partes del mundo, hay quienes no les interesan en lo más mínimo la música litúrgica.  Esto comprensible sobre todo si tomamos en cuenta que el organista realiza una carrera musical como cualquier otra (violinista, pianista, trompetista…).  Sin embargo, debido a todo el contexto histórico que envuelve al órgano tenemos la tendencia a reconocer y visualizar al instrumento como específicamente de la iglesia, idea un poco errónea a estas alturas de la historia.  Es cierto que el esplendor del órgano lo encontramos ligado íntimamente a la Iglesia, a su liturgia, tanto católica como de otras confesiones cristianas, pero siempre hay que tomar en cuenta que el órgano existió ya desde antes del siglo IV a. C., o por lo menos desde entonces se tiene noticia de él y su uso era meramente pagano.  En alguna otra ocasión hemos comentado que su historia litúrgica comienza casi a partir del siglo XIV de nuestra era y siempre con un repertorio sacro.  Ya a partir de finales del siglo XIX y principios del XX se han compuesto obras verdaderamente monumentales para el órgano en su faceta de concertista, ya sea solo o con orquesta.  Los organistas van teniendo más repertorio no-litúrgico para este instrumento y sin embargo va a ser muy difícil desvincularlo de la idea que tenemos de él como totalmente sagrado y litúrgico.  Es por eso que los actuales organistas se enfrentan con estos retos: ser expertos en el repertorio litúrgico y ser virtuosos en el  repertorio de concierto.

En los diálogos con los maestros organistas uno de ellos me explicaba que en realidad se dedica a  la música litúrgica por mera necesidad y no precisamente económica.  Sus estudios le han permitido concertar con grandes orquestas y se ha podido presentar en los órganos más importantes de nuestro país, del continente y de Europa.  Sin embargo, sus horas de estudio las tiene que realizar en el órgano de una parroquia o a lo más en alguna iglesia decente que posea un órgano tubular.  Actualmente realiza actividades de docencia combinadas con su trabajo de organista de iglesia, acompañando el canto de las misas, muchas veces muy mal remunerado y hasta tolerando los caprichos y arbitrariedades de la gente o del mismo párroco.  ‘Hay que pasarlo todo, decía, con tal de tener siempre disponible un espacio para la docencia y para el estudio’.  Suponemos todos que ése es verdadero amor al ‘arte’, mas no amor a la liturgia.  Aunque, repito, es comprensible si entendemos su postura como organista concertista y no organista litúrgico.  Y esta situación se repite con uno y otro organista en México.  Los espacios para el estudio no son los mejores o por lo menos no siempre se tienen las condiciones más favorables.  Además, es importante volver a mencionar que casi todos los órganos tubulares que están en buenas condiciones los encontramos en iglesias, fuera del órgano del Conservatorio Nacional de Música, del órgano de la Escuela Nacional de Música o del órgano monumental del Auditorio Nacional en el D.F.  Salvo estas y otras posibles excepciones, los órganos siempre los encontramos en las iglesias.  En algunos lugares fuera del país, por ejemplo en España, los estudiantes de órgano tienen las posibilidades de elegir el órgano en donde quieren estudiar, sea del templo que sea,  se sujetan al horario que les marcan, asisten a clases magistrales y pueden ofrecer sus conciertos conforme al plan de estudios casi sin ningún obstáculo.  Encontramos allí más apertura y mejores condiciones para su óptimo desarrollo artístico.  No siempre son buenas las comparaciones pero me parece que es un campo en el que todavía todos (sacerdotes, religiosos, laicos, autoridades, organistas y estudiantes), tenemos que trabajar.

Sor Beatriz Alceda ejecutando el 'Ofertorio' de Domenico Zipoli en el órgano tubular de la Basílica de Ntra. Sra. de la Salud en Pátzcuaro, Mich., el 14 de febrero de 2010

Podría todavía alargarme más en este tema pero me parece que sería un poco redundar en lo mismo.  El objetivo en realidad es ofrecer una vista panorámica del órgano en México y cada uno puede sacar sus conclusiones desde su propia perspectiva.  De todas formas, en el campo que a mí me ocupa, es muy importante que tenga en cuenta todos estos aspectos para favorecer y fomentar la Música Litúrgica tanto en mi comunidad como en los ambientes que me rodean.

No me queda más que concluir con las palabras de Miguel Bernal Jiménez porque resumen en pocas líneas algo de lo que late en lo profundo de mi ser y que me gusta manifestar por medio de la música, especialmente del repertorio organístico: “Dejaste caer en mi alma un destello de tu hermosura y me hiciste artista para que viviese enamorado de Ti… En mi pecho arde un secreto anhelo, Señor, que mi canto sea agradable a Ti y también a los hombres”…


“El Órgano en México” (Parte III)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

Historia, Compositores, Organeros, y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual…

Parte III de IV

Hablemos ahora de la estructura del órgano mexicano.  Estos instrumentos eran del todo parecidos a los construidos en España.  Me voy a tomar la libertad de citar unos textos que publiqué en semanas pasadas en este mismo espacio para señalar sus características:

“… los órganos españoles.  Estos órganos en su origen fueron muy semejantes a los órganos italianos: un solo teclado, sin pedalero o a lo más algunas teclas que se accionaban con los pies para tocar notas bajas, etcétera.  Es raro encontrar órganos españoles con dos o más teclados pero todos conservan los ‘registros cortados o partidos’.  Una de sus más peculiares características es la disposición de la ‘trompetería’ o ‘registros de batalla’.  Estos tubos los encontramos horizontalmente, casi siempre por encima del organista (y que en ocasiones puede resultar molesto por la fuerza que tienen al emitir el sonido).  La ubicación de los órganos españoles puede ser muy variada: los encontramos en el coro alto de los templos, o en la parte delantera; también los hay de ‘nido de golondrina’ o colocados a ambos lados del altar o de la nave, como un doble órgano, cada uno con su trompetería horizontal, como lo están las catedrales de Sevilla, Toledo o la de México.  Es una delicia escuchar este tipo de órganos.  Personalmente he podido escuchar a dos organistas tocando simultáneamente ‘las batallas’, que eran una especia de “duelo musical” entre los dos organistas, música muy popular en España.  Los principales compositores en España fueron Cabanillas, Antonio Cabezón, el Padre Soler, Correa de Arauxo y muchos más.

La historia del órgano en América, está estrechamente relacionada a la colonización del continente por los franceses, ingleses, portugueses y obviamente los españoles.  La existencia de órganos en el nuevo continente se ha comprobado solamente a partir de los años 1700 aunque tengo datos de que probablemente desde mediados del siglo XVII ya existían órganos de pequeñas proporciones en algunos templos.  Los órganos históricos en México delatan inmediatamente su origen español.  Todos tienen su trompetería horizontal y un solo teclado con ‘registros partidos’.  Desafortunadamente muchos, la mayoría, de ellos están en muy malas condiciones o en un estado lamentable.  Pocos son los órganos que se han salvado de la destrucción o que se les ha podido restaurar convenientemente.  Tenemos los órganos de las Catedrales, tanto la Metropolitana como la de Puebla, el órgano de la Iglesia de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, en órgano de Santo Domingo, en el D.F., el órgano de la Catedral de Oaxaca o algunos órganos en Guanajuato, en Tlaxcala, en Morelia, en Querétaro y en otros lugares más.  Pero de igual forma me he encontrado con órganos que casi podríamos rezarles un Réquiem, como por ejemplo el órgano (o lo que queda de él) de la iglesia de Regina Coeli, en el D.F…” (Para más información sobre los órganos y su repertorio visite:  www.lamusicasacra.wordpress.com/2009/08/02/“el-organo-y-el-repertorio-organistico”/ )

Y hay casos peores. Hace poco me enteré que en algunos lugares, al órgano tubular (o lo que queda de él), se le ha sometido a un proceso de ¿restauración?, y lo que en realidad hacen es vaciar prácticamente todo el complejo de tubos que hay en el interior del instrumento y poner en su lugar una especie de sintetizador que imita los sonidos del órgano.  A juicio de los verdaderos organeros y al mío propio, esto es un verdadero ‘organicidio’, una ‘barbarie’.  Sólo en un país como el nuestro se pueden dar estas arbitrariedades a la vista de todos…  ¡Es una pena!… (Continuará…)

“El Órgano en México” (Parte II)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual…

Parte II

En cuanto al repertorio del órgano mexicano es de todos sabido que la música organística en México se desarrolló principalmente dentro del ambiente litúrgico.  Durante los siglos del Virreinato casi toda la literatura organística estaba compuesta estrictamente para actos litúrgicos como la misa y el oficio divino.  El órgano siempre se ha incluido tanto para apoyar el canto, sea sosteniendo la armonía de las voces en la música polifónica, o para alternar su participación como solista con los otros elementos de la celebración.  De hecho, hasta el día de hoy, el órgano no sólo acompaña las partes cantadas de la misa o del oficio, sino que aporta la música ‘ambiental’ propio de cada momento o de cada tiempo, ya sea como solista o acompañado con otros instrumentos.  En los siglos del Renacimiento y del Barroco, en todas partes, tanto de Europa como de América surgieron piezas como los ‘tientos’, las ‘batallas’, las ‘fugas’, las ‘glosas’, los ‘pasacalles’, las ‘tocatas’ y una inmensa cantidad de versos sobre algunos trozos específicos del evangelio como las piezas sobre el ‘Magníficat’, el ‘Benedictus’ y el ‘Nunc Dimitis’.  Además tenemos infinidad obras compuestas sobre los himnos como: ‘Ave maris Stella’, ‘Pange lingua’, ‘Ite Confesor’, ‘Veni Creator’, ‘Salve Regina’, sólo por nombrar algunos.  A todo esto le sumamos un sinnúmero de ‘Kyries’ y demás partes de la misa y las famosas ‘sonatas de iglesia’… tenemos un repertorio sumamente extenso y variado para las diferentes celebraciones.

Desafortunadamente en México sólo poseemos dos testimonios de la literatura organística mexicana de la época virreinal. Según los datos que nos ofrece el Maestro Juan Manuel Lara Cárdenas, musicólogo e investigador del CENIDIM (Centro Nacional de Investigación y Documentación Carlos Chávez, Centro Nacional de las Artes), tenemos un ‘Libro de los 11 Tientos’ atribuidos a José de Torres y Martínez Bravo (1665-1738) y que perteneció al Convento de las monjas concepcionistas de la Santísima Trinidad en Puebla, s. XVIII, hoy extinto.  El otro libro fue recientemente encontrado y es un ‘Cuaderno de Tonos de Maitines de Sor María Clara del Santísimo Sacramento’ y que ahora pertenece al Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Oaxaca.  Éste ‘cuaderno’ contiene una selección de versos organísticos anónimos coleccionados por la misma monja para ser ejecutados en el oficio divino de su convento.  Llama la atención los ocho tonos eclesiásticos en que están compuestas las obras, que es tal y como los practicaban los músicos ‘galantes’ del siglo XVIII, ‘según su concepto melódico y armónico del canto llano’.  Hay que hacer notar que seguramente la monja María Clara no sólo sabría ejecutarlos sino que muy posiblemente tenía estudios bastante aceptables de música, tal vez dominaba las notaciones y los patrones rítmicos predominantes en la época (pies rítmicos como binarios y ternarios, así como longas, breves, semibreves, o la semitonía subintellécta, etc.), para poder dar un servicio eficiente en su comunidad. ¡Qué tiempos aquellos!

Todos los demás documentos sobre obras organísticas de que se tiene noticia están desaparecidos o seguramente pertenecen a la colección particular de algún rico que ignora su valor histórico y musical.  Y tomemos en cuenta que todos los organistas que hemos mencionado y muchos más, que por espacio no es posible nombrar, fueron compositores, por lo menos en su gran mayoría. Es lamentable que  no se conserven documentos salvo algunos muy contados pertenecientes al siglo XX… (Continuará…)

“El Órgano en México” (Parte I)

Syrigma

Por: Sor Beatriz Alceda Pérez, O.I.C.

“El Órgano en México”

Historia, Compositores, Organeros y Organistas notables de México, Repertorio y situación actual.

Parte I



Hace algunos días estuve en Morelia participando en un Congreso de Música Litúrgica y tuve la fortuna de convivir con algunos organistas notables de México además de asistir a conferencias y talleres que organiza anualmente el Departamento de Música Litúrgica de México.  El tema central del Congreso fue el estudio y la profundización de la Liturgia de las Horas.  Sin embargo los temas y talleres que, por razones obvias, me llamaron más la atención fueron sin duda los referentes al órgano en todos sus aspectos.  Además de tener la oportunidad de conocer lugares y órganos históricos, pude tomar talleres y compartir interesantes charlas con algunos de los grandes del órgano en México (Víctor Contreras, Josué Gastellou, José Francisco Álvarez y otros).  Fueron unos días inolvidables y muy enriquecedores.  Es por eso que en esta ocasión, tomando como base toda esta experiencia quiero retomar un tema bastante abordado por mí en este espacio: el órgano, pero en esta ocasión hablaremos específicamente del Órgano en México, su historia, su repertorio, algunos de sus organeros, compositores y organistas más notables y su situación actual.

El órgano en México, como todos sabemos, procede directamente de la herencia española, llegada a América en el siglo XV y XVI.  Recordemos que por estos años la música franco-flamenca se encontraba en el punto culminante de su florecimiento y esto incluía por supuesto el repertorio organístico y la organería de tradición ibérica en general.  De hecho, en estos siglos, encontramos Catedrales y Monasterios en España bien institucionalizados y en cuyos recintos se tenía la enseñanza de música (canto llano y canto de órgano o polifonía), así como la construcción de todo tipo de instrumentos incluyendo el órgano.  Es así como en el siglo XVI comenzaron a construirse en América y muy específicamente en México algunos órganos, todos ellos semejantes a los españoles.  Dondequiera que se asentaron los colonizadores (México Tenochtitlán, Puebla de los Ángeles, Oaxaca, Valladolid, Tlaxcala,, Guadalajara, Durango, etc.), como parte integrante de su cultura ibérica, junto con la religión, el idioma, el sistema sociopolítico y económico, las artes, la imprenta, llegó también la música.  De hecho tengo aquí una nota de Robert Stevenson que dice más o menos así: “Ninguna nación del continente Americano puede preciarse como México de ser heredera de la música renacentista y barroca europea”, y esto incluye indudablemente el órgano.

Con el paso de los años los mismos indígenas comenzaron a construir verdaderos órganos hechos con materiales puramente mexicanos pero siempre bajo la supervisión de los maestros españoles, tanto en las Catedrales e Iglesias como en los Conventos.  Un dato que llama mucho la atención en los escritos de Fray Juan de Torquemada es que “casi todas las iglesias gobernadas por órdenes religiosas cuentan con un órgano instalado”.  Esto nos demuestra hasta qué punto era importante la música en la evangelización y en la vida religiosa y política del Virreinato.  Se dice que hacia 1543 el cabildo catedralicio de la ciudad de México comenzó a contratar “ministriles”, es decir instrumentistas, para solemnizar las ceremonias litúrgicas.  Es más, hacia 1556 llegó Lázaro de Álamo, quien fue el primer maestro de capilla “profesional” que tuvo la catedral y con él inició el esplendor musical de la misma que perdurará todo el tiempo del virreinato.  Durante este período el archivo de la Catedral se enriqueció con múltiples obras de los más grandes músicos y compositores de la época, tanto españoles como nacionales.  Este repertorio incluye obras para la liturgia y material didáctico además de que nos da una muestra de ‘una sociedad culta, refinada, sensible y receptiva’.

Volviendo al tema que nos ocupa, al aumentar el número de órganos en la ciudad, fue necesaria la preparación de organistas calificados que pudieran acompañar y sostener el canto de la comunidad y de la capilla musical tanto en las catedrales como en los monasterios.  Es sabido que en todas las Catedrales e Iglesias importantes el cargo de organista se obtenía por medio de rigurosos exámenes de oposición, como lo hacían para seleccionar al Maestro de Capilla.  Ambos cargos eran de gran importancia porque cualquiera de los dos debía ser verdadero maestro en el arte, un gran ejecutante de algún instrumento (preferiblemente del órgano), maestro en composición, en enseñanza, culto en todos los aspectos y en ocasiones hasta organero para poder estar al pendiente de las necesidades del órgano.  Muchas veces el Maestro de capilla era organista al mismo tiempo y viceversa.  Tenemos, pues, que durante los siglos XVI, XVII y XVIII sobresalieron grandes maestros y grandes constructores, el gran esplendor de la música Virreinal de México y de América.  Podríamos dar una larga lista de organeros y organistas, la mayoría de ellos compositores o maestros de capilla que dejaron su particular huella en la historia musical de nuestro país.  El primer nombre que tenemos noticia es Francisco del Castillo, organista y organero, constructor del órgano de la primitiva Catedral de México del siglo XVI.  En cuanto a organeros y curadores del siglo XVII podríamos nombrar a Francisco Hernández de Porres, Agustín Jerónimo de Aragón y Diego de Cebaldos, Tiburcio Sanz de Izaguirre y su hermano Félix de Izaguirre como muestra de una larga lista.

La figura principal del siglo XVIII es José de Nazarre, cuyos órganos, dicen los historiadores, llegaron a ser los más importantes que se construyeron en América ‘por sus dimensiones, mecanismo y sonoridad’, claro, sin desdeñar a figuras como Joseph Casela y su hijo Gregorio Casela, Francisco Peláez de Ugarte y otros más.

Y si han sido importantes los constructores de órganos, no menos lo son los ejecutantes del mismo que en muchos casos fueron grandes virtuosos del teclado.  La lista es larga y si mencionamos sólo algunos no es que desdeñemos a los demás.  Tenemos por ejemplo, hacia 1539 al español venido a México, Antonio Ramos que fue organista y maestro de capilla de la Catedral de México.  Hay una larga lista de europeos venidos a América y que se asentaron en las grandes ciudades para ostentar cargos en las iglesias Catedrales.  Hacia el siglo XVII ya encontramos organistas nacidos en nuestra patria como lo fueron Juan Ximeno, Luis Coronado, Fabián Pérez Ximeno y el ilustre Francisco López Capillas.  Éste último nació en la capital del Virreinato y antes de ser maestro de capilla de la Catedral de México fue organista, bajonero y cantor en la Catedral de Puebla.  Es famoso por sus obras polifónicas y es de notar que fue el primer Maestro de Capilla nacido en tierras mexicanas que tuvo la Catedral Metropolitana.  Fue contemporáneo de Sor Juana Inés de la Cruz y de Juan Ruíz de Alarcón.  Tenemos en el siglo XVIII a Antonio de Salazar, Joseph de Ydiaquez, Juan Manuel de Sumaya, sólo por mencionar algunos…  (Continuará)